La plaga neoliberal

Francisco Javier Gómez Tarín. Profesor Titular de Comunicación Audiovisual Universitat Jaume I. Castellón.Francisco Javier Gómez Tarín.

Profesor Titular de Comunicación Audiovisual Universitat Jaume I. Castellón.

Las tardes del verano, en plena ola de calor, no solamente pueden resultar soporíferas sino que, agotadas las células grises y deseosas de paz y tranquilidad, propician momentos de relajo en los que, ¡cómo no!, ver una película puede resultar una agradable distracción (sea que nos interese o que directamente nos provoque el sueño más profundo). Algo así sucedió ayer por la tarde cuando, harto de noticias espeluznantes y de avatares políticos patrios vengonzantes, quise refugiarme en una cinta que pasaban en una cadena de esas sin pausas publicitarias. Se trataba de La plaga (Slither, James Gunn, 2006) y lo cierto es que ni el argumento del film ni la trayectoria de su director me colocaban ante los ojos un producto apetecible a priori, pero el amodorramiento tiene esas cosas…

Comienza el film con la llegada de un meteorito en cuyo interior viaja un alienígena depredador que toma posesión del cuerpo de un ser viviente (ciudadano “normal” pero “malcasado”) y va acumulando nuevas posesiones y muertes mediante un curioso sistema de alimentación que provoca la explosión de su segunda víctima y la expansión de una especie de larvas que penetran en los humanos por la boca para convertirlos en parte añadida del primer portador, asumiendo todos una sola mente. Como es lógico, al final los humanos vencen por medio de una explosión que destroza al ser y, con él, el vínculo con el resto, ya cadáveres. Además de todo esto, ya de por sí bastante truculento, la película se desarrolla con humor y más parece una comedia que un film de terror, pero , para más inri, mezcla con desparpajo y ausencia de vergüenza las larvas, los muertos vivientes, la alimentación con seres vivos, los vómitos contaminantes, etc…

Comprenderá el lector que una película de estas características debería llevarnos al profundo sueño de los justos veraniegos, pero héte aquí que me atrapó porque fui viendo en ella una auténtica premonición (no podemos olvidar que el film en cuestión tiene ya diez años de antigüedad):  al tiempo que veía discurrir las imágenes, me preguntaba hasta qué punto una mente privilegiada pudo hace tanto tiempo prever las cosas que iban a ocurrir en el mundo actual, porque el encaje es impresionante. Lo cierto es que el film trajo a mi mente la idea/concepto de élites extractivas manejado por algunos economistas e ideólogos que, procedan de donde procedan, generaron una etiqueta muy bien otorgada.

¿Qué son las élites extractivas? Con toda evidencia, se trata de elementos que acumulan riqueza utilizando como sistema el modelo capitalista. Podríamos establecer tres escalas, no necesariamente aisladas sino frecuentemente compartidas: 1) élites económicas, en lo alto de la pirámide, que poseen la riqueza y los medios de producción y que, además, multiplican sus recursos mediante la ingeniería fiscal que les permite evadir impuestos y deslocalizar sus inversiones; 2) élites sociales, compartiendo el nivel superior e inferior, que poseen la riqueza patrimonial y practican también la ingeniería fiscal para evadir impuestos; y 3) élites políticas, sometidas a las dos anteriores y en ocasiones formando parte de ellas, que actúan en el seno de la sociedad como lacayos de las mismas para legislar en su beneficio y desviar la riqueza desde las capas sociales bajas y medias hacia las altas, provocando de esta forma los mayores niveles de desigualdad.

Este conjunto de élites deciden nuestros destinos y corrompen la estructura social de forma permanente practicando la intoxicación informativa y manipulando medios y conciencias. En lo más bajo de su escala, teniendo como objetivo vital la acumulación de riqueza, utilizan la corrupción como un añadido a su gestión manifiestamente criminal.

Doy por supuesto que el lector se estará preguntando qué tiene todo esto que ver con la película en cuestión y esa supuesta premonición. Pues bien, veamos las coincidencias:

  • algo llega del espacio, es decir, del exterior para poseer un cuerpo humano: es fácil ver la similitud con los sistemas financieros y los dictados de la troika que imponen situaciones de crisis a los países del sur europeo que se convierten en financiadores de sus bancos (los rescates son financieros y nunca ciudadanos);
  • el ser poseído genera en otro la multiplicación de larvas que buscarán víctimas en todas las direcciones: los sistemas financieros (élites económicas) se multiplican y desatan la crisis en todos los países a nivel mundial y las luchas por la posesión de los medios naturales, como el petróleo, no quedan exentas en esta labor, ya que la guerra es un beneficio permanente para tales élites;
  • mediante el contagio se genera un ente que funciona en una sola dirección mental y acumula los cuerpos infectados, ampliando su radio de acción a través de vómitos contaminantes y/o canibalismo: los poseedores de riqueza patrimonial (élites sociales) provocan el aumento de la desigualdad y gestionan sus recursos y los del conjunto en su propio beneficio, de tal forma que los ricos aumentan al tiempo que la clase media se ve abocada al abismo y los que menos posesiones tienen son condenados a la marginalidad;
  • cada cuerpo gestiona parcelas pequeñas del contagio, llevando a la integración con el cuerpo principal a todos aquellos que han podido contagiar, e integrándose físicamente en el ente primigenio: los intermediarios (élites políticas, legisladoras o gubernativas) imponen el control sobre el conjunto social y promueven el desarrollo de la enfermedad;
  • para acabar con el ser invasor no parece haber soluciones fáciles y será la explosión la que conseguirá finalmente el objetivo, no sin antes haber intentado un acercamiento menos drástico por parte de su pareja humana (la esposa, consciente de que puede acercarse al ente, intenta apuñalarle en vano): esto parece indicar que un monstruo de estas características no puede ser eliminado por medio de tratamientos médicos sino que se requiere una cirugía quirúrgica plena, lo que en el film es esa explosión mencionada. En otras palabras: no es posible modificar el entorno (el statu quo) desde le interior por medio de participación y argumentación, sino que el único medio eficaz es su destrucción.

Todo esto –el film– es ficción, claro está, pero se puede leer bien en este verano caluroso que hace que la mente se relaje y el cuerpo huya del exceso alimenticio. Luego, cuando uno vuelve a la realidad, observa las noticias sobre el Brexit, sobre Niza, sobre Turquía, que le producen vómitos que solamente le hacen daño a uno mismo (los otros están muy bien protegidos en sus entornos)

Pero hay más, se vuelve uno hacia las noticias del país e incluso locales y parece que el mundo se ha vuelto loco. Quizás Rajoy consiga gobernar de nuevo y así seguir privilegiando a los de siempre, con la inestimable ayuda de Ciudadanos, cuya careta cayó hace ya mucho tiempo, demostrando que estaban  ahí para cerrar el paso a Podemos. Quizás Pedro Sánchez deje de liderar al PSOE, con lo que mucho nos tememos que el triunfo neoliberal siga infiltrándose en las venas de un partido que lo ha sido todo para la izquierda de este país y ahora está más a la derecha que nunca. Quizás Pablo Iglesias siga intentando una coalición de futuro para la izquierda, ciego ante la evidencia de que las élites extractivas nunca dejarán gobernar a Unidos Podemos y harán lo que sean (digo bien: lo que sea) para que no toquen poder, lo cual indica bien a las claras que hay que ser más pragmáticos e intentar cambiar lo que sea posible desde dentro a sabiendas de que no se puede cambiar todo (aunque se desee).

En fin, es este un país de zarzuela que avergüenza a sus ciudadanos (mucho españoles) pero que necesita que estos se miren bien al espejo: lo que tenemos es lo que hemos votado; ahora, rasgarse las vestiduras es inútil y absurdo. Si la corrupción no ha pasado factura al PP, e incluso en Valencia –la demencia total– ha salido también reforzado, es que algo muy grave está ocurriendo en las mentes de los ciudadanos y los resultados de esa enfermedad son suicidas (¡mátese usted, pensaría uno, pero no me arrastre!). ¿Y qué contestar a una pregunta que sigue siempre en el aire: cómo perdió Unidos Podemos más de un millón de votos? Los análisis han sido poco autocríticos, es cierto, pero han dado pistas muy evidentes. Por mi parte creo que hay dos factores nada desdeñables, al margen del mensaje del miedo y la deriva del PSOE amenazante y ridícula: 1) los votos de los españoles en el extranjero, cuya posibilidad de ejercerse se vio claramente comprometida por una ley demencial que impide de facto su ejecución y beneficia así a los dos grandes partidos de toda la vida (a nadie se le escapa que el voto desde el exterior va mayoritariamente a la izquierda); y 2) el miedo interno de aquellos que, viendo en el horizonte una posible subida de Unidos Podemos, y aun siendo esta su opción más cercana, llegaron a tener miedo de sus propias posibilidades de llegar a gobernar (ya dije que esto no ocurrirá, pero se puede creer utópicamente) Ese es un miedo interno, difícil de contrarrestar. Los votos al PP le vinieron de Ciudadanos y en parte del PSOE, es evidente.

Lo dicho: lástima que los vómitos no sean contaminantes y puedan provocar en el receptor, como en el film, la conversión en muerto viviente, pero, a fuerza de ser sinceros, habrá que reconocer que de walking dead estamos ya servidos en nuestra sociedad de espanto.


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