Un urbanita que camina por la ciudad

Carlos Morenilla Mairena.Carlos Morenilla Mairena.

Arquitecto.

Permítanme llamar “urbanita” al ciudadano acomodado a los usos y costumbres de la ciudad. El urbanita, pues, goza de ventajas numerosas. Desde la solución a sus necesidades más básicas hasta las más sofisticadas propuestas de ocio, la ciudad se las ofrece en un entorno próximo. Restaurantes, comercios, espacios culturales, eventos…, todo está muy a mano y el urbanita puede establecer combinaciones casi ilimitadas que le ayuden a conseguir que cada uno de sus días sea diferente y atractivo.

Pues, si algo caracteriza a las sociedades modernas es su diversidad. Cada vez hay más prototipos de ciudadanos diferentes, más tribus urbanas, más géneros, más formatos de pareja, de familia, de convivencia en general. El ser humano, que es fundamentalmente social, ha convertido a la ciudad en su elemento natural. En este cambio de hábitat debe vigilar no sólo su salud física sino también mental, pues el urbanita puede elegir entre vivir anónimamente, casi clandestinamente, o participar activamente en la vida social de su comunidad con plena libertad sin que existan patrones obligatorios de comportamiento.

Hoy, los núcleos urbanos ya concentran un porcentaje altísimo de la población mundial y en ellos se da un estilo de vida muy parecido. En España el 70% de sus habitantes viven en las grandes áreas urbanas. Debería exigirse, pues, un gran esfuerzo para el correcto diseño, la adecuada planificación y la responsable gestión urbanística de las ciudades para lograr que mejoren la calidad de vida de sus habitantes.

¿Es hoy saludable la vida en la ciudad? Debido al tráfico rodado hay una elevada contaminación, tanto de polución en el aire provocada por el CO2, como acústica por los ruidos y las vibraciones. Esta última altera nuestro comportamiento de una forma cada vez más evidente: elevamos el tono de voz al hablar, subimos el volumen de nuestros aparatos de sonido…, y así iniciamos un círculo vicioso creciente. España, en particular, tiene fama de ser un país ruidoso. ¿Se debe a nuestro gen “latino” o es tan sólo un “estilo de vida” urbano corregible? Porque el “estilo de vida” influye mucho en la salud y bienestar del urbanita.

Pero, de todos los nuevos hábitos urbanos, el sedentarismo es el más pernicioso para el ciudadano moderno. Ahora, hacer deporte para cuidarse es tendencia entre los urbanitas. Está de moda el “running”, lo que antes llamábamos correr. El deporte anticrisis, se ha llegado a decir. También se practica mucho más el ciclismo, tanto en la ciudad como en las carreteras adyacentes. Estas actividades me preocupan como arquitecto que sabe que el entorno urbano no fue diseñado para ello. El conflicto de convivencia empieza ya a manifestarse.

Y lo peor de todo, es que nos hemos olvidado de algo tan básico y natural en el ser humano como caminar. Desde antiguo sabemos que esto es la mejor medicina para el hombre. Las ciudades pueden llegar a ser entornos perfectos para caminar, porque las ciudades con muchos peatones son más interesantes y vivas.

Para el urbanita todo lo que necesita está lo suficientemente cerca para ir caminando y, sin embargo, el debate público “rueda” entre si ir en coche o en autobús, en coche o bici, en coche o en metro o, por último, en taxi o uber que es lo mismo que en coche o coche.

No es tan complicado. Reivindico el valor esencial de caminar. Pero para conseguirlo hay que rediseñar las ciudades para los peatones; con aceras amplias libres de obstáculos fijos o móviles; con los estacionamientos para vehículos fuera de las calles; con los cruces de las calzadas seguros; con semáforos que den prioridad a los peatones; con alamedas y jardines transitables; con áreas peatonales puras y con vías donde la velocidad de los vehículos sea muy reducida. Hace falta, en definitiva, desarrollar la cultura de respeto al peatón porque, realmente, todos somos peatones.

Caminar de forma pausada y distendida, solo o acompañado, sin temor a ser atropellado por un vehículo, es un derecho necesario y urgente. Llegados al punto de desarrollo urbano alcanzado, el placer de vivir pasa por desplazarse caminando agradablemente por tu ciudad.

Si los urbanitas caminaran más, se reduciría la contaminación de todo tipo, mejoraría la salud pública y se iniciaría un nuevo círculo virtuoso.

El urbanita ha elegido la ciudad para vivir y si caminar le permite observarla  durante su trayecto, descubrir todo lo que le ofrece, terminará amándola también. Encontrará en sus trayectos el tiempo necesario para pensar y relajarse, para hallar el rumbo con que mejorar su vida, y, además, con el ejercicio sosegado, recuperará la salud mental y física que el entorno urbano actual parece arrebatarle.

La vida saludable de un urbanita comienza por caminar.

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