¿Son los padres los Reyes Magos?

¿Son los papás los Reyes Magos?, cuento de Navidad, dibujos infantiles. Los Reyes Magos son de verdad. (cuento para padres e hijos) Cómo explicarle a tu hijo quiénes son los Reyes Magos

La idea es transmitirle con ternura la verdad sobre los Reyes Magos para que ésta les enriquezca, ya que el vacío que produce descubrir la verdad se llenará con la sensación se sentirse mayor, merecedor de entender y guardar un secreto importante, exclusivo de las personas mayores.

En algunos niños es inevitable sentirse sorprendido y algo decepcionado pero saber que sus padres se convierten una vez al año en Reyes Magos por su amor por él, por sentirse orgullosos de él, independientemente de su comportamiento, dará paso a otra sensación, esta vez de satisfacción.

Cuento infantil

¿Son los papas los reyes Magos? Esta es la pregunta que le hice el otro día a mis padres. Y es que resulta que la amiga de mi amiga, le había contado a su amiga, que le había dicho la profesora, que no sabemos si es verdad que se lo dijo, pero dice mi amiga que sí. Que resulta que  los Reyes Magos son los papas y que ellos traen los regalos.

Así que me fui y le conté a mi abuela y a mis padres lo que  la amiga de mi amiga, le había contado a su amiga, que le había dicho la profesora, que no sabemos si es verdad que se lo dijo, pero dice mi amiga que sí. Que resulta que  los Reyes Magos  son los papas y que ellos traen  los regales.

La verdad es que al principio mi papa se quedó un poco atontado con la pregunta ,por que no entendía por qué, lo que  la amiga de mi amiga, le había contado a su amiga, que le había dicho la profesora, que no sabemos si es verdad que se lo dijo, pero dice mi amiga que sí. Que resulta que  los Reyes Magos son los papas y que ellos traen los regales.

– Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad? ¡Me habéis engañado!

— No, mira, (contestó mi padre) nunca te hemos engañado, ¿Y tú qué crees, hija?

– Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.

– Mira, hija,¿ tu crees que Jesús existe? o ¿que Dios está en el cielo?

– Yo creo que si papá

– ¿Pero a que nunca los has visto?

– No papá

– Pero estoy convencido que los sientes y sientes que existen de verdad.

– Sí papá.

-. Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar

Me  senté entre mis padres ansiosa de escuchar lo que me quería contar y en ese momento mi papá se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarlo. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:

 – ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.

– ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.

Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó: – Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito…

Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:

 – Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños? – ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas.

Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos.

– No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.

– ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración-.

 – Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.

 – Sí, claro, eso es fundamental – asintieron los tres Reyes.

 – Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?

– Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres-. – Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?

Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:

– Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, Yo ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos.

Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño.

 Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

– Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.


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