Una empleada de Seguriber afirma que Flores ordenó que dejaran de controlar los accesos al Madrid Arena

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Imagen de archivo del promotor de la fiesta y principal acusado de la tragedia del Madrid Arena, Miguel Ángel Flores, a su llegada a la Audiencia Provincial de Madrid.
AGENCIAS La responsable de Seguriber en la requisa a la entrada del pabellón municipal del Madrid Arena en la macrofiesta del 1 de noviembre de 2012, Soleda Santos, ha asegurado este martes en el juicio que el promotor Miguel Ángel Flores se acercó a ella para decirle que no cachearan a la gente porque “tenía que pasar todo el mundo”.

Soledad Santos ha sido la última de los testigos en declarar, esta vez por videoconferencia, en la vista oral que se celebra estos días en la Audiencia Provincial de Madrid.

Según ha relatado, su labor, de 23.00 a 8.00 horas, consistía en cachear bolsos y realizar “registros superficiales”, según las indicaciones que les habían dado sus jefes Raúl Monterde y Juan José Paris Nalda.

La Fiscalía acusa a Francisco del Amo, coordinador de proyectos del departamento de operaciones de Madridec (Madrid Espacios y Congresos), de ordenar que las requisas se hicieran más livianas, si bien los jefes de Seguriber precisaron en la vista oral que esas órdenes las dio Del Amo, pero a petición de Flores.

A pesar de no recordar la hora, Santos ha señalado que primero se le acercó un portero para decirle que no realizaran requisas.

La trabajadora de Seguriber ha explicado que fue Flores quien se acercó directamente a ella para ordenarla que no se cacheara, pese a que él empresario no podía dar esas órdenes. “Se acercó Flores y me dijo que no cacheáramos, que tenia que pasar todo el mundo”, ha señalado la mujer.

Defiende que sí que hubo controles

En ese momento, ha explicado que llamó a uno de los dos responsable de Seguriber aquella noche, Juan Jose Paris Nalda, pero éste le ordenó que siguiera cacheando. “Del Amo dijo lo mismo pero si acaso que se hiciera algo más suave”, ha agregado.

“Lo comenté con mi compañero pero seguimos haciéndolo igual, la requisa o se hace o no se hace”, ha destacado la vigilante, que ha defendido que siempre se hizo igual toda la noche.

El testimonio de la vigilante Soledad Santos se ha contradicho con los relatos que han ofrecido los siete jóvenes que han testificado este martes en la Audiencia Provincial de Madrid.

Tanto ellos como el resto de heridos que los han hecho con anterioridad han dejado claro que entraron al pabellón sin que les registraran ni les reclamaran el DNI, pese a que muchos eran menores.

Pero también que los vigilantes que se encontraban en la requisa no revisaban los bolsos, que no hacían cacheos ni les quitaban las botellas de alcohol que, algunos, portaban en la mano a la vista de todos.

“No, ni de dos ni de uno y medio”, ha respondido Soledad, cuando la han preguntado si permitió la entrada de una joven con una garrafa de cinco litros en la mano, como ésta aseguró en el juicio.

Ha explicado que su misión era revisar los bolsos de las chicas, hacer cacheos superficiales y asegurarse de que no entraban botellas ni armas, y ha defendido su trabajo en todo momento pese a las peticiones que recibió del promotor.

Tuvo que prestar asistencias tras la avalancha

La testigo ha relatado cómo después de la avalancha mortal, un chico se acercó con una chica en brazos a la zona de la requisa acompañado de cuatro personas -ninguno de ellos personal médico o de Samur- y “la soltaron allí en el suelo”. Ella le tuve que prestar asistencia porque estaba en parada cardiorrespiratoria.

“Vi que la chica tenía una parada cardíaca y entonces me puse a hacerle masaje porque he trabajado con ambulancias”, ha aseverado.

“Pedí una UVI Móvil. Esta yo sola y mis compañeros me cubrían, entonces vino un chico que hizo un masaje pero en dos minutos desapareció hasta que ya vino Policía Municipal, una ambulancia normal y luego una UVI”, ha manifestado.

En su interrogatorio, ha explicado que su misión en la zona de la requisa era de la revisar los bolsos de las chicas, hacer cacheos superficiales y asegurarse de que no entraban botellas ni armas.

No obstante, todos los jóvenes que han testificado hasta ahora en el juicio han dejado claro que entraron al pabellón sin que les practicaran controles ni registros. Nadie les miró los bolsos ni fueron cacheados, ni se les reclamó el DNI. Y muchos de ellos entraron con botellas y hasta con garrafas de cinco litros en la mano.

Las puertas de la pista central estaban cerradas

Por otra parte, los jóvenes que resultaron heridos han subrayado que tuvieron que salir de la pista por el túnel donde se produjo la avalancha porque el resto de las puertas estaban cerradas y custodiadas por personal de Kontrol 34.

Es más, han dicho que en algunas de ellas los empleados de seguridad hacían señales para que los jóvenes se dirigieran a otras puertas. “Me hacían gestos para que no pasara por ahí”, ha apuntado Cristina Serrato, que se le cayó una barra de bar encima.

“Vi al menos 2 o tres cerradas, aunque había gente dentro del túnel con chalecos”, ha dicho, en alusión al personal de Kontrol 34. “Estaban ahí quietos, no hacían nada, no te ayudaban”, ha precisado.

Más concisa ha sido Sandra Regidor, quien al haber llegado temprano pudo ver cómo las puertas de la pista central estaban cerradas, algo que también ha corroborado Gracia Elvira.

“Íbamos todos como hormiguitas porque no había más salida, había unos empujones increíbles y además la seguridad empujaba por detrás”, ha explicado la testigo, que ha afirmado que permaneció atrapada 45 minutos en la avalancha. “Tenía el pecho hundido, no podía respirar”, ha dicho.

Para Laura Manzanares fue eterno. “Solo se me veía la nariz y un bracito, tenia gente encima y gente debajo”. “Había gente que de la desesperación te tiraba del pelo, te mordían porque estábamos aplastando a la gente que había debajo”, ha dicho Verónica Abad.


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