Los niños valencianos padecen transtornos por el “insomnio digital”

uso-celulares-insomnio-0
image-293950
Valencia noticias Agencias Los nuevos compañeros de cama nos quitan el sueño. Y eso que son fieles y puntuales como un reloj suizo. Desde que hemos metido el portátil entre las sábanas y el teléfono, autónomo e inteligente, debajo de la almohada somos sujetos insomnes, pero no de aquellos atormentados que daban vueltas toda la noche pensando en sus cosas y contando ovejas. El insomnio es ahora una actividad colectiva, en red, multitarea, cosmopolita y transoceánica. Pasamos nuestras noches en vela con gente que trabaja al otro lado del océano.

Nos perdemos demasiadas cosas mientras dormimos. O tal vez no haya ni ese pensamiento previo, y solo nos ponemos a hacer cosas y se nos pasa el tiempo. O nos dormimos y a media noche nos despierta un mensaje, o quedamos para jugar en red a las dos de la madrugada porque al otro lado del mundo son las ocho de la tarde. El 52,7% de los niños valencianos con trastornos de sueño tiene insomnio por quedarse hasta altas horas de las noche viendo la televisión, jugando con ordenadores o tabletas o enviando Whatsapp con el móvil a los amigos.

Así, se desprende del informe de los pediatras de la Red Centinela Sanitaria de la Comunitat Valenciana, que ha registrado información sobre 365 niños de entre 3 y 14 años con trastornos del sueño, según los datos consultados por Europa Press.

Al respecto, el neurofisiológico del Hospital Universitario Doctor Peset, el doctor Pau Giner, ha explicado que el uso de estas nuevas tecnologías hasta altas horas de la noche está causando entre los niños y menores un insomnio por esta higiene inadecuada o conductal. De hecho, ahora el 10-15% de las consultas en las unidades de sueño a menores y entre un 50 y 60% en los adolescentes son por este “insomnio digital” algo que hace 10 años no existía.

El doctor Giner ha explicado que los bebés deben dormir hasta 20 horas, que se van reduciendo hasta las 11 y 12 horas a los 6 años mientras que los adolescentes deben dormir 10 horas como mínimo. Sin embargo, el cambio de costumbres y el uso de las nuevas tecnologías hace que cada vez duerman menos.

“Hace unos años sería impensable que una película de dibujos comenzara a las 22.00 horas y terminara a la 13”, ha constatado. Sin embargo, los hábitos han cambiado, los padres llegan más tarde a casa, se cena más tarde, y los niños se acuestan tarde con las nuevas tecnologías. Además, la luz de la pantalla de televisiones y ordenadores también les altera.

El resultado es que acaban sufriendo un insomnio y por las mañanas no pueden levantarse, está más irritables y llegan a dormirse en clase, ha señalado a Europa Press. De hecho, son los profesores los que suelen alertar a los padres del problema.

En un principio, ha explicado que en el 90% de los casos basta con introducir una correcta higiene conductual para resolver el problema y sólo en las situaciones más graves se debe recurrir a los tratamientos farmacológicos.

Así, señala a los padres que hay que introducir en los niños una rutina para irse a la cama: acostarse siempre a la misma hora, a los pequeños darles un vaso de leche, lavarse los dientes y leerles un cuento. Esta rutina es la que les ayuda a conciliar el sueño. A los adolescentes aconsejan que no tengan nunca el móvil en la habitación para asegurarse que no se queden mandando mensajes a sus amigos a escondidas. “Hemos visto casos de jóvenes que se quedan enviando Whatsapp hasta las 2.00 horas de la madrugada y deben despertarse a las 7”, ha señalado.

Asimismo, la red centinela ha comprobado que el 32,7% de los niños y el 30,5% de las niñas sufre pesadillas, malos sueños que se recuerdan, y el 16,4% terrores nocturnas, cuando los menores se despiertan chillando y muy asustados gritando sin ser conscientes. Se trata de trastornos “normales” hasta los 5 años pero si más allá continúan hay que estudiar por qué se producen. Al respecto, ha aclarado que en muchos casos son consecuencia de ver series violentas o de los juegos violentos en las videoconsolas.

De hecho, el 42% de los casos se refiere el uso de aparatos eléctricos antes de dormir y en uno de cada cuatro las condiciones de la habitación no son las adecuadas. Además, el 45% comparte la habitación para dormir con otras personas, el 60% con hermanos y el 40% con los padres.

HABITACIONES INDIVIDUALES

En ese sentido, ha señalado que no es recomendable que los niños duerman con los padres más allá de los tres años y que lo ideal sería poder tener una habitación individual aunque si se debe compartir con hermanos hay que vigilar que cumplan con una higiene conductal adecuada para que “los malos hábitos por lo general del hermano mayor no influya en los pequeños”.

Las consecuencias son que en la mitad de los casos se presentan síntomas ansiosos y en un 32% irritabilidad. En el 37% de estos niños se refieren quejas somáticas tipo cefaleas o dolor abdominal y en el 30% dificultades de atención y concentración. Un bajo nivel socioeconómico (20%) y un mal funcionamiento familiar (19%) son los factores de riesgo más importantes entre estos niños ya que, señala, influye en el sueño que no haya un buen ambiente y haya gritos entre los padres.

Además, en estos casos el estilo de crianza más frecuente es el democrático (40%) seguido del permisivo (25%). Al respecto, indica que al igual que hay que darles una buena educación alimentaria y no dejarles comer lo que quieran, porque comerían sólo patatas fritas y hamburguesas, también hay que trasladarles una buena educación del sueño. Por ello, hay que inculcarles la rutina del sueño y no vale el “haz lo que creas”, estilo democrático, o “haz lo que quieras”, el permisivo.


Leave a Reply

Your email address will not be published.