“El creacionismo echa a Dios la culpa de 20 millones de abortos por año”

Francisco Ayala, catedrático de Biología en la Universidad de California

El biólogo Francisco José Ayala (Madrid, 1934), exfraile dominico, especializado en genética y evolución, es uno de los científicos más relevantes de nuestro siglo. Con 82 años, investiga e imparte clases en la Universidad de California en Irvine (EE UU), donde posee el único título de University Professor otorgado por la institución. Hablamos con él sobre ciencia, religión y política.

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Francisco J. Ayala, en la sesión de fotos previa a la entrevista. / Fundación Lilly

Con 82 años, Francisco Ayala no tiene planes de dejar de ser científico. Cada vez que viene a España, no para. En su último viaje a su país de origen, ha sido investido honoris causa por la Universidad Pontificia de Comillas, maestro por la Universidad de Alcalá de Henares y ha dado decenas de charlas y entrevistas.

Es un experto en biología evolutiva en EE UU, un país donde este tema resulta controvertido. ¿El creacionismo continúa siendo una teoría tan fuertemente asentada?

“La Biblia no se puede interpretar como si fuera un libro científico”

Sí, porque hay mucha ignorancia. El creacionismo viene de gente sin demasiada educación, personas cristianas que creen que tienen que aceptar la Biblia literalmente, y por eso rechazan la evolución. No saben que, a lo largo de la historia de la Iglesia, los teólogos se han dado cuenta de que no se trata de un libro científico y de que, por lo tanto, no se puede interpretar como si lo fuera.

 Se podría decir que es un choque entre ciencia y religión…

Un choque innecesario. La evolución biológica es más consistente con la religión cristiana que el creacionismo. Si Dios nos hubiera diseñado como somos –que es lo que los creacionistas piensan–, tendría que dar cuenta de por qué el sistema reproductivo de las mujeres está tan mal diseñado que el 20% de todos los embarazos termina en aborto espontáneo. O sea que el creacionismo estaría echando a Dios la culpa de unos 20 millones de abortos por año. Eso es una blasfemia, y no es su intención. Sin embargo, si somos el resultado de una evolución natural, eso solo supondría que unos organismos funcionan mejor que otros y por eso sobreviven.

Han pasado más de 150 años de la publicación de El origen de las especies. ¿Quedan preguntas por responder en torno a la evolución?

Hay más preguntas ahora que las que tenía Darwin. La ciencia posee una característica: cuanto más se sabe, hay más cosas que uno es consciente que desconoce. Es como una isla. El conocimiento es lo que está en la isla y el océano inmenso es todo lo que no sabemos. El contacto entre la ciencia y lo que no sabemos se encuentra en las orillas de la isla. A medida que la ciencia avanza, la isla se hace más grande y las áreas de contacto son mayores todavía, hay más preguntas que hacer.

La evolución tiene una explicación para la monogamia, pero ¿qué puede decir del hecho de que cada vez se tengan menos hijos?

Es una cuestión en primer lugar personal, pero debe ser una decisión social también. Hay demasiadas personas en el mundo. Si se duplicara la población humana en una generación, y en 30 años pasáramos de 7.000 millones a 14.000 millones de habitantes en la Tierra, sería un desastre. Cuando la población era pequeña y se estaba produciendo la expansión de la humanidad, era razonable tener varios hijos. Pero en el momento actual, estamos probablemente cerca del punto de saturación. Probablemente la humanidad va a aumentar todavía en dos o tres mil millones en los próximos 20 años, pero esperemos que para entonces se estabilice.

Utilizando herramientas como la ingeniería genética, ¿ve posible alcanzar la cura para enfermedades como el cáncer?

El cáncer son muchas enfermedades, por lo que habrá que buscar varias curas. Algunas ya se han encontrado y otras se empiezan a descubrir. Ahora se eliminan enfermedades mortales y se alivian las secuelas de otros defectos genéticos por medio de terapias y buena alimentación. Y gracias a esto, aumenta el promedio de vida. No se trata de que los humanos posean genes que les permitan vivir más, lo que tenemos que hacer es curar las enfermedades genéticas para que la gente pueda vivir más. Pero no añadir genes que aumenten la esperanza de vida, porque no hay razón para esperar que eso se pueda hacer. Son cosas demasiado complejas para que las podamos manipular, al menos en el estado actual de la ciencia.

¿Cuál es la línea de investigación biomédica más puntera en estos momentos?

“La ciencia posee una característica: cuanto más se sabe, hay más cosas que uno es consciente de que desconoce”

Un área general es la que está relacionada precisamente con la genética. Se han hecho avances increíbles en los dos o tres últimos años que no pensábamos que serían posibles. Ahora podemos identificar un gen defectuoso y corregirlo. Aunque en seres humanos no se puede hacer todavía por razones legales, las técnicas CRISPR/Cas9 se están usando en animales.

Estas correcciones genéticas van a tener grandes consecuencia para las personas, no para las generaciones siguientes, porque para influir en ellas habría que corregir estos genes en las células germinales, en los óvulos y los espermatozoides. Y eso es algo que se podrá hacer en un futuro, pero no muy próximo. Aunque, ¿quién sabe? Siempre es cuestión de que alguien venga con la técnica apropiada…

Formó parte del proyecto Genoma Humano en sus comienzos. ¿Se han cumplido las expectativas en estos años?

Se han cumplido las expectativas de las personas que entendían, no las expectativas de las personas ingenuas que, aunque eran buenos científicos, no conocían bien la evolución. Digamos que lo mejor que ha pasado con el estudio del genoma humano es un avance de la tecnología genética inesperado, increíble. Abrió muchas puertas. Poco a poco estamos aprendiendo lo que hacen los genes y cómo impactan en la vida humana y en la de otros animales y plantas.

Con 82 años, ha escrito más de 1.000 artículos y continúa plenamente en activo. ¿Se deja alguna vez de ser científico?

Si uno quiere dejar de ser investigador, dejará de serlo. Yo no tengo planes para ello. En EE UU, desde finales de los 80, te puedes jubilar voluntariamente o por incapacidad, pero no se puede discriminar por edad, raza o sexo. Así, a los que nos gusta la investigación y la enseñanza seguimos en ello.

Se encuentra en España por una pequeña temporada. ¿Cómo valora la situación actual de la ciencia desde su punto de vista?

“Muchos científicos españoles jóvenes, de los mejores, se van al extranjero y se quedan allí”

La ciencia en España estaba en una condición miserable cuando salí de España en 1961, y siguió en una situación deplorable hasta los años 70. Poco después de la muerte de Franco y, sobre todo, cuando gobernó por primera vez el partido socialista, se empezó a invertir más en ciencia. Esto llevó a una expansión de la ciencia española enorme.

Pero, aunque los socialistas de entonces decían que iban a llegar hasta el 2% del PIB, nunca fue así. De los países avanzados somos casi el más bajo de todos. España tiene además otras limitaciones legislativas y estructurales que interfieren con su crecimiento. Esto supone un desangre. Muchos científicos españoles jóvenes, de los mejores, se van al extranjero y se quedan allí.

¿Nunca se ha planteado volver a España?

La vida académica en EE UU para mí fue muy fácil. Y esto es otra contraposición con la situación en España. Nunca he hecho oposiciones, ni he solicitado la admisión. Siempre me han ofrecido puestos. Eso no pasa en España. Aquí nunca me ofrecieron nada concreto. Si se hubiera concretado algo, lo hubiera considerado. Aunque no sé si hubiera vuelto porque el ambiente científico es mucho más favorable allí.

Se le han otorgado numerosos premios y condecoraciones, pero, ¿le queda alguno en el tintero que le haría especial ilusión?

Podría mencionar el Premio Nobel, pero no hay de Biología. Cuando se inventaron estos galardones, muy al principio del siglo XX, la disciplina era muy incipiente. Pero estaría bien. A todos nos gustan los premios. Solo en este viaje voy a recibir dos o tres medallas, además de un doctorado Honoris Causa. Es lícito pensar que te pueden dar más premios, igual que si uno colecciona joyas no hay razón para no desear que le regalen más joyas. Pero a mí me han dado suficientes.

Esta entrevista forma parte de la serie 15 Citas con la Ciencia, una iniciativa de la Fundación Lilly para conmemorar su 15º aniversario.


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