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Sueño con un mar de manos blancas

Sonia Mollá Nebot, Presidenta de la Asociación “Forum Vía Augusta”Sonia Mollá Nebot, Presidenta de la Asociación “Forum Vía Augusta

 

Hace unos años, el día 12 de julio se cumplirán 20, España se rebeló con manos blancas -palmas pintadas de color blanco- contra la barbarie de ETA. El último de sus asesinatos anunciados: un joven maniatado y de rodillas, al que descerrajaron dos balazos en la nuca. Su culpa, no pensar como ellos. La vileza, crueldad y falta de sentido de tanta sangre inocente derramada, reunió, tras el anuncio de la ejecución, a quienes mantenían diferencias de todo tipo pero en común un rechazo a la inhumanidad, con un enorme grito de “ya basta” ante el opresor.

A pesar de que aquello supuso una enorme sacudida, no recuerdo que hayamos respirado con alivio de quien ha abierto la puerta definitivamente a la libertad y respira a pleno pulmón. La intolerancia se ha abierto camino de otras formas ni siquiera sutiles; por el contrario, salvajemente crueles. Ayer me contaba un conocido tras una celebración familiar, lo mal que se lleva en su trabajo de periodista que alguien critique excesivamente los asesinatos de Manchester, por aquello de la islamofobia. Y no puedo dejar de pensar en cuantas mordazas nos ponen los cómplices de la opresión para que no levantemos la voz demasiado. No hay un solo hombre sensato que no rechace en su interior la inhumanidad, y no hay un solo hombre libre que no quiera la libertad para los demás: “poder no pensar como otros”, “tener y profesar la propia religión”. Lo cual lleva a la consecuencia de que  quien no quiere la libertad para los demás, es normalmente esclavo de una ideología.

Hace apenas una semana del asesinato de 29 coptos en El Cairo, niños (demasiados niños, una de las más pequeñas tenía año y medio) y adultos, con un modo de ejecución similar, uno a uno un tiro en la nuca aunque resultó más expeditivo una repetidora. Su culpa: “no renegar de su propia fe”. Estos 29 se suman a la inmensa lista de asesinatos, ríos de sangre de cristianos, que apenas ha inmutado a la prensa en el mundo. Otra vez los opresores con su odio conminan a quienes carecen de armas. Otra vez la sin razón. Otra vez, la vileza, crueldad y falta de sentido… pero otra vez también la complicidad del silencio. Las escuetas noticias relatan como algo en la distancia, impersonal y casi sumido en el concepto de baja civil en guerra, lo que es un genocidio de proporciones escandalosas. Que no  escandalicen a los propios periodistas hasta el punto de crear opinión es ya preocupante, que los medios de comunicación lo presenten como el relleno en un sandwich de noticias, también. Pero lo más alarmante es que la clase política  -cuyo única misión es pensar en “la cosa pública”-, de sueldos enormes e ideas cortas aunque inútiles, siga en el hemiciclo municipal y nacional, preocupada con aleccionarnos con sus ideologías (que si aprobamos el autobús gratis para los transexuales, que si pintamos con la bandera lgtbi algunos bancos de los parques, que si hacemos una moción de censura que vale una pastizal en dietas, aunque no sirva para nada porque está perdida de antemano). ¿Hasta cuándo este lastre? ¿Hasta cuando esta política caprichosa?

Me pregunto qué hace que aunemos la voz contra el mal por encima de las diferencias. ¿Es una cuestión de cantidad? ¿Es cuestión de oportunidad? Qué nos produce hartazgo y nos rebela; qué hace que levantemos las manos y salgamos a pedir justicia a quienes “no nos representan”, porque más que buscar soluciones crean los conflictos minúsculos de los que quieren que nos preocupemos, mientras la verdadera historia sigue su curso. Ante esta apatía política:

Sueño con un mar de manos blancas: “palmas pintadas de blanco”, que se rebele por encima de las diferencias contra quienes nos quitan la libertad, y la vida de tantos.

 

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