Regreso al futuro: sobre digitalización en la BNE

¿Qué son ocho años? Acudamos al tópico sobre la relatividad del tiempo: ocho años en la historia de una institución de más de 300 son una anécdota. En parámetros de Era Digital: la Eternidad.

En 2008 comenzó el proyecto de digitalización sistemática en la Biblioteca. Ocho años y más de 30 millones de páginas digitalizadas después, cuesta imaginar muchas de las actividades de difusión cultural, de investigación, cooperación o preservación sin el soporte digital. Y cada día encontramos nuevas posibilidades, espacios y contextos de comunicación, en los que situar el patrimonio de la BNE nos parece relevante y una forma de devolver a la sociedad el valor de lo preservado durante siglos.

Seguir estos nuevos ritmos a lo largo de los años “y no morir en el intento” supone, además de un desarrollo continuo de habilidades técnicas y roles profesionales, enormes dosis de visión estratégica, proyección a largo plazo y a gran escala, y también una buena proporción de pragmatismo. Porque es fácil ahogarse en la marea de disyuntivas en la sincronía acelerada de estos tiempos.

La digitalización en la BNE ha tenido y tiene muchísimas derivaciones, a veces ni remotamente sospechadas desde el exterior.

Partamos de que en sus comienzos la Biblioteca adquirió el compromiso de digitalizar 20 millones de páginas en cinco años, pero que aquello trajo muchos cambios importantes en numerosos procesos de la BNE. Requirió nuevas infraestructuras y un trabajo conjunto y transversal entre casi todos los departamentos de la institución, desde salas y referencia, hasta catalogación o preservación… coordinado desde un área recién creada: la de Biblioteca Digital.

Sigamos con que una vez digitalizados decenas de miles de documentos, empezamos a plantearnos cómo permitir el acceso y difundir lo digitalizado. Responder a preguntas como qué es una biblioteca digital, qué herramientas debe ofrecer, cómo ayudar a sus usuarios a localizar y utilizar nuestros recursos…  precedieron a otras nuevas sobre los medios, plataformas, canales sociales o redes cooperativas en los que la presencia digital de colecciones de la BNE podía contribuir al conocimiento de su valor social, histórico y cultural. Y todo ello condujo a nuevas funciones y tareas técnicas, de desarrollo, de trabajo intenso con metadatos y gestión de lo digitalizado, de difusión patrimonial en contextos digitales, de evaluación web…

Porque esas preguntas, que en realidad no dejamos de replantearnos nunca, eran sólo el principio. Pongamos por ejemplo las cuestiones que han marcado nuestra actividad a lo largo de los primeros ochos meses de 2016:

– La preservación digital a largo plazo es ya parte esencial del proceso de digitalización y  se traduce en procesos delicados e importantes pero apenas visibles. Definición de metadatos, tareas de validación y evaluación de procesos con vistas a la preservación digital (además de  coordinación de volcados, almacenamiento etc.) son ya parte sustancial de nuestras funciones. El convenio firmado con Red.es hace posible el mantenimiento de esta labor esencial pero extraordinariamente compleja.

– La difusión de las colecciones digitales de la BNE exige una labor intensa de preparación de recursos para las distintas redes de comunicación, atención a las tendencias de comunicación y acceso digital, coordinación con los gestores de las distintas colecciones y compañeros del Servicio de Web, Intranet y Medios Sociales. Planificación diaria que además va obligatoriamente acompañada de evaluación diaria, como retroalimentación necesaria para tomar decisiones sobre cómo se difunden y utilizan las colecciones y las herramientas de acceso, y qué relevancia adquiere el patrimonio de la BNE en los (nuevos) contextos digitales en los que lo hacemos presente.

– La Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano  continúa creciendo y afianzando su representatividad.

– La reutilización de sus colecciones y de sus datos no es nada nuevo para la BNE, pero la digitalización y la tecnología multiplican las posibilidades por infinito. El convenio firmado en marzo de este año, también con Red.es, para el impulso de la reutilización de los contenidos y colecciones digitales de la BNE y el fomento de la innovación tecnológica, trae nuevos retos y actividades a nuestra área de trabajo.

Durante estos ocho meses hemos articulado un proyecto de reutilización que crea nuevos productos digitales, ofrece herramientas para que otros creen los suyos propios, y fomenta la innovación tecnológica a partir de contenidos culturales. Los resultados se empezarán a ver pronto,  y en ello seguiremos trabajando en los próximos meses y años, como una de las expresiones de la función social y de difusión cultural de la BNE.

– Y por supuesto continúa la digitalización de nuevas colecciones. De acuerdo a las líneas estratégicasactuales, hay ya más de 2.200 documentos de la colección cervantina digitalizados; gran parte de la colección de rollos de pianola está ya disponible gracias a un proyecto pionero con la UAB;  se han digitalizado este año más  de 14.000 nuevas páginas de manuscritos; están ya accesibles cientos de monografías modernas deautores recientemente pasados a dominio público (fallecidos entre 1920 y 1935) y preparada la digitalización y puesta a disposición pública de la obra de numerosos e importantísimos autores fallecidos en 1936, digitalización que se pondrá en marcha en otoño de manera sistemática.

Además, también a finales de año comenzará la digitalización de materiales audiovisuales, cuya vulnerabilidad hace prioritaria y urgente su preservación digital.  La experiencia arrancará con un proyecto piloto en torno a una selección de cintas Beta. Tras él se continuará con el resto de la colección en un proyecto ambicioso que abarque el resto de soportes susceptibles en riesgo de pérdida, dada la fragilidad de este material.

En definitiva, son muchas las derivaciones de los procesos de digitalización y difusión digital en la BNE, y enormes los retos y oportunidades que surgen en el camino.  Pero en realidad la clave sigue siendo la misma: cómo devolver el patrimonio de la BNE a la sociedad y hacerlo relevante en los distintos contextos de comunicación social y acceso a la cultura. Cómo evidenciar su valor para la investigación, la creación de conocimiento, el aprendizaje, la innovación…

Las preguntas no dejan de ser las mismas aunque cambien los cómos.

Le decía Emmett “Doc” Brown a Marty en Regreso al futuro – y así volvemos al principio: “¿Carreteras? A donde vamos no necesitamos carreteras.”

Quién sabe qué necesitaremos en el futuro ni cómo será éste. Pero sea como sea, la Biblioteca Nacional de España y su valor inmenso para la sociedad seguirán aquí. Allí.

Elena Sánchez Nogales Jefa de Servicio de Biblioteca Digital en Biblioteca Nacional de España.

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