El carrito del destino. Una vida infantil sobre ruedas

La fotografía, un niño, un carro. Al dorso: 17 de junio de 1948.

Niño con carro. Junio, 1948

Niño con carro. Junio, 1948. A. P. R. S.

El niño mira forzado a la cámara. Le repetían una y otra vez: ¡Mira aquí, no te muevas! Y él seguía sosteniendo entre sus manitas ya cansadas ese carro que, quizá, le fue regalado por los Reyes en la noche mágica. Un carrito fabricado por un carpintero amigo de la familia, quizá su padre, o su tío, ¡que más da! Le servía de diversión y tal vez de aprendizaje para no se sabe que oficio. ¿Tres años? El anónimo chiquillo habría nacido sobre 1945, época total de posguerra y necesidad. Pero él tenía el carro, todo un tesoro al que otros niños no podían siquiera acceder.

¿Tres años? El anónimo chiquillo habría nacido sobre 1945, época total de posguerra y necesidad. Pero él tenía el carro, todo un tesoro al que otros niños no podían siquiera acceder

Detalle de la fotografía, 1948El pantalón sujeto por unos tirantes de la misma tela había sido confeccionado por su madre. Y las sandalias de verano aún no le quedaban lo suficientemente pequeñas como para pasarlas a otro miembro de la familia.

Valencia, junio de 1948, días de racionamiento y cortes de luz, como si quisieran apagar las vidas y el hambre. Ese mes hubo varios actos en recuerdo a los caídos ¿Qué caídos? Los de un solo lado

Valencia, junio de 1948, días de racionamiento y cortes de luz, como si quisieran apagar las vidas y el hambre. Ese mes hubo varios actos en recuerdo a los caídos ¿Qué caídos? Los de un solo lado. Se había construido el Mercado de Abastos de Guillem de Castro y vino el ministro de la Gobernación a inaugurarlo. También un nuevo pabellón en el Asilo-Colegio de Sordomudos. La Virgen de los Desamparados recorría diferentes feligresías y, en Alboraia, se celebró el Congreso Eucarístico comarcal coincidiendo con el IV Centenario del Miracle dels Peixets. En la plaza de toros se presentaba un joven novillero de 16 años, Julio Aparicio. El Teatro Principal presentaba la Compañía de los Bailes Rusos, con entradas a precios elevados. Mercado, sordomudos, reunión eucarística, milagro de Carraixet, toros y bailes, para una sociedad honorificada por ministros que gobernaban privilegios.

Y mientras nuestro niño seguía recorriendo con su carro de barrotes y ruedas las calles, intentando seguir el tañido de las campanas con sones de hora y difunto

Y mientras nuestro niño seguía recorriendo con su carro de barrotes y ruedas las calles, intentando seguir el tañido de las campanas con sones de hora y difunto. No sabemos si en el transcurso de su vida habrá llegado a ser conductor, carretero, operario de un taller, funcionario o empresario. Ministro no. Han pasado sesenta y seis años. ¿Qué habrá sido de ese niño de mirada forzada y flequillo que sostenía su destino? Quizá continúe enganchado al carro de la vida.

Una fotografía, un niño y un carrito de madera. Todo ocurrió en junio de 1948.

A. P. R. S. = Archivo Privado de Rafael Solaz

 

 

 

 

 

Valencia noticias Noticias de Valencia, Castellón y Alicante Periódico, prensa digital valenciano, Noticies en Valencià, noticias nacionales e internacionales.

2 Responses to "El carrito del destino. Una vida infantil sobre ruedas"

  1. Javier Luna  10 de septiembre de 2014 at 16:42

    Una tierna fotografía del Archivo Privado de Rafael Solaz nos sirve de interpelación al sentido y a la transcendencia de nuestra vida. Los ojos del niño nos miran fijamente reclamando nuestra atención y respuesta a sus necesidades. El carro vacío es la metáfora de una vida que empieza y que ha de ir llenando de experiencias según el modelo que le ofrecían los adultos de entonces, pero también de hoy y de siempre.
    Una imágen evocadora de una dura y triste posguerra en la que el niño de la fotografía y otros tantos niños/as como él podrían hablarnos para que, quienes no la vivimos, sepamos apreciar las circunstancias actuales -ciertamente también difíciles- y valorar el esfuerzo y la necesidad constante de ser solidarios con quienes más lo necesitan.
    La vida necesita de personas deseosas de cambiar el mundo y estoy seguro de que tú -amigo/a lector/a- eres una de ellas. Yo cada mañana me levanto dispuesto a ello y espero poder conseguirlo.

    Responder
  2. Julio Cob  11 de septiembre de 2014 at 23:08

    El niño posa y se muestra como tristón ante la cámara con su carro vacío, pero no así su mente que viajará en su imaginario por unos senderos que pese a no ser los de la opulencia por aquellos años de la postguerra, tras la “noche mágica” que nos cita Rafael Solaz, lo haría con la ilusión de sentirse mayor, en aquellos juegos donde con una muñeca de trapo igual lo hacíamos como papás y mamás

    Y los listones de madera tenían su aquel y eran el mejor remedio para procurar nuestro disfrute en aquellos años de penuria. Guerras de espadas. ¿Por qué nos gustaba jugar tanto a la guerra?, me pregunto. Patines de roces, también, pero por calles empedradas que frenaban nuestro ímpetu.
    Jugábamos a ser mayores y lo pasábamos bien con apenas dos juguetes que en tantas ocasiones repetían los Reyes Magos una y otra vez.

    La dura postguerra marcó una época que Rafael Solaz nos la recuerda mediante una crónica que nos sitúa en aquel año 1948 en el que los niños jugábamos a velocidad de carro. Carro lento, pero también seguro.

    Responder

Leave a Reply

Your email address will not be published.