La NASA colocó el tema sobre la mesa desde hace décadas. La discusión ubica a diferentes actores con variadas opiniones. Allí, la agencia estadounidense que se encarga de llevar a cabo las misiones e investigaciones aeronáuticas y aeroespaciales fue contundente: “No es imposible tener sexo en el espacio, pero sí es muy peligroso”.

“Somos profesionales”, se anticipan en la NASA cada vez que surge la pregunta, descartando de inmediato cualquier posibilidad de que los astronautas, protagonistas de misiones larguísimas, caigan en la tentación de satisfacer una necesidad física y mental que para muchos es secundaria, pero para otros, primordial.

Al parecer, la culpa de que tener sexo en el espacio sea tan complicado la tiene la tercera ley de Newton. ¿De qué se trata? El famoso astrofísico Neil deGrasse Tyson, conductor de la última reencarnación del clásico Cosmos de Carl Sagan, explicó: “Como se describe en este punto, con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria. Es decir, si se empuja a la pareja, ésta devuelve el empuje con la misma fuerza”.

“En un entorno de gravedad cero se van a necesitar unas correas. Probablemente haya gente que ya está equipada con estas cosas de todos modos. Cuando una persona flota en el espacio y quiere acercarse a otro ser humano, ambos rebotan. El movimiento se preserva, no hay fricción. Se necesita algo que los mantenga juntos”, dijo DeGrasse Tyson en una entrevista con National Geographic.

“Practicar sexo en gravedad cero es muy difícil porque no tenés tracción, y no dejás de golpearte contra las paredes”, explicó Athena Andreadis, bióloga de la Universidad Médica de Massachusetts.

En los papeles, según su código de protocolo, la NASA no prohíbe la actividad sexual durante los viajes espaciales. Sin embargo, los horarios y espacios rigurosos junto al monitoreo constante desde la Tierra no contribuyen a crear un ambiente propicio para esta práctica.

¿Una prueba de fuego?

La NASA lo negó durante varios años, pero, al parecer, llevó a cabo una prueba en 1996 como parte del proyecto STS-XX, en el que se experimentó con diversas posiciones sexuales en un atmósfera ingrávida.

“El sexo en el espacio ya ha sido realizado y no sólo por extraterrestres tecnológicamente avanzados, sino también por seres humanos como parte de diversos programas de la NASA”, dijo el escritor Pierre Kohler en su libro “La Dernière Mission: Mir, l’aventure humaine”.

La supuesta “misión sexual” de la agencia estadounidense se enfocó en estudiar si los seres humanos podrían sobrevivir en órbita durante períodos largos, tanto como para tener que reproducirse en el espacio. “Sólo se probaron 20 posiciones, las cuales fueron obtenidas a través de una simulación computarizada como las más viables. Falta ver la extensión de la imaginación erótica de las computadoras y los científicos de la NASA, pero dudo que este estudio sea exhaustivo”, agregó Kohler.

Y teniendo en cuenta el hermetismo y el celoso manejo de la información que los caracteriza, no sería del todo extraño que haya una serie de descubrimientos en gravedad cero que todavía no se conozcan.

Kohler sostuvo que “los experimentos sexuales fueron grabados, así que existe en algún lugar una copia de sexo espacial. Estos videos fueron censurados incluso dentro de la NASA, debido a que la agencia espacial es bastante conservadora”.

Pese a sus complicaciones, mitos y realidades, el sexo en el espacio no deja de ser un tema atractivo, en donde la metáfora de la elevación erótica podría, entre astronautas, tomar realidad al concretar el clímax volando.