Muñecos autómatas del ventrílocuo Francisco Sanz valenciano en la expo de Cuarto milenio

Iker Jiménez presenta ‘Cuarto Milenio. La exposición’, con Carmen Porter MAH03758 20160610_114017 (44)
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Francisco Sanz. España, 1918

Francisco Sanz fue un autodidacta considerado como el mejor ventrílocuo de todos los tiempos. Creaba muñecos animados y los dotaba de cualidades humanas y, hasta de alma. Insufló vida a algunos de los autómatas más perfectos de principios del siglo XX. Un carpintero y un mecánico eran los encargados de hacer realidad los bocetos de Sanz, que nunca dudó en mostrar el mecanismo de los autómatas al público. El mayor miedo de Sanz era que su muerte supusiera la muerte también de sus muñecos.

Sanz es un poderoso ventrílocuo. Posee una admirable facilidad para cambiar el metal de voz y dar a cada una de sus marionetas una vida física real, auténtica, palpitante, sugestiva, espiritual. Puede afirmarse que los 25 o 30 autómatas que constituyen su compañía, son seres con un alma propia y con un organismo anatómico semejante al nuestro.

Francisco Sanz Baldoví, titiritero y artista sin igual, vino al mundo en la valenciana localidad de Anna en 1871, o 1872 según otras fuentes. Menos de siete décadas más tarde, en 1939, justo cuando España se encontraba sumida en las tinieblas de la guerra, el cómico abandonó este mundo. Pero, aunque no fuera larga su vida, sí fue muy intensa. Es una lástima que actualmente apenas sea recordado, porque no se trató de un simple ventrílocuo que animaba marionetas de trapo con una mano ensartada en la espalda del muñeco, nada de eso. Lo más asombroso de Francisco Sanz es que dio vida a toda una compañía de actores mecánicos, verdaderos autómatas de tamaño real que levantaron el asombro de medio mundo en su época.

En 1892 se unió al grupo de teatro de la Sociedad Recreativa local y al año siguiente debutó en el Teatro Ruzafa de Valencia.1 Cuatro años más tarde presentó su monólogo Oratoria fin de siglo, un espectáculo de transformismo inspirado en el del artista Leonardo Frégoli en el que ya utilizaba su habilidad para imitar voces y que compatibilizaba con sus actuaciones teatrales. Fue en 1901, mientras actuaba en Barcelona, cuando descubrió la ventriloquía y decidió incorporar a su espectáculo tres rudimentarios muñecos. El éxito le acompañó desde el primer momento y, poco a poco, fue mejorando la puesta en escena. La representación se completaba con su actuación como guitarrista, pues Sanz era uno de los más aventajados alumnos de Francisco Tárrega.2

Ya en 1903 hay constancia de su actuación en un número exclusivamente dedicado a la ventriloquía. La incorporación al mundo del circo le permitió viajar por toda España. El éxito económico acompañó al artístico y pronto ocupó el primer puesto en los carteles publicitarios de los espectáculos en los que participaba. Poco a poco, fue relegando cada vez más sus actuaciones como guitarrista en favor del arte en el que le acompañaban sus muñecos. En 1910 triunfó en Madrid y Lisboa, en la que sería su primera salida al exterior.

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En 1911 realizó la primera de varias giras que le llevaron a América, triunfando en el Teatro Avenida de Buenos Aires. Dos años después, una segunda gira le llevó a Brasil, Chile, Perú y de nuevo a la Argentina. En esta época actuaba en solitario acompañado de hasta 28 muñecos en representaciones que duraban dos horas y media. En los años siguientes creó a Frey Volt, el autómata orador con el que consiguió gran popularidad. En 1916 un nuevo viaje le llevó a Cuba, donde mantuvo su éxito a pesar de las incidencias producidas por la convulsa situación política que atravesaba el país y que le impidieron prolongar la gira.

A consecuencia de este viaje a Cuba Sanz tuvo su primer contacto con el mundo del cine. Los enfrentamientos armados le obligaron a recluirse en el hotel y algunos corresponsales estadounidenses le pidieron permiso para grabar algunas imágenes con Juanito. Su posterior difusión en un noticiero tuvo una excelente acogida y Sanz recibió una oferta para trabajar en el cine americano. La Gran Guerra le impidió realizar ese proyecto, pero no lo borró de su cabeza.

La película

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A finales de 1917 Sanz sufrió una grave afonía que afectó a su habitual ritmo de trabajo en los teatros. Fue entonces cuando retomó su viejo proyecto cinematográfico. Tras elaborar un primer guion, contactó con Maximiliano Thous, quien ya había dirigido su primer reportaje —La fiesta de las muñecas— el año anterior. Para producir el filme, ambos contactaron con la empresa Hispano Films, ubicada en Barcelona. La película se rodó a lo largo de cuatro meses que discurrieron entre 1917 y 1918. Se utilizó la mejor tecnología de su época, lo que hizo que fuera un producto caro. La cinta estuvo lista para su distribución comercial antes del 8 de junio de 1918.

El ventrílocuo Francisco Sanz presenta su espectáculo de muñecos autómatas, a los que da movimiento y voz, dotándolos de personalidad propia. Se suceden los números cómicos y tras cada uno, Sanz muestra a la cámara los complejos mecanismos que sus personajes esconden tras una apariencia casi humana. A continuación su autómata más famoso, Don Liborio, protagoniza una historia de celos que le llevará a separarse de la compañía y volver a su pueblo natal. Allí entre los personajes reales vivirá diferentes situaciones agasajado por sus paisanos.

Francisco Sanz (1872-1939) fue un famoso ventrílocuo valenciano que triunfó en los escenarios de todo el mundo en las primeras décadas del siglo XX con su espectáculo de ventriloquía. Utilizaba muñecos de tamaño natural, en realidad autómatas de gran realismo, animados por complejos mecanismos en su interior diseñados por él mismo, que actualmente se conservan en el Museu Internacional de Titelles d’Albaida. En 1918 decidió hacer un documental que mostrara minuciosamente su técnica para ser exhibido como complemento de sus representaciones teatrales. Para ello llamó a Maximiliano Thous (1875-1947), periodista y dramaturgo, quien iniciaba en aquellos años su andadura cinematográfica. El resultado fue una película ciertamente insólita, tanto por el tema como por la convivencia entre documental y ficción, que ofrece en una primera parte un reportaje sobre el espectáculo de Sanz y el funcionamiento de los autómatas y acaba con una historia de ficción interpretada por los muñecos mezclados con personas reales.

RECUPERACIÓN Y RESTAURACIÓN: En 1995 los descendientes de Francisco Sanz donaron al IVAC las copias que conservaban de la película junto a un folleto promocional del film que contiene datos fundamentales sobre el mismo. Los materiales consistían en dos copias incompletas del film, fragmentos de seis copias más y un gran número de descartes de imagen y de intertítulos, lo que implicó un exhaustivo trabajo de identificación y reconstrucción y, desde el punto de vista técnico, solucionar las grandes diferencias de contraste fotográfico que presentaban las imágenes. El rescate y difusión de esta película sorprendente, una rareza que se ha proyectado en un buen número de festivales y filmotecas, ha propiciado el reconocimiento actual de la figura de Francisco Sanz.

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