Lo llevaba a todas partes. Viajaba fuera del Reino Unido y no se lo olvidaba. No sólo era su juguete sexual, sino que además era su amuleto de la suerte, según reveló Ken Wharfe, uno de sus guardaespaldas oficiales, que la acompañaba a sol y sombra.

El inspector Wharfe explicó cómo una noche, durante una “fiesta salvaje de personal” en noviembre de 1992 en París, Diana Spencer se llevó sin saber el objeto sexual en su cartera, descrito por su hombre de confianza como un vibrador. Incluso Lady Di lo bautizó: lo llamó “Le Gadget” y no se alejaba de él ni un instante cuando viajaba al exterior por cuestiones protocolares del reino.

Durante un viaje a Nepal, se lo olvidó en un cajón del Palacio de Buckingham e hizo que se lo llevaran en una valija diplomática a la embajada británica en Katmandú. Al llegar a destino, un gurkha lo acercó hasta donde se encontraba la princesa.

La obra comienza con la historia del vibrador y cuenta cómo su hermana, Sarah McCorquodale, fue quien lo escondió en la cartera de la princesa de Gales y que ésta lo descubrió entre una visita al presidente francés Jacques Chirac y Paul McCartney. “En lugar de ofenderse, pensó que era muy divertido y desde ese momento ‘Le Gadget’ se convirtió en su mascota secreta en todas las giras exteriores“.

En determinado momento, Wharfe señala que la princesa se había vuelto supersticiosa respecto de su vibrador. Durante ese viaje a Nepal, le indicó la importancia que tenía para ella. “Espero que traigamos a ‘Le Gadget’, Ken. Tú sabes que todo irá mal sin él“, le habría dicho.