Julio, abismo

Ana María Galarza Ferri. Periodista.Ana María Galarza Ferri.

Periodista.

 

Desde que empezó la crisis hemos aprendido a convivir con el paro juvenil y la emigración de estudiantes formados en España. La fuga de cerebros, especialmente de gente formada en el campo de la ciencia, ha sido notable. La escasa inversión en I+D+i ha provocado que muchos de nuestros jóvenes se vean obligados a desarrollar sus proyectos lejos de casa. Numerosos periodistas han escrito sobre los españoles que viven en Alemania o EEUU para poder llevar a cabo de este modo sus investigaciones pero ¿qué ocurre con los que se encuentran en el campo de las letras o de las artes?

En general, el mundo del arte es más inestable y precario pero hasta hace poco no ocurría lo mismo con filólogos, maestros o sociólogos; entre otras muchas profesiones. Los pocos puestos de trabajo ofertados, así como la escasa convocatoria de oposiciones, hace que la mayoría de universitarios se vean obligados a trabajar en puestos para los que no se han formado. La sobrecualificación laboral está a la orden del día.

El verano y el fin del curso escolar les permite a estos jóvenes un pequeño respiro. Pero, a la vez, ver que se acerca el mes de julio y con él, de nuevo, el abismo, les provoca una gran incertidumbre. La estabilidad se reduce a un contrato temporal o a una beca que, una vez terminada, vuelve a mandarles a la cola del INEM. De este modo, el margen de maniobra que tienen para poder organizar su vida se reduce notablemente. El miedo, el agobio y la ansiedad merman la autoestima de estos muchachos que una vez tras otra buscan ofertas de trabajo.

Hace poco hablaba con una compañera de profesión. Ella estudia un master y la inserción al mercado laboral no parece que vaya a producirse. Como todos, tiene que enfrentarse a la famosa conversación, transcrita a continuación como suele producirse, ya sea con familiares o con amigos:

– ¿Qué vas a hacer cuando termines el master?

– Buscar trabajo.

Buscar trabajo como profesión. Esto significa que una vez termine el master no hay nada. Duda. Una duda a la que se enfrentan ella y millones de jóvenes. Pero como todo, tiene ventajas e inconvenientes. No estar atado a un contrato indefinido permite sumar una gran variedad de experiencias tanto a nivel profesional como a nivel personal. Durante la juventud, hay más ventajas que inconvenientes pues es una situación muy enriquecedora. El problema es que hay un momento que ese vaivén tiene que parar. La pregunta es: ¿cuándo?

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