El cambio de modelo productivo hacia una economía sostenible

El cambio de modelo productivo hacia una economía sostenible centra las últimas sesiones de las jornadas sobre el Mediterráneo frente al cambio climático

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El hecho de que el actual proceso de cambio climático (CC) sea el primero provocado por la sociedad, supone para el director de la oficina española de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que la dimensión social sea clave para afrontarlo. Por ello las Naciones Unidas está llevando a cabo el mayor programa transformador que jamás se haya realizado en la Humanidad.

Presentado por la directora general de Cambio Climático de la Generalitat, Maria Diago, Nieto ha abierto esta tarde el capítulo socioeconómico de este encuentro. El desafío ante el cambio climático es enorme, mucho mayor, por ejemplo, al que se enfrentó la Humanidad ante la Revolución Industrial, ha subrayado. Ahora bien, hay soluciones. Entre ellas, destaca la creación de otros intereses económicos fundamentados en una nueva economía baja en carbono o el cambio en la forma de concebir la energía.

Más allá de estas soluciones, Joaquín Nieto, considera que la clave para afrontar este desafío con éxito es la transición justa entre la economía actual y del futuro. Un concepto, el de transición justa, que es preciso incluir en la agenda climática y otorgarle contenido, definido como un conjunto de mecanismos de direcciones a los gobiernos para conseguir una economía baja en carbono y generar más empleos. Nieto ha finalizado aconsejando a los gobiernos una pauta, la de caminar hacia un modelo productivo nuevo y hacia una economía más sostenible. Y ha ofrecido el apoyo de la OIT al nuevo gobierno valenciano en caso que decida apostar por esta transformación, que ve necesaria.

Al lado de los más vulnerables

El secretario autonómico de Medio Ambiente, Julià Álvaro, ha abundado en esta idea al presentar la útima mesa redonda de las jornadas. “Como administradores públicos hemos de estar al lado de los más vulnerables”, ha subrayado, “también con los que vienen de Africa”. Hay que apostar por iniciativas por las que hasta ahora no se apostaba y poner limitaciones a quienes hasta ahora no han tenido, ha añadido. Buscar vías alternativas y complementarias para la gestión de recursos como el agua.

“Queremos ser un ejemplo de lucha contra el cambio climático”, ha enfatizado Giuseppe Grezzi, concejal de Movilidad Sostenible del Ayuntamiento de Valencia. Un modelo de desarrollo cada vez menos dependiente de los combustibles fósiles. Grezzi ha hablado de una “revolución cultural” y de un nuevo modelo de cultura urbana al referirse a la reducción de gases de efecto invernadero (GEI). Ha apostado por consensos ciudadanos al mencionar la creación de la Mesa de la Movilidad Sostenible, encaminado a una gran pacto ciudadano, en el que pierda protagonismo el coche privado.

Diseñar ciudades para consumir menos CO2 es crea mejores espacios para vivir, ha corroborado Lluis Ferrando, director general de Vertebración del Territorio y Urbanismo de la Generalitat. Ciudades integradas y polifuncionales, compactas. Hay que limitar el crecimiento de las ciudades y volcarse en la recuperación de espacios ya existentes. “Controlar el borde urbano”, en definitiva.Y a escala territorial, apostar por un diseño equivalente con una visión global, con medidas avanzadas como un plan de infraestructuras verdes y un plan del litoral.

La directora general de Industria y Energía, Júlia Company, ha empezado por una apuesta prioritaria: el cambio del modelo energético, fundamental para el cambio de modelo productivo. Un modelo en el que existen incluso posibilidades de negocio en la mitigación y adaptación al CC. El desarrollo sostenible “necesita un modelo energético propio”. Los planes de acción de eficiencia energética, el aprovechamiento de los propios recursos y el fomento de las energías renovables forman parte de ese modelo. Además, una apuesta por “situar al ciudadano y al consumidor en el centro de la política energética”.

Agricultura en la economía baja en carbono

En el contexto del CC, la importancia de la agricultura no debe medirse por su peso en dinero, es decir en el PIB, es “mucho más que eso”, ha subrayado Rodolf Canet, del Institut Valencià d’Investigacions Agràries. Es un “agente extraordinario de vertebración del territorio” que da vida, además, a zonas desfavorecidas. Se ve afectada por la sequía, la pérdida de la calidad de las aguas, que afecta a la productividad, e incluso se ve afectada por la lucha contra el CC porque “calcular la huella de carbono cuesta dinero”, por ejemplo al introducir ese cálculo en el transporte de los productos. Pero en una sociedad avanzada, la agricultura genera materias primas para la industria, confiere sentido y diversidad al turismo rural y se convierte en agente activo en la mitigación del CC. Por eso, Canet reivindica integrar la agricultura en la economía baja en carbono. “La agricultura es la sociedad, el territorio y somos todos”, ha concluido.

El investigador biomédico Ferran Ballester, en fin, ha abordado la relación en entre la meteorología, el clima y la salud y, especialmente al impacto de las temperaturas en la salud de la sociedad valenciana, que ha mostrado su importancia en los estudios de los últimos quince años. “El cambio climático es el principal problema de salud global que enfrentamos en el mundo actual”, ha sentenciado. Los efectos varían según latitudes. En Valencia 21-23 grados es la temperatura de confort. En Helsinki, 11 grados. Por encima del nivel de confort, la mortalidad, ha explicado, se incrementa entre nosotros en un 3%, frente al 2% en ciudades del norte de Europa. Habrá que investigar, pero es seguro que se producirá un incremento de muertes y enfermedades por fenómenos metereológicos extremos relacionados con el CC. En este sentido la mitigación consiste en “buscar beneficios compartidos” por la acciones en distintas áreas.


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