El sorteo de Navidad: Compramos lotería por tentar la suerte y por el riesgo de quedarnos sin el premio

Las campañas del sorteo de la Lotería de Navidad se renuevan cada año, pero el mensaje no cambia: la ilusión por compartir el Gordo. El “riesgo” de que toque a otros, la presión social y también la ilusión por conseguir dinero sin esfuerzo hacen casi imposible negarse a jugar en este sorteo aunque la posibilidad de que toque sea de “uno entre 100.000”.
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La costumbre de compartir lotería está muy extendida, tanto que el 73% de los ciudadanos entre 18 y 75 años residentes en España participaron en la edición del sorteo de Navidad de 2014, según el último informe de Percepción social sobre el juego de azar en España del Instituto de Política y Gobernanza y la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).

“Esta tradición de compartir la ilusión es algo único en el mundo, es algo muy español no existe en otros países”, explica el Director de Operaciones de la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado, Jesús Mayoral. De hecho, lo vendido en el Gordo de Navidad de 2014 representa casi un 30% de la recaudación anual de Loterías y Apuestas del Estado.

El profesor de Sociología Roberto Garvía acuñó hace algunos años el fenómeno de “juego en compañía” que explica por qué España uno de los mayores consumidores de este juego. La razón no se halla en factores culturales, explica Garvía, sino en una “casualidad”: en 1862 desapareció la ‘lotto’, el juego más asequible para la población más pobre y la compra en compañía se convirtió entonces en la mejor alternativa para seguir participando sin jugarse demasiado dinero.

Un acontecimiento “nacional”
De este modo, lo que surgió como una forma de recaudación del Estado se ha transformado con los años en una práctica social. La compra en compañía hace que el consumo de la lotería aumente mucho en Navidad, de hecho, esta práctica social, indica Roberto Garvía, hace que sea el sorteo “más importante del año”.

La familia es uno de los círculos más importantes para el juego en compañia y así fue como comenzó en el siglo XIX: el padre compraba el décimo y lo compartía con los hijos. Todavía sigue esa tradición de compartir la suerte con los seres queridos. “Que una persona joven no juegue lo entiendo pero no entendería que a partir de los 40 años, cuando tengas un nieto no les compres un décimo”, señala Xavier Gabriel, el responsable de la administración la Bruxa d’Or, en Sort, en Lleida, la que vende más lotería de España: 4 millones de décimos que llegan a 10 millones de clientes.

“Regalar lotería es la mayor prueba de no ser egoísta ni ambicioso“

Xavier Gabriel considera como “una gran suerte” que el Estado creara la lotería en 1813 como medio de recaudación. “Regalar lotería es la mayor prueba de no ser ni egoísta ni ambicioso”, asegura.

Así, el sorteo de Navidad es un acontecimiento nacional y solo unas elecciones generales, como las de este 20 de diciembre, implican a más ciudadanos, según el informe de la UC3M. Tanto es así que que en 2014 se vendió casi el 90% de los números, participo un 90% de los jugadores infrecuentes e incluso el 9,7% de los que se consideran “no jugadores”. No obstante, no solo por el volumen de juego que mueve, sino también y sobre todo por la población que moviliza.

Así es como la costumbre de compartir lotería que en un principio se limitaba a las familias más pobres se ha extendido a todos los sectores sociales y en la actualidad atrae a todos, aunque juegan más las personas con un perfil económico medio-alto, que representaron el 74,7% de los jugadores del sorteo de Navidad de 2014.

Algo que no tiene ningún otro juego
Al hacerse tan popular se ha conseguido que no sea un impuesto regresivo sino proporcionado, explica Fernando Ramos, profesor del departamento de Métodos cuantitativos e Historia Económica de la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla. “Esto es lo bueno de la lotería de Navidad que no tiene ningún otro juego”, explica.

De hecho, la ilusión de conseguir dinero en un golpe de suerte y sin el menor esfuerzo es, según el informe de la percepción social sobre el juego de azar en España, el motivo por el que más personas juegan, un 42,8%, frente al 19% que lo hace porque es algo que hacer con sus amigos o familia. Xavier Gabriel señala, entre las “muchas particularidades del sorteo” que “te hace soñar durante todo el verano y el otoño hasta diciembre”.

El profesor Roberto Garvía señala la presión social como uno de los factores a tener en cuenta para explicar esta costumbre tan arraigada: “Si alguien te propone comprar un décimo en compañía y le dices que no, puede implicar que no te fías de esa persona, que no eres como ellos y que no quieres formar parte de su grupo”.

Jugar a la lotería en compañía también es una prueba de confianza para el que juega y para el depositante del dinero. Una persona actúa como ‘broker’, compra el décimo y lo guarda como único documento válido para cobrar el premio. El resto de las personas que juegan ese número tienen que confiar en que el mensaje de texto o la fotocopia que esa persona les ha dado servirán si llegado el momento toca el premio.

A esta presión se suma el riesgo de convertirse, al día siguiente, en la única persona de su trabajo que tiene que ir al día siguiente sin que nada haya cambiado en su vida.

“Las puertas de la Navidad”
El director de Operaciones de SELAE, Jesús Mayoral, apunta a la estructura del juego de la Lotería como otro aspecto que influye a la hora de compartir. Hay 100.000 números, de cada uno se venden 160 series y cada serie tiene 10 décimos. Este formato hace que el número de ganadores sea “muy amplio”, apunta, porque el Gordo cae en un número, pero cada serie tiene 10 décimos y además puede darse la casualidad de que se hayan vendido participaciones.

Esta estructura de la Lotería de Navidad es totalmente distinta a la de otros juegos en los que cada jugador de forma individual ha elegido una combinación de números al azar. Así, recuerda Mayoral como recientemente una sola persona se llevó más de 100 millones de euros en el sorteo de la Lotería Primitva.

Además, independientemente de que la crisis haya afectado en lo económico a una persona, el dinero que puede dedicar al sorteo de Navidad está “bajo un autocontrol” y también puede decidir cuánto quiere compartir, señala Fernando Ramos para explicar como la práctica se ha convertido en tradición. “Con este arraigo es muy difícil que este sorteo desaparezca, por esa tradición de cultura que lleva aparejado lo que va dentro de la Navidad”, añade el profesor para explicar las “connotaciones culturales y sociológicas” de este sorteo.

El responsable de la administración de loterías de la Bruxa D’Or va más allá. “Las puertas de la Navidad no es ni el 21 ni el 24, es el 22 de diciembre”, asegura, y recuerda cómo “el impacto de esas cuatro horas de televisión por la mañana” le hizo comenzar a interesarse por el sorteo cuando era un niño y quería saber si a su padre le había tocado algo.

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