Los 15 diputados del grupo parlamentario socialista que han votado ‘no’ a la investidura de Mariano Rajoy

Los 15 diputados del grupo parlamentario socialista que han votado ‘no’ a la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno pese a la decisión del Comité Federal del PSOE de abstenerse en esta segunda votación dan la medida del desgarro que sufre el Partido Socialista desde las elecciones del 26 de junio. Pero estos ‘rebeldes’ son otras tantas notas discordantes que dejan al socialismo sumido en una profunda crisis interna mientras el Ejecutivo del que están llamados a ser principal oposición echa a andar con su permiso y sin pedir nada a cambio.

La veintena de los 83 representantes socialistas que podían haber roto la disciplina de voto se quedaron finalmente en 15: los siete del PSC, los dos de Baleares, más Margarita Robles, Zaida Cantera (ambas independientes en las listas de Madrid), Susana Sumelzo (Zaragoza), Odón Elorza (San Sebastián), Rocío de Frutos (Ourense) y María Luz Martínez Seijo (Palencia).

GRA458. Madrid. 29/10/2016,- Fotografías de archivo de los los 15 diputados socialistas que han roto la disciplina de grupo votando en contra de la investidura de Rajoy: (de izda a dcha y de arriba a abajo) Margarita Robles, Susana Sumelzo, Odón Elorza, Rocio de Frutos, Zaida Cantera, Meritxell Batet, Joan Ruiz, Merce Perea, Manel Cruz, José Zaragoza, Lidia Guinart, Marc Lamuá, Pere Joan, Sofía Hernanz y Luz Martínez Seijo.EFE/Congreso de los Diputados

GRA458. Madrid. 29/10/2016,- Fotografías de archivo de los los 15 diputados socialistas que han roto la disciplina de grupo votando en contra de la investidura de Rajoy: (de izda a dcha y de arriba a abajo) Margarita Robles, Susana Sumelzo, Odón Elorza, Rocio de Frutos, Zaida Cantera, Meritxell Batet, Joan Ruiz, Merce Perea, Manel Cruz, José Zaragoza, Lidia Guinart, Marc Lamuá, Pere Joan, Sofía Hernanz y Luz Martínez Seijo.EFE/Congreso de los Diputados

Los 15 diputados socialistas que han roto la disciplina de voto

Son todos los que lo habían anunciado y una de las que estaban dudosas, para los que el portavoz de la Gestora, Mario Jiménez, no ha concretado posibles sanciones, que en todo caso solo afectarían a los seis que son militantes del partido.

Por su parte, María González Veracruz y Adriana Lastra, ambas pertenecientes a la Ejecutiva de Sánchez, añadieron “por imperativo” a la palabra abstención cuando dieron su voto.

Con la renuncia de Pedro Sánchez a su acta de diputado a pocas horas de la sesión de investidura, ya solo eran necesarias diez abstenciones, y no once, para que Rajoy fuera reelegido presidente del Gobierno -al final se cosecharon 68-, pero apenas ha hecho más llevadero el trago de la investidura para el grupo socialista en el Congreso.

Sin embargo, Sánchez deja de ser una presencia incómoda en la Cámara para reerigirse en líder de los críticos y referente moral de los militantes descontentos con la decisión del ‘nuevo’ PSOE, a expensas de cuándo empiece la carrera por las primarias y se celebre el congreso del partido.

El líder, sacrificado en el altar de la abstención

Pedro Sánchez ha renunciado a su acta de diputado

De cualquier forma, la imagen de un Sánchez lloroso tras dejar su escaño escenifica aún más visiblemente el sacrificio que ha tenido que hacer el PSOE en aras de la abstención y el desgarro moral en el que se encuentra, fruto de ese dilema de convicciones frente a responsabilidad al que se ha apelado en estos días.

El propio exsecretario general socialista lo ha verbalizado en una carta remitida a la Comisión Gestora: “Algo va mal cuando se fuerza la salida de políticos honestos y se facilita la elección como presidente del Gobierno de alguien manchado por la sombra de la corrupción”, en referencia a Rajoy.

El PSOE, un partido con 137 años de historia -como han recordado ellos mismos en estos últimos meses tensión interna-, abre una nueva etapa de reconstrucción.

Como al PP de 2004, ahora les toca vivir su propia ‘travesía del desierto’, para la que ni siquiera saben de cuánto tiempo disponen, porque el propio Rajoy, al tiempo que ponderaba el apoyo a su investidura, recordó que hay una espada de Damocles pendiente cuyo hilo él puede cortar en pocos meses: la convocatoria de nuevas elecciones, si entiende que su tarea de gobierno es insostenible.

Los trabajos pendientes del PSOE

La imagen de la apremiante tarea la puso el presidente de la gestora, Javier Fernández: el PSOE conserva su “solar” y tiene un “edificio muy dañado”. Con la legislatura en marcha, unos presupuestos pendientes cuyo voto volverá a retratar al grupo parlamentario socialista y varios frentes políticos abiertos -educación, Cataluña, reforma constitucional-, el PSOE ha de redefinir su esencia sobre varios ejes:

El eje ideológico, el de los barómetros del CIS y el día a día en el Congreso, entre mantenerse como partido de izquierda reconocible frente a la percepción de un giro conservador resultante de esta abstención u otros apoyos venideros.

En este sentido, cualquier repetición de una abstención o un voto compartido con el PP será convenientemente amplificado por los rivales de fuera y los críticos de dentro. La muy dura intervención del portavoz de ERC, Gabriel Rufián, en el debate de investidura, ha sido una buena muestra de ello. Rajoy, además, parte como presidente remarcando que los socialistas -y el resto de grupos- son corresponsables de la estabilidad del Gobierno y del país en general.

A la vez, todo el tiempo que tarde el PSOE en recobrar su maquinaria política será del que disponga Podemos para tratar de arrebatarle el liderazgo de la oposición al PP o incluso Ciudadanos para posicionarse como fuerza del cambio.

El eje generacional, entre unos líderes de la vieja guardia socialista que han ‘restaurado’ el orden frente a la nueva hornada que encabezaba Sánchez, y que se ha visto superada por los acontecimientos del nuevo escenario multipartidista.

Un duelo entre ‘familias’ que, casualmente o no, ha dividido el mapa de la España socialista en dos frentes, el sur -Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha- contra el norte. Dos que pueden ser más, tantos como posibles candidatos surjan en la carrera por el liderazgo del PSOE.

El eje identitario, en el epicentro de la implosión socialista desde las elecciones del 26J, con la dialéctica de a quién pertenece la soberanía de un partido: a la voluntad de sus militantes o a los representantes elegidos por estos, en quienes se delegan las decisiones estratégicas y la responsabilidad de estas.

“Un militante, un voto” se aceptó en el PSOE como norma irrenunciable para las primarias y se ha querido extender como un mandato a todos los órdenes, lo que a la postre ha provocado la insólita situación de que los miembros de un partido no reconozcan la legitimidad de las decisiones tomadas por sus órganos de gobierno y a bochornosas discusiones -filtradas casi en directo- sobre reglamentos y estatutos.

Crisis con el PSC en medio de la crisis con Cataluña

Por si fuera poco, la carrera del PSOE está además jalonada de otras crisis territoriales aún abiertas, como en el PSdeG, dirigido por una gestora desde hace meses y a la que la gestora de Ferraz le ha retirado la potestad de convocar primarias y congreso hasta que no se celebre el congreso federal.

Y, por encima de todo, está la cuestión catalana. Un PSC que ha abanderado el ‘no’ a Rajoy antes, durante y después de Pedro Sánchez, tratando de conservar su espacio en el convulso escenario político de Cataluña, está en trance de redefinir o romper su relación con el conjunto de los socialistas.

Por de pronto, los socialistas catalanes, en el camino a su propio congreso del próximo fin de semana, están reescribiendo su hoja de ruta tendiendo una mano a Podemos, a Ada Colau y al resto de fuerzas de izquierda en Cataluña -salvo ERC- para tratar de conformar una alianza electoral “de progreso” en próximos comicios.

Un futurible paso en la dirección contraria a la que podrían sufrir los acuerdos ya existentes con Podemos en otros gobiernos autonómicos, tras la ruptura con el Ejecutivo de Emiliano García-Page en Castilla-La Mancha. El destino de los gobiernos socialistas en Aragón, Baleares o incluso la Comunidad Valenciana espera la eventual decisión de Podemos y sus militantes en estos territorios. Las crisis socialistas aún podrían multiplicarse.


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