Reino Unido convocará un referendum para decidir la marcha de Europa Claves del ‘Brexit’

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El primer ministro británico David Cameron es recibido en Bruselas por Jean Claude Juncker REUTERS

Agencias El gobierno de Reino Unido está considerando la posibilidad de permanecer en la Unión Europea, organización a la que pertenece desde 1973, o, por el contrario, abandonarla, un mecanismo conocido en los medios como ‘Brexit’. Como parte del proceso, el primer ministro británico David Cameron va a convocar un referendum para consultar a sus compatriotas.

Pero antes de eso, esta semana, Cameron ha aterrizado a Bruselas para tantear el terreno y cerrar posibles acuerdos que entorpezcan o faciliten la permanencia de su país en la UE. La fecha decisiva será la cumbre del jueves 18 de febrero.

Quién quiere que Reino Unido salga de la UE

Las elecciones de 2014 en Reino Unido pusieron dos diputados del partido antieuropeista UKIP en el Parlamento. Esta formación ultranacionalista y xenófoba defiende la salida de la Unión y el control de la inmigración, sobre todo en un aspecto que ha sensibilizado largo tiempo a las instituciones británicas: el disfrute indiscriminado de las ayudas sociales por parte de una oleada de migrantes europeos, libres para circular, lo que restaría esos recursos a los nacionales.

Los votos de UKIP reflejan un estado de opinión, y entre las promesas electorales que llevaron a Cameron a la victoria estuvo la convocatoria de un referendum para decidir la permanencia de Londres en la UE. Como muestra, este miércoles representantes del sector agropecuario británico, han expresado sus dudas. Fieles a la integración y beneficiarios de las ayudas europeas desde 1975, ahora no tienen claro si sus posibilidades de negocio mejorarían fuera de ese mercado común.

La “pérfida Albión”, apelativo con el que la literatura clásica se ha referido a la nación británica, siempre ha sido una isla celosa de su autonomía de gobierno. Ya en el siglo XVII, sus gentes lideraron las primeras revoluciones liberales, y cuando el euro se hizo moneda común en la Unión, Londres mantuvo su libra vigente.

Qué pide Cameron para permanecer en la UE

El pasado noviembre, David Cameron, trasladó las exigencias de reformas en la relación entre Reino Unido y la Unión Europea que replantearían la permanencia y la apoyarían en el referendum, alejando el ‘brexit’. El primer ministro definió “cuatro áreas”: la gobernanza económica, la competitividad, la soberanía y los beneficios sociales y la libre circulación.

Londres quiere diferenciar claramente entre la pertenencia a la UE y la pertenencia a la zona euro, a la que el Reino Unido no pertenece; que Londres quede eximido de una mayor integración europea. Otro dato es que se restrinja el acceso de los comunitarios a las ayudas estatales (exigencias relacionadas con el control de la migración ‘intraeuropea’)

Qué ofrece la UE: la propuesta de Tusk

Tusk propone para ello un “mecanismo” que dé las garantías necesarias a los países que no pertenecen al área de la moneda única, pero que no puede servir para vetar o retrasar decisiones urgentes, ni medidas que puedan poner en “riesgo la consecución de los objetivos” de la eurozona.

La propuesta de Tusk aclara además que las medidas de emergencia y de crisis para salvaguardar la estabilidad financiera de la eurozona no supondrán ninguna “responsabilidad presupuestaria” para los países que no tienen el euro o no participan en la Unión Bancaria, y si el presupuesto de la UE apoya los costes, se garantizará el “pleno reembolso”. Se comtempla además rebajar la carga administrativa y costes de cumplimiento para las empresas,

La UE reconoce que el Reino Unido no “esta comprometido con una mayor integración política dentro de la Unión”, y subraya que el principio de la subsidiariedad -que Bruselas intervenga cuando sea necesario y deje espacio en lo posible a los Estados miembros para actuar- se debe aplicar “lo más cerca posible del ciudadano” comunitario.

Se ofrece también un “freno de emergencia” para limitar el acceso de los trabajadores comunitarios. Las restricciones no serán retroactivas y solo se aplicarán por un máximo de cuatro años a trabajadores que “entran nuevos” en el mercado laboral, pero no está decidido aún durante cuánto tiempo el país podrá seguir aplicando el mecanismo para los trabajadores que vayan llegando, ni si será prolongable y por cuántos años.

En el caso de los países del Este, especialmente afectados, éstos quieren dejar claro que el Reino Unido no puede servir de precedente para otros Estados miembros.

El marco legal

El protocolo legal que regula la salida de cualquier miembro de la Unión Europea está recogido en el artículo 50 del Tratado de Lisboa (revisión de 2009). Hasta ahora nunca ha sido activado, y el único precedente es la salida de Groenlandia en 1985, antes de la firma del Tratado en 2007. Las negociaciones durante la segregación serán dirigidas por el Consejo Europeo, actualmente presidido por el polaco Donald Tusk, y la Comisión Europea, presidida por Jean Claude Juncker.

El miembro saliente, Reino Unido en este caso, no tendrá voto en las decisiones que el resto de miembros tomen respecto al acuerdo final. Por la parte de la Unión, el documento final estará respaldado por una mayoría cualificada de los líderes europeos, así como del Parlamento Europeo. Dependiendo de los términos, podría incluso necesitarse la ratificación por parte de los parlamentos nacionales de los 27 estados miembro restantes.

Los cambios que se introducirán para encajar las reformas de la UE que exige el Reino Unido, se harán “legalmente vinculantes”, mediante legislación secundaria, pero también, de momento, con dos menciones a posibles futuros cambios del Tratado.

Las dificultades

Que los pactos alcanzados sean legalmente vinculantes es problemático para países como Alemania y Bélgica, que no pueden decidir sobre futuribles sin la autorización de sus Parlamentos, pero también para Irlanda, que celebra elecciones el día 26, y además los cambios requieren codecisión de la Eurocámara.

Por otro lado, las “ventajas” que logre Londres deberán ser definidas muy bien jurídicamente para evitar una oleada de oportunismos de terceros países que dinamite el equilibrio de la Unión con exigencias “legalizables”.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha afirmado este miércoles: “Después de mis consultas en las últimas horas, tengo que decir francamente: No hay aún ninguna garantía de que alcanzaremos un acuerdo”.  Pero no hay que olvidar que David Cameron, “necesita” un pacto en esta cumbre si quiere convocar un referéndum antes del verano.

Francia y otros países quieren asegurarse también de que el “mecanismo” de garantías que se ofrece a Londres y a los países de fuera la eurozona, no pueda permitirles bloquear o retrasar decisiones urgentes.

Por otro lado, los principales actores de esta tormenta han expresado su disposición a agilizar el trámite legal necesario para dar cuerpo jurídico a los acuerdos que se alcancen.

Las consecuencias del ‘Brexit’

“La salida de Gran Bretaña significaría una conmoción con consecuencias difíciles de imaginar para Europa”, ha declarado este miércoles el primer ministro de Francia, Manuel Valls durante la sesión de control al Gobierno francés en la Asamblea Nacional.

Un actor tan importante como Reino Unido, con peso en la economía y comercio, con influencia sociopolítica, diplomática, cultural, dejaría un hueco difícil de compensar en la UE. Reformular en términos más difíciles las demandas respectivas de consumo, tendría un impacto negativo en las economías de la UE y británica. Una separación también podría incidir en una pérdida de confianza respecto a la inversión foránea.

La distancia entre ambas partes las haría prescindir del respaldo diplomático que la suma ahora les asegura. Tampoco están muy claros cuáles serían los efectos de un reajuste de las políticas comerciales y el tránsito de personas, ahora que Europa afronta una monumental crisis de refugiados.


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