Hay hábitos muy arraigados entre las costumbres de una población que en otros rincones del planeta son ilegales. Clases de alimentos, estilos de vestimentas o tipos de actividades que corresponden a situaciones cotidianas que en muchos países pasan desapercibidas por su “normalidad”, pero que en otros lugares están prohibidas.

Uno de los casos más insólitos ocurre en la República de Burundi, donde desde marzo de 2014 no se puede practicar running en grupo porque se cree que es una manera de encubrir actividades subversivas. La peculiar norma no alcanza a quienes lo hacen de manera individual. Aplica solo para los colectivos que salgan a correr y puede conllevar incluso una pena de cárcel.

La República de Burundi es una pequeña nación soberana ubicada en la región de los grandes lagos de África Oriental. Tiene una población estimada de aproximadamente 10,5 millones de habitantes y es uno de los países más pobres del mundo, con el segundo PBI per cápita más bajo según el Banco Mundial, después de la República Centroafricana. Y un pasado reciente marcado por las guerras civiles y la inestabilidad política.

De este último punto yace la curiosa disposición que tomó el presidente de la nación africana, Pierre Nkurunziza (que asumió en 2005), hace tres años. Los habitantes locales se vieron así privados de practicar en grupo una de las actividades deportivas más asequibles para una población signada por la pobreza.

El máximo mandatario entendió de un modo particular la práctica que fue muy recurrente entre la población durante los tiempos de conflictos. Sin pensarla como una manera de protección ante la violencia de las milicias actuó en consecuencia. Vio que quienes se juntaban a correr podían esconder otros fines. Es que durante su gobierno se hizo popular el jogging, fenómeno que atrajo a miles de corredores a las calles para cantar, socializar y, algunas veces, protestar contra el presidente.

Para evitar manifestaciones en carreras populares o intentos encubiertos de conspiraciones contra el poder -tal como lo pensaba-, Nkurunziza decidió limitar el jogging (un tipo de ejercicio similar a las carreras a pie, solo que menos exigente). De hecho, hasta algunos representantes de la oposición fueron encarcelados por promover maratones en las que podrían reunir a posibles simpatizantes.

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Antoine Gakeme, uno de los atletas olímpicos de la especialidad originarios de Burundi (Christian Petersen/Getty Images for IAAF)

Las carreras pedestres datan de largo tiempo. Es uno de los deportes que más adeptos tiene en el mundo. Actividad simple y accesible, sin grandes requerimientos, la practican millones de personas de todas las edades y es muy recomendada por los especialistas médicos. Y muchos la prefieren realizar en equipos. Pero en Burundi, no.