El testimonio de los españoles que participaron en el hallazgo de las ondas gravitacionales

Un equipo de la Universidad de las Islas Baleares, encabezado por Alicia Sintes, es el único grupo español que participó y uno de sus miembros, Miquel Oliver, lo vivió de primera mano

UIB/DICYT El grupo de Relatividad y Gravitación (GRG) de la Universidad de las Islas Baleares (UIB), encabezado por la científica Alicia Sintes, es el único equipo de investigación de España que ha participado en la detección de las ondas gravitacionales, un gran hito en la historia de la ciencia. Uno de sus estudiantes de doctorado, Miquel Oliver Alimiñana, lo vivió de primera mano al encontrarse en el observatorio LIGO Hanford, en Estados Unidos, cuando ocurrió. DiCYT reproduce los testimonios de estos dos científicos, enviados por la UIB.

LIGO
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Testimonio de ALICIA SINTES 

 

Justo antes de mediodía hora española del 14 de Septiembre de 2015, saltaban las alarmas en ambas salas de control de los observatorios LIGO en Hanford y Livingston, tan solo 3 minutos después de que una señal procedente del lejano universo llegase a la Tierra.


Este era un lunes especial para todos nosotros en la UIB. Acabábamos de organizar los Encuentros Relativistas Españoles (ERE2015), el viernes Alex Vañó Viñuales había defendido su tesis doctoral, nos visitaban futuros miembros del grupo (que se incorporarían a finales de mes), había obras dentro y fuera de nuestro edificio y ¡las clases acababan de empezar!

 

En menos de una hora nuestro correo de entrada se inundaba de mensajes técnicos apuntando a unos resultados del sistema de análisis de datos en línea. Era algo muy extraño, ya que los detectores estaban operando en modo de prueba y aún no había empezado de forma oficial el primer periodo de observación de Avanced LIGO, que se inició el 18 de septiembre.

 

Pero el número de mensajes incrementaba exageradamente y eso que la mayoría de nuestros colegas americanos aún debían estar durmiendo. Empecé a mirar enlaces. Todas las figuras correspondían a una señal proveniente del colapso de un sistema binario. Todo parecía muy extraño. ¡La señal era clara, de libro de texto! Y me cuestionaba si volvían a poner a prueba a la colaboración con otra inyección artificial a ciegas. Pero según la información que disponíamos, el sistema de inyecciones estaba desconectado. La sensibilidad de los detectores era ya muy buena, en comparación con la de los detectores LIGO de primera generación. Advanced LIGO en su modo más inicial era ya capaz de explorar un volumen 27 veces superior al del último periodo de observación de LIGO de finales de 2010.

 

Y más gente saltaba a comentar los datos. Por la tarde, Sacha y yo estábamos ansiosos de poder hablar con Miquel Oliver, nuestro estudiante de doctorado, que desde hacía dos semanas estaba haciendo turnos en la sala de control en el observatorio LIGO-Hanford, en el estado de Washington. ¡Teníamos que esperar a que se levantase!

 

Testimonio de MIQUEL OLIVER 

 

La experiencia de estar haciendo una colaboración externa en el LIGO Hanford Observatory durante el periodo en el que se detectó la primera onda gravitacional en la historia fue increíble y, para ser sincero, es muy difícil de explicar.

 

El día del acontecimiento me desperté con mis compañeros, que también hacían una estancia allí como colaboradores, debido al incesante aluvión de correos, todos estábamos extremadamente intrigados por entender qué estaba pasando. ¿Era posible que hubiera comenzado la fase de inyección artificial de señal fuera del periodo de observación?

 

Y la respuesta se produjo de forma inesperada. Nada más llegar al observatorio, Jeff Kissel publicó un registro poniendo en evidencia que no era un una inyección de señal, ya que este mostraba una señal nula de los canales sobre los que se producen este tipo de procedimientos. A partir de ese momento nos arrolló un tsunami de preguntas y más preguntas, que se mezcló con una sensación de euforia, que invadió a todos los que nos encontrábamos allí.

 

Unas horas después le pregunté a Michael Landry, mi tutor en el observatorio, si podía comunicarme por Skype con Alicia Sintes, mi directora de tesis, para intercambiar impresiones sobre lo que estaba pasando. Lo primero que Alicia quiso saber fue cuál era mi sensación al estar en el observatorio, yo le respondí inmediatamente que la incertidumbre sobre lo que había pasado estaba en todos y cada uno de los que allí nos encontrábamos, pero que la vision general era que en este caso no había sido una inyección de señal sino que algo asombroso había sucedido.

 

Al paso de los días el optimismo crecía de manera silenciosa en el observatorio. Todo el mundo estaba inquieto porque era difícil creer lo que acababa de pasar, sin embargo día tras día la imposibilidad de encontrar otra explicación hacía ineludible pensar que, efectivamente, las ondas gravitacionales habían sido detectadas por primera vez, que se había hecho historia y que una nueva era comenzaba a partir de ese momento.

 

Para terminar esta particular visión del acontecimiento, me gustaría mencionar los nombres de los compañeros colaboradores con los que viví esta maravillosa experiencia: Chris Biwer, Elli King, Jordan Palamos, Vincent Roma y Marissa Walker.

 

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