Un imán asume el papel de director de un campo de desplazados en Irak

Valencia noticias| ACNUR/ E.Ou. Abu Seif empezó a gestionar el campo hace menos de tres meses. Como imán de la mezquita local, llevaba cuidando del mismo desde hace más de un año, cuando la violencia en la vecina gobernación de Anbar obligó a los civiles a huir sus casas.

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Las filas de tiendas de campaña en el campo de Hayya alJami’a se reflejan en las enormes gafas de sol de Abu Seif. Este hombre locuaz vestido con una larga disdasha (túnica) blanca que sostiene en sus manos una resistente radio bidireccional, maneja con soltura a la multitud de funcionarios locales, acólitos y residentes del campo que vienen a presentar quejas, pedir favores o sólo para tomar un té o fumar.Abu Seif se encuentra tan a sus anchas entre el caos, que pocos sospecharían que sólo lleva tres meses gestionando este campo para desplazados internos (IDPs, por sus siglas en inglés). Como imán de la mezquita local, llevaba cuidando del campo desde hace más de un año, cuando la violencia en la vecina gobernación de Anbar obligó a los civiles a abandonar sus casas y cientos de ellos fueron llegando poco a poco a su barrio en el distrito de Mansour occidental, en Bagdad.

Nos comenta que el campo de Hayya alJami’a se ha levantado hace poco.

“La gente estaba durmiendo en escuelas, en casas e incluso en jardines a la intemperie”, cuenta Abu Seif sobre uno de los primeros flujos de personas a principios de 2014, explicando cómo se había abandonado a la comunidad a su suerte.

En total, más de 300 familias han llegado Hayya alJami’a. En un principio, la mayoría se alojaban con parientes lejanos, pero otros se vieron obligados a refugiarse en edificios a medio construir o a dormir en el suelo de las aulas de los colegios.

Desde el momento en el que llegó la primera familia, Abu Seif se hizo cargo de la situación.

“A todos los nuevos que llegaron, les pedí todos sus datos”, dice sacando un pesado libro de contabilidad de detrás de su mesa. “Tenía un listado con todas las familias y llevaba la cuenta de quién las estaba ayudando, quién les estaba dando cada almuerzo y cada cena”.

Las comidas las preparaban y donaban las familias de vecinos del barrio de manera rotatoria, mientras los médicos locales ofrecían sus servicios gratuitamente y los empresarios adinerados traían suministros en camiones. La respuesta fue un tanto caótica, pero rápida y en su mayor parte, efectiva.

Sin embargo, con los enfrentamientos en Anbar sin un final a la vista, Abu Seif cuenta que la crisis humanitaria emergente pronto se hizo abrumadora. Un viernes por la tarde a mediados de abril, hizo una petición directa al gobierno iraquí.

“Les dije, que antes que nada, todos somos iraquíes”, señala Abu Seif al tiempo que alza su tono de voz y gesticula con las manos mientras recuerda su discurso. “Somos un pueblo, no debe haber diferencias entre los líderes y los civiles. ¡Nosotros os elegimos! ¡Ahora, tenéis que cumplir!”.

Al día siguiente, llegaron a la puerta de su mezquita tiendas de campaña y suministros. Abu Seif empezó a reírse, asombrado de lo rápida que había sido la respuesta. En pocos días, prácticamente las 300 familias se habían trasladado a las tiendas levantadas sobre un antiguo campo de fútbol.

La comida aún la obtienen mediante donaciones locales, pero el sistema es ahora más organizado: reciben guisos de pollo y montones de arroz a granel en grandes envases de plástico. ACNUR ha proporcionado a las familias del campo colchones, mantas, paquetes con productos de higiene y jarras de plástico para guardar el agua y el combustible.

“La historia del campo de Hayya alJami’a es un gran ejemplo de la solidaridad y generosidad que innumerables iraquíes han mostrado a sus compatriotas que se han visto obligados a huir del conflicto y la violencia”, declaró Bruno Geddo, el Representante de ACNUR en Irak.

“Pero esta actitud positiva podría cambiar si el desplazamiento se intensifica o se convierte en una situación de larga duración, y no se puede dar por sentado que se mantenga indefinidamente. Mediante el suministro de artículos domésticos, ACNUR intenta complementar los esfuerzos de las comunidades locales con el objeto de mejorar la autosuficiencia de los iraquíes desplazados internos y, en última instancia, garantizar la coexistencia pacífica entre los desplazados y las comunidades locales que los acogen”, añadió Geddo.

Ahmed, su mujer Hiyam y sus cuatro hijos son una de las familias que se alojaban en un edificio a medio construir antes de que se abriera el campo.

“No teníamos ventanas ni puertas, estábamos expuestos a todo”, explica Hiyam desde el interior de su tienda de campaña donde vive ahora con su familia. “La segunda planta del edificio estaba completamente llena de basura”, dice. “Sinceramente, esa era la parte más dura, vivir todos los días con ese olor”.

En el campo, la familia de Hiyam comparte una sola tienda de campaña y su marido Ahmed ya ha abierto una pequeña tienda donde vende bebidas y snacks. Dicen que, si bien siempre preferirían poder regresar a Fallujah, están agradecidos de contar ahora con un lugar más cómodo donde esperar a que termine el conflicto en el que se encuentra envuelta su ciudad natal.

La instalación y el funcionamiento diario del campo es un compromiso personal del imán local. El campo de AlJami’a no sólo se encuentra en el barrio de Abu Seif, sino también en su misma calle.

Justo encima de las tiendas de campañas que se agrupan en la esquina noroeste del campo, está la casa de Abu Seif y, junto al borde adyacente del campo, se encuentra su mezquita.

“Siempre puedo ver el campo, incluso cuando estoy en casa”, cuenta un sonriente Abu Seif, señalando al balcón de la fachada de su casa, que se divisa entre dos filas de tiendas de campaña desde el campo. “Nunca estoy lejos”.

Por Susannah George, en Irak.


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