Enfermedades secretas: Mal de Siment, sífilis, afecciones venéreas en la Valencia antigua (II)

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La Sífilis. Años 30′.

En 1580 Juan Calvo, doctor en Cirugía y Medicina, considerado como una de las más brillantes personalidades de la cirugía española, dedicó una monografía a la sífilis, en su obra Primera y Segunda Parte de la Cirugía Universal y Particular del cuerpo humano. El libro alcanzó distintas ediciones, incluyendo apartados sobre los apostemas de la verga, sus inflamaciones y su tratamiento con especificación de fórmulas magistrales, en las que se incluía la miel, el agua cebada, apio, aceite rosado, hojas de violeta, cominos picados y otros que completaban el ungüento salvador de estos males. Calvo incidía en el secretismo que debía imperar en el tratamiento de estas enfermedades, sea secreto y callado, que no diga, ni descubra a ninguno la obra manual o la enfermedad que tiene el paciente, en estas partes vergonzosas, porque de ello se enojan y reciben grandes penas los enfermos, de ahí se desprende el título de enfermedades secretas que nos ha sido transmitido hasta nuestros días.

Del siglo XVIII se ven curiosas fórmulas que se recetaban para combatir dichos males. De un recetario manuscrito del doctor valenciano Joseph de Membrado, destacan las píldoras para la gonorrea, hechas de mercurio dulce, goma de palo santo con jarabe de althea. Con todo se hacía una masa a modo de ungüento que se tenía que aplicar en diez días, asegurando la curación de esta dolencia por virulenta que sea. Igual tiempo de curación necesitaba este preparado a base de colofonia, mercurio dulce, resina de palosanto, elaborándose unos polvos con jarabe de althea o de ninfea, que una vez introducidos dentro de un bote a modo de conserva, serían tomados por el paciente en diez días, todo acompañado de una dieta con ausencia de picantes y bebidas alcohólicas. Otra fórmula era un brebaje de limón y azúcar blanco. Su mezcla se debía tomar por las mañanas, siendo muy efectivo y probado para resolver la gonorrea.

A principios del siglo XIX, el médico valenciano Máximo Antonio Blasco, recomendaba a los facultativos jóvenes diversas fórmulas destinadas a sus pacientes con enfermedades secretas. Una de las propuestas, se pretendía con el método de mercurio soluble, infalible para curar los males venéreos más graves. Antes de su administración se debía tener en cuenta la preparación de los enfermos con una dieta saludable de buenos alimentos en poca cantidad, fluidos y fáciles de digerir. El mercurio debía suministrarse a razón de un gramo suspendido de una pequeña porción de agua destilada, e ir aumentando la dosis, hasta que apareciese el movimiento febril llamado fiebre mercurial. En este estado debían desaparecer enteramente los síntomas venéreos. En otros casos, la medicación debía ser acompañada de bebidas como la zarzaparrilla o cualquiera otra de las consideradas suaves.

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One Response to "Enfermedades secretas: Mal de Siment, sífilis, afecciones venéreas en la Valencia antigua (II)"

  1. Javier Luna  25 de diciembre de 2015 at 22:47

    ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual) de entonces de ahora y de siempre. Rafael Solaz aborda de modo claro y preciso un tema del cual parecían existir y todavía perduran ideas erróneas y actitudes desafortunadas.
    La conducta humana posee vericuetos muy complejos que en el presente “Comentario” ni se debe ni si puede entrar a valorar por razones obvias. Un tratamiento Interdisciplinar podría ayudarnos a entender una problemática derivada de unos comportamientos sexuales basados en el uso de la libertad individual para canalizarlos en la dirección que más oportuna se considere.
    Y como consecuencia de lo afirmado en el párrafo anterior, podemos hallarnos ante consecuencias nunca deseadas pero a veces sufridas en base al no seguimiento de las imprescindibles y básicas recomendaciones que evitarían tales contingencias.
    ¡ No renunciemos a los legítimos placeres que el sexo nos ofrece, pero seamos conscientes de que en ocasiones podemos encontrarnos en situaciones delicadas que serían fácilmente evitables !.

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