El policía jubilado que siguió a la asesina de Isabel Carrasco contradice su versión sobre el bolso

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Agencias El policía nacional jubilado que facilitó la detención de la asesina confesa de Isabel Carrasco al seguirla por las calles de León tras presenciar el crimen, Pedro Mielgo Silván, ha desmontado este jueves en el juicio la versión de esta y su hija, también acusada, sobre cómo se deshizo del bolso donde guardó el revólver al declarar que durante la persecución la autora de los hechos lo llevaba con ella.

Tanto Montserrat González como Triana Martínez sostienen que no había ningún plan para deshacerse del arma y que la primera metió su bolso con el revólver en otro y lo arrojó a un garaje nada más salir de la pasarela sobre la que mató a la presidenta de la Diputación y del PP de León y que la seguna al ver lo que hacía su madre y sospechar lo que podía haber pasado -la asesina llamó a su hija justo antes para decirle que estaba viendo “a la Carrasco” y que se iba a acabar todo- lo recogió temiendo que hubiera usado la pistola de su padre, inspector de policía.

El policía sostiene que mientras la siguió llevaba el bolso y que cuando la perdió en la plaza del Colón todavía lo llevaba, aunque cuando la volvió a ver unos segundos después ya se había deshecho de él. La fiscalía sostiene que fue en ese momento cuando Montserrat González pudo entregar el arma a su hija, para posteriormente dirigirse a una calle cercana para introducirla en el interior del coche de Raquel Gago, la tercera acusada.

La importancia de la declaración de este testigo radica en que la defensa de González y de su hija Triana Martínez pretende demostrar que esta recogió el bolso que había tirado su madre sin saber que había matado a Isabel Carrasco, porque no había ningún plan urdido, ni conocía la intención de su madre de acabar con la vida de la dirigente política.

El policía jubilado, testigo presencial de los hechos
Mielgo, de 68 años, paseaba con su mujer el 12 de mayo de ese año por el paseo urbano del río Bernesga y presenció cómo Montserrat González, asesina confesa, disparaba contra Isabel Carrasco, a la que su esposa reconoció previamente cuando la víctima transitaba por el mismo lugar.

En la tercera sesión del juicio por el crimen, que se celebra en la Audiencia de León, Mielgo ha explicado que poco después de las 17:00 horas de ese día se encontraba cruzando la pasarela sobre el río y vieron a una mujer rubia “vestida como de fiesta”, y su esposa le comentó que debía de ser alguien importante porque la había visto en televisión. Era Isabel Carrasco.

Detrás de ella, ha precisado, iba otra mujer a unos dos metros vestida con una parka de color caqui, un gorro negro y gafas de sol, que su mujer pensó que era la escolta de la primera y así se lo comentó.

Después de dar “unos quince pasos” tras cruzarse con ambas mujeres, escucharon un ruido “como un petardo” y al darse la vuelta vieron cómo la mujer rubia caía al suelo “de forma rígida”.

“A continuación vimos cómo la mujer que iba detrás daba dos pasos, se agachaba y disparaba tres veces en la cabeza a la que estaba en el suelo”, ha rememorado Mielgo.

El testigo: “Cuando se había alejado unos metros decidí seguirla”
Según su relato, a continuación, la mujer que había efectuado los disparos se dio la vuelta, se tapó la cara con un pañuelo y se dirigió hacia ellos tras guardar la pistola en un bolso que llevaba en bandolera y mantuvo la mano dentro empuñando el arma, cuya culata pudo comprobar que era de color negro.

Al llegar a su altura, les miró durante un momento, momento en el que ha explicado que llegó a temer que le disparara, aunque continuó la huida en dirección hacia el paseo de la Condesa de Sagasta.

“Cuando se había alejado unos metros decidí seguirla y así se lo dije a mi mujer mientras ella se encargaba de llamar al 112”, ha señalado el policía, quien durante dos años hizo seguimientos en Benidorm (Alicante) a carteristas y trileros, según ha explicado ante el tribunal.

Aunque en un momento determinado la perdió, se encontró con ella de frente en la avenida de la Gran Vía de San Marcos y la mujer, que ahora vestía una cazadora beige, se había quitado la gorra y las gafas de sol y llevaba la parka caqui y el gorro en la mano, se mostró “sorprendida”.

En ese momento pasó por el lugar un coche de la Policía Local al que Mielgo le hizo indicaciones para que parara, y volvió a perder a la mujer, si bien un hombre que estaba sentado en la terraza de un bar le indicó con el dedo un coche, y al mirar en su interior comprobó que la mujer estaba en el asiento del conductor e intentaba esconder algo debajo del asiento.

La Policía Local conminó a la mujer a que se identificara y minutos después llegó una joven que afirmó ser hija de la primera y preguntó qué era lo que estaba pasando. Instantes después, madre e hija fueron detenidas como presuntas responsables del crimen de Isabel Carrasco.

Las defensas denuncian falso testimonio
Sin embargo, las defensas de las tres acusadas han denunciado que el testigo ha prestado falso testimonio. El jurado ha podido escuchar una llamada al 112 en la que un hombre relata a la Policía, muy nervioso y con voz entrecortada, cómo se había producido el crimen y describe a la mujer que había efectuado los disparos.

Mielgo ha afirmado que no se reconoce como el autor de esa llamada, aunque posteriormente su mujer ha indicado que sí es él -tras escuchar la conversación dos veces y decir inicialmente que no era su marido- por una palabra que su marido utiliza habitualmente: “momentico”.

El fiscal ha indicado a esta denuncia de la defensa que es normal que alguien no se reconozca en la discusión. El abogado de Raquel Gago ha exigido al tribunal que no consienta más mentiras de los testigos.

Triana dijo a su madre que no dijera nada del arma
La inspectora Elena Sánchez, que dirigió la investigación por el crimen de la presidenta de la Diputación de León Isabel Carrasco, ha explicado que la policía local Raquel Gago quedó en libertad tras entregar el arma homicida porque su declaración fue “coherente”.

Raquel Gago entregó el arma en Comisaría treinta horas después del crimen y explicó que su amiga Triana Martínez debía de haberla dejado allí sin que ella se percatara. Además, ha detallado que varios policías escucharon en Comisaría a Triana Martínez decir a su madre que no dijera nada del arma porque la tenía una policía amiga suya y podían buscarle un problema.

Media hora después verificaron que Gago tenía el arma porque ésta había llamado a un policía amigo para explicarle lo sucedido.

En el banquillo se sientan tres acusadas: Montserrat González, su hija Montserrat Triana Martínez y la amiga policía de esta última, Raquel Gago. El fiscal cree que las tres urdieron un plan para asesinar a Isabel Carrasco con el mismo grado de responsabilidad en los hechos cada una y pide 23 años de prisión para cada una de ellas.

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