El Clínico advierte sobre la aparición del ‘síndrome de retraso de fase’ en adolescentes con el inicio de curso

el Clínico advierte sobre la aparición del 'síndrome de retraso de fase' en adolescentes con el inicio de cursoLa Unidad del Sueño del Clínico advierte sobre la aparición del ‘síndrome de retraso de fase’ en adolescentes con el inicio de curso
La Unidad del Sueño del Hospital Clínico de Valencia informa que con motivo del inicio del curso escolar y académico, y la vuelta a los horarios fijos, entre un 7% y un 16% de los adolescentes y adultos jóvenes podrían manifestar el trastorno del sueño conocido como “síndrome de retraso de fase”.

El síndrome de retraso de fase es un trastorno de los ritmos circadianos del ciclo sueño-vigilia. El ritmo circadiano lo entendemos como las oscilaciones de distintas funciones fisiológicas que ocurren en los seres vivos como una adaptación interna ante los estímulos ambientales, sobre todo los cambios de luz y temperatura, a lo largo del día.

Según explica el doctor Entrambasaguas, especialista del Servicio de Neurofisiología del Hospital Clínico de Valencia, “este ciclo, con una duración cercana a las 24 horas (circadiano), está regulado por el cerebro e influido por el ambiente, de forma que estamos alerta durante el día, sentimos sueño al caer la noche, y dormimos en las horas de oscuridad. Las personas que no tengan bien sincronizados sus ritmos internos de sueño y vigilia con la norma social, pueden presentar dificultades para adaptarse a los requerimientos de horarios de trabajo o clase, tras la libertad de horarios de las vacaciones”.

Este médico añade, “hay personas que están más activas al caer la tarde y noche, mientras que otras lo están a primera hora de la mañana. Estos diferentes “cronotipos” vespertino y matutino, parecen tener una base genética, pero también están sujetos a las influencias ambientales. Dado que nuestra sociedad funciona gracias a la sincronización horaria de la población (nos levantamos, trabajamos, comemos y dormimos en horarios muy similares) aquellas personas que no tengan sus ritmos adaptados a estos estándares, pueden presentar un problema de ajuste de su sueño.

“Cuando llega la hora de dormir, muchos adolescentes están alerta, y por lo tanto presentan insomnio cuando se meten en la cama a la hora en que deberían iniciar el sueño. En cambio, a la hora de despertar, su ritmo circadiano interno está aún en una fase de sueño, por lo que les resulta muy difícil despertarse y estar activos tras levantarse, presentando frecuente somnolencia durante el día”. “En cambio, cuando deciden libremente la hora de acostarse y levantarse, se sienten más descansados y duermen un número adecuado de horas”, explican los especialistas de la Unidad del Sueño, que incluye a la doctora Cases, jefe del servicio de Neurofisiología, y la doctora Cors, médico residente.

Desde la Unidad del Sueño inciden en que “en la pubertad suele producirse un retraso biológico interno de la hora en que los adolescentes sienten sueño y por tanto necesidad de acostarse. Entre los 14 y 17 años, se recomienda dormir entre 8 y 10 horas, y entre los 18 y 25 años, la recomendación es de entre 7 y 9 horas”.

No obstante, tal y como explica el doctora Entrambasaguas ” el inicio de las clases a las 8 de la mañana obligaría a muchos adolescentes y jóvenes a acostarse a una hora relativamente temprana para dormir las horas recomendadas para su rango de edad. Están en un momento de la vida en que el reloj interno se retrasa y son frecuentes las actividades extra académicas que se prolongan hasta bien entrada la tarde, además de la oferta de televisión y la posibilidad de uso ininterrumpido de internet o redes sociales”. Del mismo modo subraya que “con frecuencia, adolescentes y jóvenes se acuestan más tarde de lo que deberían porque no sienten sueño o porque las condiciones ambientales facilitan que no lo concilien, y pueden verse obligados a levantarse antes de haber finalizado su ciclo de sueño para asistir a sus clases”.

La expresión extrema de este desajuste es el síndrome de retraso de fase, en el cual el ciclo interno de sueño-vigilia del paciente está tan retrasado respecto a la norma social, que llega a causarle problemas de rendimiento y concentración. “Un paciente en esta situación debería consultar con un médico especialista con formación en medicina del sueño, ya que en nuestra experiencia no es infrecuente que se le diagnostique de forma errónea de otro trastorno del sueño, como insomnio, narcolepsia o síndrome de apneas del sueño. Tras el correcto diagnóstico, el tratamiento recomendado se basa en un ajuste paulatino de los horarios de sueño, exposición a luz solar al despertar y terapia cognitivo-conductual. En nuestra serie de pacientes, este tratamiento ha tenido éxito en todos los casos”, explican.


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