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Desde los tres que sabe qué quiere hacer de grande: ser la primera astronauta en visitar Marte

Sus dibujitos favoritos lo hacían. Desde los tres años su vida cobró una significación macro, un norte ambicioso, quizá la mayor proeza de la historia de la humanidad. Es la historia de Alyssa Carson, una adolescente de quince años que se entrena para vivir -instalarse- en Marte en 2030. Integrante del programa Mars One, es una de las candidatas mejor consideradas para participar de la primera expedición que viajará al Planeta Rojo con la premisa de crear una colonia humana.

“Mis amigas piensan que estoy un poco loca”, bromeó. Alyssa convirtió locura en voluntad: es la primera persona en completar el NASA Passport Program, cuando a los doce años acudió al último de los catorce centros para visitantes obteniendo el reconocimiento Right Stuff Award. Su vida adoptó un motivo, un rumbo fijo. Sus redes sociales lo presagian. En Instagram y Twitter, desde su foto de perfil hasta el común denominador de sus posteos giran sobre una misma órbita: sus sueños de astronauta. “Futuro caminante de Marte” reza el lema que acompaña su nombre, como si fuesen dos entes indivisibles. En Facebook, su imagen de portada se pregunta si Alyssa será la primera humana en llegar a Marte. La consigna es única, homogénea, obsesiva, transversal a sus (pocos) años de vida.

Su preparación es exhaustiva. Se entrena en el Centro Marshall de Vuelos Espaciales varias horas por día, de lunes a lunes. Visita los campamentos formativos de la NASA, donde ha recibido congratulaciones por sus instructores. En los “Space camps” realiza experimentos y prácticas con elementos de robótica y aviación. Habla con fluidez francés, chino, español e inglés. Su perseverancia es el motor de su épica. La obstinación de su jura más su idoneidad ya distinguida la impulsan a materializar su más ingenuo sueño: convertirse en astronauta, el culmen de la ingeniería aeronáutica, integrar el primer vuelo tripulado que viajará a Marte.

 Su padre Brett arson asumió que su hija algún día partirá en la misión más audaz de la humanidad. Entre el orgullo, la resignación y el temor, intenta disfrutar de ella contando los días que le queda hasta que el 2030 irrumpa. “Haré todo lo que esté a mi alcance. Dejaré todo lo demás, lo haré todo con y por ella, para poder pasar tiempo juntos antes de que se marche”, admitió.

Hace pocos días, el ingeniero argentino Miguel San Martín, investigador de la NASA, reveló que aterrizar en Marte es mil veces más difícil que poner un hombre en la Luna. “Porque queda más lejos, al astronauta hay que exponerlo a la radiación, se llega a altas velocidades y después para despegar de Marte que tiene una gravedad mucho más alta se necesita un cohete más grande. Todos esos pasos son muy difíciles. Hoy no sabemos cómo podríamos hacerlo. Para la Luna necesitamos dos Saturno 5 para que dos pibes pongan una banderita, pero para Marte vamos a necesitar como cinco Saturno 5 para despegar”, explicó.

El experto reveló que “el presidente Obama ha anunciado que vamos a ir a Marte con seres humanos en el 2030“, año bisagra para la vida de la joven estadounidense. “La NASA está construyendo un cohete tipo Saturno 5, de ese tamaño, y una cápsula tipo Apolo pero más grande para poder aventurarnos nuevamente fuera de la órbita terrestre. Deberían quedarse uno o dos años esperando que los planetas se alineen para emprender el retorno”, agregó San Martín.

La niña astronauta participa del emprendimiento Mars One, un proyecto privado y televisivo que prepara el sueño de colonización marciana. El desembolso del primer vuelo oscila en torno a los seis mil millones de dólares. La intención es luego enviar más astronautas cada dos años con un coste de cuatro mil millones de dólares por viaje, hasta llegar a formar una colonia de 25 humanos. La pionera quiere ser Alyssa Carson, aquella niña que a los tres años ya había decidido qué hacer de su vida: viajar a Marte, como hacen en los dibujitos.