Monseñor Osoro,tres años como arzobispo de Valencia

Hoy se cumplen tres años de su designación por el Papa

Monseñor Osoro valora sus tres años como arzobispo de Valencia como un “tiempo de enriquecimiento humano y de experiencia eclesial extraordinarios”

Monseñor Carlos Osoro, de cuya designación por el papa Benedicto XVI como arzobispo de Valencia se cumplen hoy, 8 de enero, tres años, asegura que “para mí este tiempo ha sido de un enriquecimiento humano y de una experiencia eclesial extraordinarios en todos los aspectos”.

En una entrevista con el prelado que hoy publica el semanario diocesano PARAULA, confiesa que “han sido tres años donde, ciertamente, he intentado no guardar nada para mi mismo, sino hacer una entrega total y absoluta de mi vida, para el servicio que el Señor me ha pedido aquí en esta Iglesia”, y subraya que “ser pastor es darse y donarse, donarse a las personas que tienes a tu lado, a las que el Señor te ha dado; en el fondo, es hacer verdad la parábola del Buen Pastor en la medida en que uno puede, y con los límites y los pecados que uno tiene”.

“Salir por la calle, estar con la gente, verla, hablarle y que me pueda decir sus cosas me ayuda a que las palabras que después tengo que pronunciar, sea en mi predicación sea en los lugares diversos donde tengo que hablar, sean diferentes. ¡Y yo quiero que esas palabras vayan al corazón de la gente, porque es ahí, en el corazón, donde producen efecto!”, asegura el Arzobispo.

También se refiere a su costumbre de ir a confesar a la Basílica de la Virgen los domingos por la tarde, cuando su agenda se lo permite. “Yo creo que a uno le viene bien por varios motivos; cuando uno confiesa, percibe mejor la gran misericordia que Dios tiene con uno mismo; cuando uno entrega la misericordia y el perdón de Dios, valora mucho más la misericordia y el perdón que Dios tiene con uno mismo; y le hace a uno más cercano a la gente, con un corazón más sensible para comprender las diversas situaciones que vive el ser humano y que, a veces, pueden separarnos de Dios” expresa monseñor Carlos Osoro. “Para mí, las horas de confesionario son un verdadero don de Dios, donde experimento por una parte, el gran amor de Dios hacia mí, que me da la posibilidad de ejercer lo más hermoso y lo más bonito que Él hizo en este mundo, como fue el perdonar los pecados a la gente” .

Prioridades en la diócesis de Valencia

En la entrevista, el prelado sitúa como prioridad en la acción evangelizadora de la archidiócesis el Itinerario Diocesano de Renovación programado hasta el 2014, y resalta sobre sus objetivos, que “la Iglesia tiene que sentir profundamente que es Iglesia del Señor, los cristianos tienen que sentirse a gusto siendo Iglesia de Jesucristo y sentir pasión por dar a conocer el acontecimiento más grande que ha sucedido en su vida, que ha sido conocer a Jesucristo, y por tanto hacérselo descubrir a los demás” .

También se refiere monseñor Osoro “al gran reto y la gran pasión de las vocaciones sacerdotales” y subraya que “sólo una comunidad cristiana que viva intensamente la experiencia del Señor y viva la fe, va a engendrar vocaciones”. El ministerio sacerdotal “es un servicio a la humanidad impagable y cuantos más sacerdotes haya en este mundo más humano será”. Reconoce, además, el arzobispo que en sus misas por pueblos y ciudades de la archidiócesis, se dirige directamente a los niños y jóvenes para invitarles a que se planteen su vocación. “Esto lo aprendí de Juan Pablo II, que no se callaba ante este reto de decirle a los jóvenes: pensad si Dios no os llama para ser su presencia en medio de este mundo”.

También el Arzobispo de Valencia expresa como otros retos “una pasión grande también por hacer que los jóvenes encuentren la autenticidad que da el encuentro con Nuestro Señor o que las familias descubran que son ese inicio de la comunidad cristiana, la primera experiencia de lo que es la comunidad cristiana, la `Iglesia doméstica´”. A este respecto añade que “urge trabajar para que las familias cristianas descubran la belleza y la grandeza que tiene el ser eso mismo, familia cristiana, donde aprendemos lo mejor y lo más necesario en nuestra vida”. Además, “saber amar, saber perdonar, saber servir, saber entregarse, saber ponerse a disposición de los demás, saber encontrar en el otro a alguien que es más importante que uno mismo…. ¡todo esto se encuentra en esa “iglesia pequeñita” que es la familia! Yo creo que en la medida en que promocionemos más esto, viviremos con más intensidad la pasión por anunciar a Jesucristo” .

Presencia pública de los cristianos y crisis económica

Igualmente, considera el Arzobispo en la entrevista como “otro reto esencial” que la presencia pública de los cristianos “no sea una anécdota sino que sea cada día más coherente, más fuerte, más evidente, más creíble allá donde cada uno donde esté, en los lugares de trabajo”.

Respecto a la crisis económica, monseñor Osoro asegura que “el esfuerzo que hemos iniciado hay que hacerlo ahora ya mucho mayor, con más caridad pero también con más creatividad, porque lo vamos a pasar peor y nadie puede quedarse atrás”. Monseñor Osoro asegura estar sobrecogido al conocer cómo hay “gente que está prescindiendo de parte de sus ingresos para entregárselo a otras familias que están en una situación peor que ellos” y afirma que “tendremos que hacer muchísimas más cosas”.

Finalmente, se refiera a la declaración del Año de la Fe en 2012 por el papa Benedicto XVI y asegura que “confía mucho en los beneficios que significará para la diócesis de Valencia, porque “la gran crisis de este mundo, pero especialmente de Europa, es una crisis de fe, tiene que ver con haber arrinconado a Dios de la vida, de la historia”. Por el contrario, “una experiencia profunda de fe, de adhesión a Dios, cambia totalmente nuestra manera de entender la vida. Por eso, “este Año de la Fe es una gracia inmensa para todos los países pero especialmente para Europa. Europa necesita la alegría verdadera, y esa sólo viene cuando experimentamos en que alguien nos ama y nos quiere, que está por encima de nosotros, que es Dios mismo y que nos da sentido”.

Fe y cultura, fiestas valencianas

Preguntado por cómo vive la realidad festiva de la diócesis de Valencia, asegura que “ como una gracia de Dios porque voy descubriendo cada día más, que o la fe se hace cultura o no es una verdadera fe”. Respecto al riesgo de que las fiestas religiosas puedan perder sus raíces de fe y de devoción, monseñor Osoro asegura que “ese riesgo depende sobre todo de nosotros, es decir, de lo que hagamos nosotros los cristianos, y no existirá ese riesgo mientras haya un cristianismo vivo, fuerte, que haga posible que la cultura de ese pueblo siga siendo imbuida por esa adhesión a Jesucristo que es la que ha dado a esas fiestas su razón de ser. Cuando intentamos separar la fe de la cultura de un pueblo, deshacemos ese pueblo. Y viceversa, también. Lo he visto en todas partes, pero aquí en Valencia de un modo clarísimo. En Valencia la fe está unida tremendamente a las tradiciones culturales”.

VLC Ciudad / A.SAIZ/AVAN

  

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