Hemos visto… ‘La más fuerte’

Los silencios emocionales

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Una imagen de la pieza teatral ‘La más fuerte’.

El Péndulo | Jimmy Entraigües.- Sala Russafa cerró su ciclo dedicado a las compañías valencianas con una pieza surgida de la pluma de uno de los grandes autores del siglo XIX, el sueco August Strindberg. Bajo el cuño de la compañía Bramant Teatre, que concluye su trilogía sobre el naturalismo iniciada con Ibsen y Chejov, la versión que Jerónimo Cornelles edifica para ‘La más fuerte’ abre un campo exploratorio de aires brechtchianos que con hábil arquitectura Chema Cardeña diseña en la dirección y sostiene férrea con su dramaturgia.

Strindberg, uno de los padres del ‘teatro del absurdo’ (del que bebieron tantos existencialistas), creó con ‘La más fuerte’ (1888) una obra breve, intensa habría que señalar, en la que somete a dos actrices a un duro de juego de expresión y diálogo contenido donde no hay respiro, ni concesiones. Para su versión, Cornellles, hace aflorar aquellos territorios donde Strindberg deja las puertas abiertas. Pone en escena a dos mujeres y un hombre de los que saldrán tres puntos de vista, tres visiones tan opuestas y cercanas como el reflejo de un especular tríptico.

Para ello, y gran parte saldrá de la mano de Cardeña, la obra toma  los elementos de la comedia dramática que, (¡tan bien!) utilizaba Brecht como recurso, en el que se involucra al espectador pero al mismo tiempo se lo lanza fuera de los violentos temas que expone (sometimiento, dependencia emocional, violencia física, maltrato…), para que respire, piense y vuelva a la escena como una oveja al corral.

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Cartel de ‘La más fuerte’.

La relación entre una camarera, una actriz y un actor se abre y se cierra como un abanico gracias al juego de encuentros, acercamientos y tensiones a los que se ven sometidos. El espacio del bar (sí, lo escénico) minimalista y austero (sí, también muy sueco) es la escenificación de los silencios porque…, si bien los personajes exponen sus cuitas, los silencios, las respuestas tardías, el segmento que separa una exposición de la otra, no es más que la evidencia de existencias grises y atormentadas. Los silencios, en ‘La más fuerte’, es también la muestra de la debilidad. La existencia de una cuarta figura que pulula en sus vidas, con dominante presencia, es la constatación sonora que habita en los silencios de cada uno de ellos.

Hay que dar la enhorabuena a Cornelles por el reto de dar una vuelta de tuerca al texto de Strindberg y felicitarlo por su composición interpretativa. Asume riesgos en dos sentidos: de ambos, sale con acierto y, muy especialmente, en las diversos registros que asume su personaje.

Muy pero que muy bien a dos estupendas actrices como Teresa Crespo y Amparo Ferrer Báguena. Ambas afrontan con soltura (e implicación) el juego que imprime la obra y…, dejan claro que ante el reto de desdoblar la personalidad de sus personajes tienen una desarrollada capacidad camaleónica. Los chispazos de realismo sucio que ponen sobre el escenario son de alto voltaje.

Quizá resulte demasiado evidente la voz en off que descubre al trío protagonista que el dominador ha abierto un nuevo ciclo de poder hacia una inocente víctima pero…, también es verdad que, en el territorio del absurdo, la evidencia es otro espejo deformado. Es de agradecer que Sala Russafa suba a escena propuestas tan arriesgadas e interesantes como ‘La más fuerte’. Es un buen camino a seguir y, por supuesto, a saludar con aplausos.

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