La hidratación y el ejercicio, elementos clave para combatir las molestias digestivas en el avión

La deshidratación aumenta las posibilidades de sufrir jet lag

El estrés y el insomnio son enemigos del aparato digestivo

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Llegan las vacaciones de verano y, con el ocio estival, un aumento importante de los viajes en avión. Los pasajeros, debido al cambio brusco de altitud y de presión, sufren varios cambios fisiológicos durante el vuelo. Aparte de la hinchazón de piernas o del dolor de cabeza, las molestias digestivas son algunas de las principales consecuencias. Àlex Vidal, nutricionista de la UOC y también de Alimenta’t da algunos consejos para prevenir o combatir este tipo de malestar.

La hinchazón o la pesadez abdominal y el estreñimiento son algunos de los inconvenientes de volar. La actividad del aparato digestivo y la segregación gástrica se reducen durante el trayecto. En estos casos, los expertos recomiendan levantarse del asiento cada hora y andar por el avión. «El ejercicio permite activar la circulación de las piernas y evitar posibles trombos, pero también facilita la circulación de los intestinos, tan necesaria para regular el tránsito intestinal», explica Vidal.

Entre  los principales problemas de los trayectos en avión, sobre todo los de larga duración, hay también la deshidratación. Los pasajeros pasan muchas horas sentados y normalmente beben poca agua. Esto provoca cansancio, retención de líquidos y dificultades digestivas. Para combatirlo, el profesor de la UOC aconseja beber agua de forma regular, «un vaso o dos cada hora», tanto justo antes de empezar el viaje como durante el vuelo.

Pérdida de hasta el 30% del sentido del gusto
Otra fuente de hidratación es la dieta rica en frutas y verduras, pero no siempre es posible seguirla: los menús de las compañías aéreas suelen ser altos en carbohidratos refinados y acostumbran a tener poca presencia de hortalizas. A su vez, para compensar la pérdida de hasta el 30% del sentido del gusto cuando se vuela, se sirve comida alta en sal y azúcar. A 10.000 metros de altitud, según un estudio de Lufthansa (2010), se produce undescenso de la humedad del 15% que afecta a la boca, la garganta y la nariz, partes imprescindibles para notar los sabores. Sin embargo, la dosis extra de sal contribuye a sufrir una mayor deshidratación y, por lo tanto, a tener posibles problemas de digestión, señala Vidal.

En cuanto a los postres de estos menús, el alcohol o el café, el nutricionista de la UOC explica que son «calorías vacías». «Lo único que hacen es contribuir igualmente a la deshidratación, lo que es contraproducente también para el desfase horario o jet lag, ya que aumenta las posibilidades de padecerlo», añade.

A las personas propensas al estreñimiento, además de andar por el avión, se les recomienda tomar una comida ligera e incorporar, en la medida de lo posible, la ingesta de fibra. Los snacks que se venden en el avión elaborados a base de frutos secos son un buen aliado. «La fibra está presente básicamente en alimentos de origen vegetal; por lo tanto, los frutos de este tipo pueden ser una fuente de fibra interesante», recuerda el experto.

Relajarse y dormir, aliados del bienestar digestivo

Los momentos de nervios que pueden pasar cuando se puede perder el avión, o al pasar los controles o encontrarse con conexiones imposibles, pueden provocar una ralentización en el aparato digestivo. En casos de estrés, apunta Vidal, hay que intentar respirar profundamente y poco a poco, porque eso aporta oxígeno a la pared intestinal y regula su actividad.

En trayectos largos, siempre que sea posible, es aconsejable dedicar algunas horas al sueño. Dormir ayuda a «descansar el sistema digestivo», concluye.

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