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Personales extraños de la obra Jardín de flores curiosas

Triptolemus and Lyncus. Engraving by Virgil Solis for Ovid's Metamorphoses Book V, 642-661. Fol. 70r, image 8.

Triptolemus and Lyncus. Engraving by Virgil Solis for Ovid’s Metamorphoses Book V, 642-661. Fol. 70r, image 8.

 TRATADO SEXTO

Gigantes

Muy grandes estaturas, bien proporcionados y hermosos de rostros, y entre ellos hay muchos gigantes de demasiada grandeza, y cuanto más entraren en la tierra adentro dicen que se hallarán mayores. De éstos hacen mención Saxo Gramático y Olao Magno, y principalmente de uno que se llamó Arteno, y otro, Estarchatero; y de Angrimo y Arvedoro.a los cuales hacen tan grandes y de tan gran pujanza de fuerzas, que llevar un buey o un caballo en el hombro no lo estimaban en nada, aunque fuesen camino muy largo, y también hay mujeres de las mesmas fuerzas

Antecristo

Vos tenéis razón; y cierto, en esta tierra parece que el Demonio está más suelto y tiene mayor libertad que en otras partes; y así, quieren decir algunos que es la principal habitación de los demonios, conforme a la autoridad de la Sagrada Escriptura que dice:

«De la parte de Aquilón ha de salir y descubrirse todo el mal»; y también dice Zacarías, en el capítulo segundo: «¡Oh, oh, oh! ¡Huid de la tierra de Aquilón!».

Aunque estas auctoridades comúnmente se entienden porque de aquellas partes ha de venir el Antecristo, que tan mortal enemigo ha de ser de todos.

LUIS: ¿No se os acuerda de lo de Esaías, en el capítulo catorce, donde dice, hablando con Lucifer: «Tú eras el que decías en tu corazón: subiré en el cielo y pondré mi silla sobre las estrellas y sentarme he en el monte del Testamento, en los lados y escondrijos del viento cierzo o aquilón»?

Hechiceros , nigrománticos, brujas

Todos los de las provincias de Biarmia, Scrifinia y Finmarquia y otras que están junto a ellas, según la fama común ejercitan esta arte de nigromancia, principalmente los de Filandia y Laponia, de los cuales dice un autor que parecía haber tenido a Zoroastes por maestro, y que éstos, a los negociantes que venían por la mar a sus riberas, cuando tenían vientos contrarios se los solían vender prósperos por dineros y mercaderías; porque hacían tres nudos en una cuerda, y cuando desataban el uno corría el viento que querían;

Y también, cuando alguno quería saber alguna cosa de otras partes o naciones muy remotas, había entre estas gentes hombres que, siendo pagados, se encerraban en una cámara llevando a su mujer consigo, otra persona de quien se fiasen, y en una yunque que tenían comenzaban a dar con un martillo en una rana o serpiente o otra figura de metal, y diciendo ciertos versos y haciendo ciertos signos se caían en tierra como muertos, y la compañía que tenían guardaban y procuraban que estando así no les tocase mosca ni otro animal ninguno, y cuando tornaban a volver en sí daban señas de todo aquello que de aquella tierra o casa adonde iban les era preguntado, de manera que siempre lo hallaban ser verdad Y esto usaban públicamente hasta que recibieron la fee cristiana; que después si lo hacen es con mucho secreto y miedo del castigo que se les da por ello

Enrico, rey de Suecia, casi en nuestros tiempos, el cual tenía tan subjectos a los demonios, que entre otras muchas cosas que hacía, cuando quería que el aire se mudase no tenía necesidad sino quitar el bonete de la cabeza, y de la parte que con él señalaba se volvía luego; y por esta causa, de la gente común no era llamado por otro nombre sino Bonete ventoso

De una mujer llamada Agaberta, hija de un gigante que se decía Vagnosto, que habitaba en las tierras más septentrionales, dicen todos los que della hablan, que era tanta la fuerza de sus encantamientos que pocas veces era vista en su propria figura, sino que algunas parecía una vieja muy arrugada y muy pequeña, que no se podía mover; y otras, muy amarilla y enferma; y a veces tan grande que parecía llegar con la cabeza a las nubes; y que, así, se mudaba en todas las formas que quería, con tanta facilidad como los autores fabulosos escriben de Urganda la Desconocida. Y según las cosas que hacía, era opinión entre las gentes que podía en un istante escurecer el Sol y la Luna y estrellas, allanar las sierras, trastornar los montes, arrancar los árboles, secar los ríos y hacer otras cosas semejantes, tan fácilmente que parecía tener atados y aparejados todos los demonios a su mandado.

De una mujer llamada Agaberta, hija de un gigante que se decía Vagnosto, que habitaba en las tierras más septentrionales, dicen todos los que della hablan, que era tanta la fuerza de sus encantamientos que pocas veces era vista en su propria figura, sino que algunas parecía una vieja muy arrugada y muy pequeña, que no se podía mover; y otras, muy amarilla y enferma; y a veces tan grande que parecía llegar con la cabeza a las nubes; y que, así, se mudaba en todas las formas que quería, con tanta facilidad como los autores fabulosos escriben de Urganda la Desconocida. Y según las cosas que hacía, era opinión entre las gentes que podía en un istante escurecer el Sol y la Luna y estrellas, allanar las sierras, trastornar los montes, arrancar los árboles, secar los ríos y hacer otras cosas semejantes, tan fácilmente que parecía tener atados y aparejados todos los demonios a su mandado.

De otra, llamada Graca Novergiana, se decía lo mesmo. Y Froto, rey potentísimo de Gocia y Suecia, murió a la ribera del mar, andándose paseando, herido de los cuernos de una vaca, la cual se averiguó verdaderamente ser una hechicera convertida en ella; la cual, por cierto agravio que pretendía haber recebido dél, se quiso vengar de aquella manera.

De otro, que se llamaba Hollero, se escribe que, según las cosas que hacía, era entre los de la tierra tenido por hombre más que mortal, y casi le honraban como a dios; pero al fin se desengañaron, porque unos enemigos suyos le cortaron la cabeza y le hicieron pedazos; que el Demonio, que les ayuda en sus malas obras, les desampara al tiempo de la necesidad. Othino, que era tenido por el mayor de todos los nigrománticos, trajo a Hadingo, rey de Dania, a su reino, de donde estaba desterrado en tierras muy apartadas y remotas, y ambos vinieron en un caballo caminando sobre las aguas de la mar, y dio orden cómo fuese restituido y recibido de los suyos; y en una batalla que tuvo con Haquino, granizo una nube, el cual daba con tan gran fuerza en los rostros de los enemigos, que fácilmente fueron desbaratados y huyeron. Y no hay para qué gastar el tiempo en decir más de esta gente, discípulos de los demonios y que tan familiarmente habitan entre ellos y tratan con ellos, y adonde cada día se veen visiones y fantasmas que engañan a los caminantes apareciéndoles en forma de algunos amigos y conocidos, desapareciendo al mejor tiempo, de manera que parece tener el Demonio en estas tierras septentrionales mayor dominio y soltura que en otras ningunas.

hombres lobo

Y lo que ayer tratamos de aquella opinión antigua que en esta tierra los hombres que llaman neuros, por ser una provincia que se llamaba deste nombre, se convertían cierto tiempo del año en lobos, si algún fundamento de verdad pudo tener es por lo que todos los autores modernos afirman: que como en estas provincias haya tantos encantadores y hechiceros, tienen sus tiempos determinados en que se juntan y hacen sus congregaciones, y para esto todos toman las figuras de lobos. Y, aunque no declaran la causa por que lo hacen, de creer es que tienen algún concierto o pacto con el Demonio que en algunos días señalados le den obediencia en esta figura, como los brujos y brujas hacen, y que de allí llevan, como de tan buen maestro, aprendidas las cosas que les aprovechan para su nigromancia. Y en los días que esta diabólica gente se trasfigura, son tantos los daños y excesos que hacen, que los lobos verdaderos son mansos en comparación dellos. Y comoquiera que sea, no hay que dubdar de que hagan esta trasfiguración. Y aunque para la averiguación de esto os podría traer algunos ejemplos de cosas que han acaecido, uno solo os diré; y es que no ha mucho tiempo que un emperador de Rusia, haciendo prender a uno que tenía fama ser de los que se transfiguraban, lo hizo traer ante sí metido en una cadena, y, preguntándole si era verdad que podía mudar su figura en lobo, él dijo que sí, y el Duque, o Emperador, le mandó que lo hiciese luego, y metiéndose en una cámara, donde estuvo poco espacio, salió hecho lobo y todavía preso con su cadena. El Emperador, de industria, había hecho traer entre tanto dos mastines muy bravos, los cuales cuando le vieron, teniéndole por verdadero lobo, arremetieron con él y muy cruelmente le hicieron pedazos, sin que el desventurado pudiese valerse ni defenderse.

ANTONIO: Esforzadamente y con buena cautela libraron esos mancebos su patria, y muy gran trabajo es el que se tiene en muchas partes con bestias fieras. Y agora en el tiempo en que estamos se dice una cosa muy graciosa; y es que en el reino de Galicia se halló un hombre el cual andaba por los montes ascondido, y de allí se salía a los caminos cubierto de un pellejo de lobo, y si hallaba algunos mozos pequeños desmandados, matábalos y hartábase de comer en ellos; y era tanto el daño que hacía, que los de la tierra procuraron quitar aquella bestia del mundo. Y prendiéronle, y viendo que era hombre le pusieron en una cárcel y le atormentaron, y todo lo que decía parecían disparates. Hartábase de carne cruda, y, en fin, murió antes que se hiciese justicia dél.

También dicen que andan agora otros animales muy dañosos que han muerto muchas gentes, y algunos piensan que no sean animales, sino hombres hechiceros que se muestran en aquellas figuras para usar de lo que el pasado usaba. Y en fin, de cualquiera manera que sea, es grandísimo y temeroso el daño que de estos animales se recibe

pescados y monstruos marinos

ANTONIO: (pescados y monstruos marinos)Dejemos los animales y vengamos a decir lo que hay en los pescados, que, cierto, son monstruosidades muy grandes y muy notables, sin haber sido vistas ni oídas en esta tierra. Y aunque todos sabemos que en la mar se crían tantas diferencias y géneros dellos como en la tierra de animales y en el aire de aves, hay algunos particulares y no pocos maravillosos que será bien que se entiendan, pues los autores y historiadores que he dicho hacen particular relación dellos. Entre los cuales cuentan de uno que no le ponen otro nombre sino monstruo, por el horrible y temeroso parecer que tiene: su largura comúnmente es de cincuenta cobdos, y estímase por muy pequeña conforme a la grandeza de sus miembros y faciones; la cabeza es cuadrada, y tan grande como la mitad de su cuerpo, y toda ella está al derredor llena de unos cuernos tan grandes o mayores que acá los de bueyes. Los ojos, a quien no los ha visto parecerá cosa increíble, porque, medida sola la niñeta, tiene un cobdo muy grande en ancho y largo, y cuando se vee de noche relucen de manera que de lejos parece alguna llama de fuego. Los dientes son muy grandes y agudos. La cola tiene hendida por el medio, y hay de una punta a otra quince cobdos; el cuerpo está lleno de unos pelos que parecen plumas de las alas de un pato, peladas; la color es negra como azabache. La ferocidad suya es tan grande, que con muy gran facilidad echa a fondo una nao sin que sea parte para resistirlo la gente que lleva, aunque sea mucha, y así, corren muy gran peligro los que topan con esta bestia disforme, cuando no se saben dar buena maña a huir della. Y un arzobispo de Nidrosia,llamado Enrico Falchendor, Primado del reino de Noruega, escribió una carta al Papa León Décimo, enviándole una cabeza de este monstruo, que en Roma se tuvo por una gran maravilla.

(bestia llamada físiter El cachalote (Physeter macrocephalus))Hay otra bestia llamada físiter,no menos horrible y temerosa para los navegantes; y tiene doscientos cobdos en largo; la cabeza, grandísima, y asimesmo la boca. Su cola está abierta por medio, y hay de punta a punta cien pies. Su vientre es muy ancho; carece de narices, y en lugar dellas tiene dos agujeros altos y abiertos más arriba de la frente; y cuando vee algún navío hinche muchas veces la boca de agua, que hace mayor cantidad que una grandísima cuba, y arrójala por aquellos agujeros con tan grandísima furia sobre los marineros y con tanta fuerza, que los desatina, hasta que la nao se hinche de agua y se anega. Y cuando esto no basta, ya que los siente fatigados y con algún desatino, llégase a la nao y, echando la mitad de su cuerpo sobre ella, la hunde y mete debajo de la agua; y lo mesmo hace con la cola, que de un vaivén la quiebra y hace pedazos. Y sería grandísimo el daño que estos disformes animales harían, si Dios no fuera servido de que se hallara remedio contra ellas, porque huyen del son de las trompetas, y también de los truenos de los tiros de artillería; y los navegantes cuando las sienten, se aperciben con tiempo.

De estos físiteres se halló uno camino de la India, cerca del Cabo de Buena Esperanza, con el cual acaeció un caso notable; y fue de esta manera: que un galeón, en que iba por capitán Rui Vaz Pereira, llevando metidas todas sus velas y con harto viento, súbitamente estuvo quedo, de manera que todos le tuvieron por encallado, teniéndose por perdidos; y andando haciendo sus diligencias hallaron que el galeón nadaba, y que lo que le detenía era un físiter que estaba pegado al galeón y lo tenía todo rodeado por abajo, echando fuera unas alas que llegaban hasta la primera cubierta, y muchos pusieron las manos en ellas y estuvieron con determinación de tirarle con lanzas y arpones o con algún tiro de artillería, y el Capitán no lo consintió, temiendo que con el dolor llevaría el navío a lo hondo. Y el último remedio que tuvieron fue que un clérigo se revistió, y con oraciones y exorcismos hizo de manera que el pez poco a poco se fue desasiendo y hundiendo para abajo; y lo postrero que mostró fue la cabeza, la cual era tan grande como una cuba, y por aquellos agujeros que tenía en ella lanzó tanta agua, que no parecía sino una nube que descargaba sobre los de la nao, y todos dieron muy grandes gracias a Dios con verse fuera de aquel peligro.

Y finalmente, lo de las ballenas en ferocidad es muy poca cosa en comparación de estos pescados. Y también hay muy gran abundancia de ellas en esta mar que rodea hacia el Septentrión por el Occidente, y son de dos maneras: las unas tienen el cuero cubierto de pelos grandes y espesos, y éstas son las mayores, tanto, que se han hallado algunas de ochocientos y de mil pies en largo; las que tienen el cuero nidio no son tan grandes. Y porque en nuestra España se tiene tanta noticia dellas y de su hechura, solamente diré lo que Olao Magno dice de una ballena, que parece cosa increíble, a lo menos admirable; y es que sus ojos eran tan grandes que, sentados veinte hombres en el circuito de uno de ellos, apenas lo henchían, y conforme a esto eran todos los otros miembros. El mayor enemigo que tienen y que más se atreve a conquistarlas y que muchas veces las mata es un pescado que llaman orca, que, con no ser muy grande, es muy fiero y muy ligero, y acomete a la ballena pesada con sus dientes, agudos como navaja, de manera que la abre por el vientre; y así, conociéndole ventaja, huye della y viene a caer en otro mayor peligro dando en bajíos y arena, adonde no puede nadar como querría, y los pescadores la matan yendo mucha cantidad de ellos en barcos y tirándole con arpones, los cuales van hincados en ella hasta que muere, dándole siempre cuerda; y cuando la sienten muerta tiran por ella llegándola a la ribera, adonde no es poco el provecho que sacan dellas. Una cosa afirman muchos, que a mí se me hace dificultosa de creer, y es que las ballenas muy grandes cuando hace tempestades salen al pelo de la agua trayendo encima de sí muy gran cantidad de arena, y que los que navegan pensando ser alguna isla, ha acaecido muchas veces decender en ella y hacer fuegos; y cuando la ballena siente calentarse se samarguja en el agua, y así, perecen muchos; y otros nadando, se escapan y vuelven a los navíos. Y no tienen poca autoridad los autores que esto escriben, pero a mí paréceme un engaño que no puede caber en gente ninguna de razón.

BERNARDO: De ninguna cosa quiero maravillarme, ni dejar de creer que sea posible lo que se dice de las bestias o pescados grandes de la mar, habiendo entendido por cosa muy cierta y averiguada (y así lo escriben autores modernos) que el año de quinientos y treinta y siete se halló en las riberas del mar de Alemaña un pescado de grandísima grandeza. Tenía la cabeza de hechura de puerco jabalí, con dos colmillos que salían más de cuatro palmos fuera de la boca, y cuatro pies de la manera y hechura que pintan a los dragones; y demás de los ojos de la cabeza, tenía otros dos muy grandes en los lados, y otro junto al ombligo; en el cerro, unas espinas muy altas, fuertes y duras, como de hierro o acero. Este puerco marino se llevó a Antuerpia como cosa maravillosa, para que todos le viesen, y hoy día habrá muchos testigos de los que entonces se hallaron presentes.

ANTONIO: No podemos dejar de seguir a Olao Magno, pues que tan buena noticia nos da, cerca de esto, de muchas cosas maravillosas; y entre ellas dice que el año mesmo que se halló el puerco que habemos dicho, que fue el de treinta y siete, echó la agua en la ribera del mar llamado Tinemuto una bestia la cual él mesmo fue a ver, como monstruosidad nunca vista ni oída. Tenía en largo noventa cobdos, y la anchura del vientre al espinazo era de cuarenta. La abertura de la boca era de diez y ocho pies, y la cabeza ocupaba tanto como una grande encina. Y lo que más era de maravillar: que se mostraban en su pescuezo treinta gargantas o tragaderos; los cinco eran grandes, y los otros, más pequeños; y el vientre no era todo uno, sino dividido en tres, que, abiertos, parecían tres profundas cuevas. En los lados estaban dos conchas, tan grandes y gruesas que diez bueyes apenas movieran una dellas. Las costillas eran treinta de cada parte, como grandísimas vigas. La lengua era de veinte pies en largo. El espacio que había entre un ojo y otro era de nueve palmos; pero teníalos tan pequeños, y también las narices, que apenas se parecían. Encima de la cabeza estaban abiertos dos grandes agujeros que venían a dar en el paladar, por donde se creía que debía de echar muy gran cantidad de agua, de la manera que el físiter. No tenía dientes ningunos, y el miembro genital era de una grandeza increíble. Algunos quisieron decir que sería algún género de ballenas; pero por las conchas y falta de los dientes se entendió ser otro pescado diferente.

LUIS: En lo que vos habéis dicho, más parece quimera que otra cosa; pero creamos a un hombre de tanta autoridad que afirma haberlo visto y trae por testigos a los de su propria patria; que, no siendo verdad, no se atreviera a hacerlo.

ANTONIO: También hay otros pescados muy dañosos en aquellas mares, de los cuales es uno que llaman monoceros, de grandísimo cuerpo, y tiene un cuerno muy grande y muy agudo en la frente, con el cual arremete a los navíos y, dándoles golpes en lo que va debajo de la agua, como con tiros de artillería los abre y echa a fondo. Esto es estando en calma, que en aquellas partes acaece pocas veces, porque cuando hay viento, por poco que sea, es este animal tan perezoso y tardío en el nadar, que fácilmente se alejan dél.

Otro pescado hay que llaman sierra,porque tiene la cabeza con una cresta o renglera de espinas, tan agudas y duras como puntas de diamante, y, metiéndose debajo de las naos, con ellas sierra la madera, de suerte que si no son sentidas y lo remedian con tiempo, las abren y se hunden. Otro pescado se halla llamado xifia,que en alguna manera se parece con la ballena, y cuando abre la boca, es tan grande y tan profunda que espanta a los que la miran. Los ojos tiene espantables; el espinazo, tan agudo como una espada, y es muy dañoso, porque, metiéndose debajo de los navíos, los corta o trastorna para comer a los que van dentro.

Hay también en esta mar rayas de estraña grandeza, y son tan amigas de los hombres, que en todos sus peligros, podiendo, les ayudan; porque si alguno cae en la mar en parte donde se halle alguna raya, le socorre con meterse debajo dél y sustentarle en el pelo del agua hasta que pueda salvarse; y si algunos pescados llegan a matarle o morderle, ella lo defiende hasta la muerte poniéndose en batalla con ellos. También hay otro notable animal, llamado rosmaro, del tamaño de un muy gran elefante: éstos salen a la ribera, y si veen cerca algún hombre, corren con tanta ligereza que le alcanzan y hacen pedazos con los dientes. Tienen la cabeza a manera de buey, y el pellejo pardo, casi negro, lleno de unos pelos ralos, y tan gruesos como pajas gruesas de trigo. Es muy amigo de pacer yerbas criadas con agua dulce, y así, adonde veen que hay algún río o reguero, por poca agua que traya, trepan por las peñas a buscarlas, aunque sean muy dificultosas de subir; y de lo que principalmente se ayudan es de los dientes, que tienen muy fuertes. Y muchas veces, después que está harto, se queda durmiendo en alguna peña adonde halla lugar aparejado para echarse, y su sueño es tan profundísimo, que cuando los marineros o pescadores le ven dormir ya saben que ninguna cosa basta a despertarle, y así, sin temor se llegan a él y lo ligan con maromas por todas las partes del cuerpo que mejor pueden, las cuales también atan a algunos árboles, si están cerca, y si no, a las mesmas peñas; y cuando ya le tienen de manera que les parece que no se puede mover, arrójanle de lejos muchas armas y tíranle con ballestas y arcos y arcabuces a la cabeza, para matarle más presto; y es tan grande su fuerza, que muchas veces, despertando y sintiéndose herido, quiebra y desbarata todas las ataduras; pero ya cuando cae en la mar es de manera que no puede vivir, y llevan algunos arpones atados con cuerdas para no perderle, y, sacándole, le despojan principalmente de los huesos y de los dientes, que entre los moscovitas y tártaros y rosianos se estiman como por tan bueno y verdadero marfil, como el de los elefantes entre los indios.

Y de todo esto da buen testimonio Paulo Jovio en una carta que escribió al pontífice Clemente Séptimo, que lo supo por relación de un Demetrio, capitán del emperador de Rosia. Hállanse asimesmo en estas mares diversos géneros de animales que viven en la agua y fuera della y salen a pacer en las riberas, como son caballos, bueyes, liebres, lobos, ratones y otros muchos, que después de hartos se tornan a meter en la mar, y casi tienen por tan natural lo uno como lo otro.

Carta_Marina

 

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