Levante y Deportivo empatan en el Ciutat de Valencia,

Levante UD: Rubén I. , Toño García, Navarro, Simao MJ, Camarasa, Jefferson Lerma (V. Casadesús, 46′), Rubén G., Morales (Verza, 77′), Roger (Ghilas, 64′), Pedro López, Zou Feddal.

RC Deportivo: Lux, FFernando Navarro, Mosquera, Lucas, Sidnei, Arribas, Laure (Cani, 90′), Fede Cartabia (Oriol Riera, 58′), Fayçal, Borges, Jonás (Juanfran, 58′).

Árbitro: Del Cerro Grande.

Goles: 0-1. M. 22. Lucas Pérez. 1-1. M. 53. Camarasa.

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Foto Levante UD

Quizás haya que aferrarse a la intrahistoria de la confrontación entre el Levante y el Deportivo para mantener la fe y la esperanza en las perspectivas de una escuadra, la granota, que está mudando su piel en el tiempo más reciente coincidiendo con el aterrizaje de Rubi como conductor del banquillo del equipo del barrio de Orriols. Y no parece un ejercicio sencillo en su ejecución. El Levante, y más en concreto los jugadores y el cuerpo técnico, se encuadra en una titánica lucha contra el tiempo. Se trata de un periodo de asimilación y de metabolización de conceptos. Es una batalla ardua contra el calendario que marca una competición despiadada, que se adentra por la jornada undécima, y contra el reloj. Nada parece natural en el proceso conjunto que se está desarrollando y cuyo epicentro habría que buscarlo en el interior del verde. En ese espacio se está obrando una evidente metamorfosis. En ese sentido, habría que alejarse del resultado definitivo de la cita entre la representación gallega y valenciana para presentar otras variables que si algún componente acentúa es el cambio de formato que está experimentando un grupo atrevido, más osado en sus manifestaciones y con determinación para superar los obstáculos que se van presentando. Quizás le faltó al Levante mayor resolución en el interior del área para agarrar con las dos manos un enfrentamiento que sintió que le pertenecía en distintas fases.

Corren aires de cambio por el Ciutat de València. Y hay aspectos que evidencian esta mutación. La escuadra que dirige Rubi se proyectó por el encuentro con decisión. Fue una constante visible desde el pitido inicial. Únicamente cuando le fallaron las fuerzas descendió un nivel en sus prestaciones generales. Y le sobró valentía para mantenerse erguido, pese a la contundencia del golpe que sufrió tras el gol conseguido por Lucas. El Levante más presente desea interpretar el papel principal en la función del balompié. No quiere quedar relegado a un plano de inferioridad con respecto a su adversario. Y si así sucede al menos que sea por la extrema voracidad de su contrario y no por su desatención o ausencia de carácter. El colectivo de Rubi busca, por definición, la condición de actor primero del drama que se disputa en noventa minutos porque el fútbol puede ser dramático en sus manifestaciones. Después de abrigarse en torno a su perímetro defensivo en el arranque del duelo, el Deportivo aprovechó la primera llegada formal al área de Rubén para cambiar el signo de la confrontación.

Lucas encontró una agrietó por la defensa local para plantarse delante de la meta del arquero gallego. Lucas se convierte en el factor diferencial de un Deportivo consistente y seguro de sus movimientos. El punta está de dulce en este nacimiento de la Liga. En el Ciutat logró su séptimo gol. El botín es desorbitado para un bloque que el curso pasado luchó lo indecible para mantener el tipo entre los invitados de la Primera División. En el gol está la desigualdad y las distancias en el ámbito de la máxima categoría. Una vez más el Levante caía preso de la desazón y de la melancolía tras encajar un gol en los minutos iniciales. El hecho no es anecdótico para un equipo que necesita confianza y tranquilidad para revertir el estado en el que se encuentra. No desfalleció el bloque. El gol no mermó su psique. Es otro de los valores del nuevo Levante. Los jugadores parecen creer con firmeza en las ideas trasmitidas por el técnico catalán.

Asido al balón, el colectivo azulgrana puso en entredicho la integridad del marco de Lux. Rubén ajustó un centro que se escapó por milímetros. Roger sentó a su oponente en un palmo del verde aunque chocó con Arribas y más tarde rozó el gol tras rebañar con la puntera un centro de Morales en la acción que significó la despedida del primer capítulo. El esfuerzo del atacante valenciano es encomiable y su presencia en las inmediaciones del gol inagotable, pero la suerte suprema se resiste. Las palmas batían en el Ciutat como despedida a los pupilos de Rubi en señal de gratitud. Orriols premia el esfuerzo y el empeño. Siempre lo ha hecho. El status quo se mantuvo inalterable en el segundo capítulo de juego. Quizás el gol arribó en la acción menos esperada. Camarasa sorprendió a Lux desde la estrategia. La barrera se desmoronó y el balón realizó un sedoso viaje hacia el fondo de las mallas del Depor. El Levante mantenía su espíritu de subversión. Morales se topó con el arquero deportivista. Su mano fue gigantesca. La acción se desarrollaba en las inmediaciones del área foránea aunque Feddal se estiró para evitar un nuevo gol de Lucas. Entonces ya no había tiempo para más.

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