Las niñas del Lazo. Tres fotografías de Julio Derrey

La moda de los lazos sujetando el pelo de las niñas provenía del siglo XIX, algo similar a las cintas que se colocaban en la cabeza del recién nacido. Esta forma de adorno también fue empleada por las mujeres que utilizaban los lazos para sujetar el cabello. Los hombres utilizaron la cofia con una cinta para hacer un lazo de sujeción.

Las tres fotografías que se reproducen fueron realizadas en el estudio del prolífico fotógrafo Derrey (plaza de San Francisco) y nos dan idea de cómo eran estos lazos a principios del siglo XX y su constante utilización en las niñas valencianas.

“La niña del zapato” -así la hemos titulado- es una preciosa imagen, de estudio, con una pose de la niña no muy habitual para la época

“La niña del zapato” -así la hemos titulado- es una preciosa imagen, de estudio, con una pose de la niña no muy habitual para la época. Qué tenga en una de sus manos su zapatito (el otro no aparece) y la forma de estar reposada sobre el artístico sofá de la época, significa la excelente dirección de Derrey. La mirada hacia un lado también es signo de una “fotografía cuidada” e incluso la combinación del vestido de la niña y su lazo blanco, creemos fue debido a las indicaciones del fotógrafo.

La niña del zapato. Foto Derrey, 1916

La niña del zapato. Foto Derrey, 1916

En otra de las fotografías se ve a una asistenta manteniendo en sus brazos a una niña. “La tita” como consta al dorso de la fotografía. Cabe destacar la indumentaria de las dos protagonistas. La criada luce su vestimenta de gala, cofia típica, delantal y lujoso saquito de los encargos. Para la ocasión se ha colocado los guantes de servir, especialmente utilizados a la hora del té y las visitas. La niña también brilla con su vestidito y lazo blanco. Asido a su cuello cuelga un chupete o sonajero que coge con una de sus manos quizá como amuleto de protección.

La criada luce su vestimenta de gala, cofia típica, delantal y lujoso saquito de los encargos. Para la ocasión se ha colocado los guantes de servir, especialmente utilizados a la hora del té y las visitas

Tita con niña. Foto Derrey, 1918

Tita con niña. Foto Derrey, 1918

En la otra foto se ven tres niñas con un muñeco y un perrito de juguete. Aquí vemos que los lazos son más  grandes, lo que da a la imagen más espectacularidad. Sin duda son hermanas, dos de ellas con sus trajes a rayas verticales y la otra de vestido claro. Miran al fotógrafo sorprendidas, comprendiendo que sus vidas quedarán fijadas para la posteridad.

Tres niñas, tres lazos. Foto Derrey, 1916

Tres niñas, tres lazos. Foto Derrey, 1916

Sin duda son hermanas, dos de ellas con sus trajes a rayas verticales y la otra de vestido claro. Miran al fotógrafo sorprendidas, comprendiendo que sus vidas quedarán fijadas para la posteridad

Todo ocurrió ya hace casi cien años. Tres fotografías, un fotógrafo, cinco niñas y una sirvienta, unidas por lazos familiares. El muñeco y el perrito tienen alma de cartón.


One Response to "Las niñas del Lazo. Tres fotografías de Julio Derrey"

  1. Julio Cob  6 de junio de 2015 at 13:55

    Todo un monográfico referente a la foto de estudio en su versión familiar, que nos indica la destreza alcanzada por Julio Derrey que supo utilizar como principal recurso en cuanto a crear recuerdos de infancia, que eran requeridos por las madres que llevaban a sus hijas ante la máquina fotográfica: la utilización del lazo como añadido a los peinados.

    Julio Derrey, como otros geniales artistas de la fotografía, se sirvieron del lacito como principal elemento decorativo para tan inocentes caritas de encanto, con la presencia de otros elementos con su dosis de ternura.

    Rafael Solaz nos ilustra acerca de aquellos años en una costumbre que estuvo en boga, como lo demuestra con su excelente repertorio. Hábito que igualmente se trasladaba al uso doméstico en ocasión de cualquier acto social o festivo. O el más usual, el de lucir encantos de infancia en un día de domingo.

    Y en su evolución, diademas, flores y peinetas y en su atrezo, abren la imaginación e inspiran a las madres en su afán por resaltar la gracia y belleza de los infantiles años, pero sin desdeñar al lacito, como rey de una costumbre que aún prevalece en nuestros días, como la guinda de un pastel.

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