El power dressing inspira a que la moda amplifique y potencie el talento de la mujer en su rol social, no que lo reemplace (Shutterstock)

Unas décadas atrás, en Estados Unidos, nació una nueva noción de la moda: elpower dressing. Esta expresión se utilizó para describir un estilo de vestir que les permitió a las mujeres ratificar su autoridad en el ámbito profesional a través del vestuario. En ese momento de surgimiento, el power dressing denotaba una forma de vestir conservadora y tradicional -hasta masculina- muy influenciada por el clásico traje sastre instaurado por Chanel en los años 20.

El concepto evolucionó a través de los años para destacar hoy no sólo a la figura femenina en todo su esplendor, sino también para darle a la moda un rol amplificador de ese poder natural y genuino que logró la mujer. Y no que sea la moda solamente la que legitime ese poder natural. 

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Lo cierto es que la ropa es una parte esencial de la identidad de la mujer, y el atuendo que se elije para el día ejerce influencia en la forma en la que interactúa con el mundo a su alrededor. Así lo confirmó un estudio de Kellogg School of Management de la Northwestern University, en Illinois, Estados Unidos, y publicado en The Journal of Experimental Social Psychology. En esta investigación se comprobó que la indumentaria que la persona luce tiene una notable influencia en sus procesos psicológicos, debido a dos factores: el significado simbólico de las prendas y la experiencia física de llevarlas puestas.

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