El beso ¿Por qué se besan los humanos?

El beso, una tormenta química. Cada contacto labial desencadena un alud de reacciones orgánicas que el cerebro transforma en bienestar

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Según la BBC Si lo piensas un poco, podrías llegar a la conclusión de que besarse es extraño, incluso repulsivo. Intercambias saliva con alguien, a veces por un tiempo prolongado. Además, con un beso se pueden traspasar hasta 800 millones de bacterias, no todas buenas para la salud. Aun así, seguramente todos recuerdan su primer beso con todo lujo de detalles, ya sean vergonzosos o placenteros. Y la práctica sigue jugando un papel importante en todo nuevo romance. Al menos es así en la mayoría de las sociedades.

Un beso es mucho más que un gesto de cariño. Una de las mayores tormentas químicas, y también una de las más sanas y grandes revoluciones interiores que pueden vivirse, se desata en el organismo en el momento en que se rozan los labios con la piel de otra persona. Cada beso consume como mínimo 12 calorías, mueve hasta 36 músculos y acelera el ritmo cardiaco de 60 a 100 latidos por minuto. Su impacto refuerza el sistema inmunitario y activa la parte central del cerebro, en una suerte de efecto dominó, que mitiga el dolor y favorece el buen funcionamiento del corazón, el estado de ánimo, el tórax, el abdomen, los genitales. Al psiquiatra Jesús de la Gándara, autor del libro ‘El planeta de los besos’, no le caben dudas. “Buena parte de nuestra felicidad depende de los besos que demos y recibamos. Lo sano -ceta- es besarse varias veces al día”.

Los labios y la boca, según explica, son una de las zonas del cuerpo con mayor número de terminaciones nerviosas directamente conectadas con el cerebro. Cinco nervios informan de la llegada de este gesto de cariño al sistema límbico, que se sitúa en la parte central del órgano de la sensatez y gestiona las percepciones de placer y satisfacción. El cuerpo entero se altera con la revuelta hormonal que se desata en ese justo momento. “La neuroquímica del beso es muy rápida y muy intensa”, describe el experto.

La información recibida corre como la pólvora por el tronco del encéfalo, que regula los mecanismos del aparato respiratorio. La respiración se acelera y con ella el ritmo cardiaco, la presión arterial, la salivación, hasta el tono muscular. Algunos estudios apuntan incluso que se llegan a reducir los niveles de colesterol. “También es posible que se activen otros sistemas de neurotransmisión, como el ácido Gaba, que modula las respuestas de la tranquilidad y la relajación, y el sistema endorfínico, que favorece el control del dolor”, detalla el psiquiatra, cuyo ensayo, el más completo análisis de los besos, desde diferentes puntos de vista, está agotado en librerías.

Menos de la mitad

Quizá en Occidente se pueda considerar que besarse de forma romántica es un comportamiento universal, pero un estudio publicado recientemente sugiere que menos de la mitad de las culturas del mundo lo practican.

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El beso romántico podría ser una invención reciente.

Además, es algo extremadamente raro en el reino animal. Así que, ¿qué es lo que hay detrás de ese comportamiento?

Si cumple su función, ¿por qué no lo hacen todos los humanos y los animales?

De acuerdo a un nuevo estudio llevado a cabo en 168 culturas, sólo el 46% de las sociedades practican el beso como gesto romántico.

 

Investigaciones anteriores habían estimado que era común en el 90% de las culturas del mundo. Pero este nuevo estudio excluyó los besos entre padres e hijos y se centró solamente en el beso romántico, el que las parejas se dan en los labios.

Tras analizar las sociedades cazadoras-recolectoras, los investigadores no hallaron evidencias de que sus miembros se besen, ni que tengan deseos de hacerlo.

Algunos incluso lo consideran repugnante.

Inhalando el alma

Según reportes, para la tribu mehinaku de Brasil llamado beso romántico es intolerable.

Y dado que el de estas sociedades es el más cercano al estilo de vida de nuestros ancestros, es probable que ellos tampoco se besaran.

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El beso no existe en todas las culturas.

Por ello, el estudio descarta la creencia de que besarse de forma romántica sea un comportamiento universal, señala William Jankowiak, de la Universidad de Nevada, en Las Vegas, Estados Unidos.

Más bien parece un producto de las sociedades occidentales, una costumbre que pasó de generación en generación, añade.

Y existe evidencia histórica que respaldan esta teoría.

El besarse como se hace hoy en día parece una invención bastante nueva, dice Rafael Wlodarski, de la Universida de Oxford, en Reino Unido.

El experto ha pasado años buscando evidencias de cómo ha cambiado esa práctica. La prueba más antigua la encontró en unos textos en sánscrito de más de 3.500 años.

En estos se describía el beso como la acción de inhalar el alma del otro.

 Besarse es una manera de acercarse lo suficiente como para olfatear los genes de la potencial pareja”
Según los expertos…
Asimismo, descubrió que los jeroglíficos egipcios representan figuras humanas unas cerca de otras, pero no con los labios pegados.

Entonces, ¿es el beso algo natural para nuestra cultura pero que otras han suprimido? ¿O una invención del humano moderno?

El gen de la adolescencia

Los besos favorecen la liberación de una enorme cantidad de endorfinas, que son unas hormonas que favorecen el bienestar por su gran capacidad analgésica; y también de oxitocina, dopamina y testosterona. La primera de ellas está ligada al cariño y la ternura y es determinante en momentos claves de la vida como el enamoramiento, el orgasmo, el parto y el amamantamiento del bebé. La dopamina, por su parte, es un neurotrasmisor relacionado, entre otras funciones, con la memoria, la creatividad y el riesgo;y la testosterona, con la actividad sexual, fundamentalmente masculina.

Al beso, desde el punto de vista de la salud, también se le relaciona con su famosa enfermedad, pero lo cierto es que, más allá de la mononucleosis -un cuadro típico de la adolescencia que se manifiesta con fatiga y dolor de cabeza y garganta, producido precisamente por el intercambio de saliva-, los besos refuerzan el sistema inmunitario. No importa lo profundos que sean, ni siquiera si se dan en la mejilla. Todos ellos permiten el intercambio familiar de virus y bacterias y protegen a los miembros de un clan contra las mismas enfermedades.

Con la llegada de la adolescencia, el cuerpo activa un gen, bautizado preciosamente como Kiss1 (beso, en inglés), que predispone al adolescente para abrirse al amor y rechazar las carantoñas que tanto le gustaron hasta entonces. “La cacerola se pone en marcha”, describe de manera gráfica el psiquiatra. “El cuerpo se prepara para el primer beso de amor, que es el que en los cuentos despierta de su letargo a príncipes y princesas.De golpe, uno deja de querer los besos de su madre y busca los de su amada”.

Cantidad y calidad

La calidad de los besos que se den es de tal importancia que, incluso inconscientemente, resultan determinantes a la hora de seleccionar una pareja. Al contacto piel con piel, “con el simple roce de las mejillas”, el cuerpo de la persona besada recibe información, a través de las feromonas, del grado de compatibilidad que puede unirles. “Aunque se desconoce el mecanismo exacto con que funciona este proceso, esto es así. Los hombres utilizan el beso como una forma de profundizar en la relación sexual, mientras que las mujeres reciben información sobre la calidad de los lazos afectivos de la pareja”. Los besos de ellas son más suaves, más íntimos y como consecuencia activan más receptores y mandan más señales al cerebro.

La pérdida de besos suele ser en la pareja un indicador del comienzo o la existencia de una crisis. “A los que vienen a mi consulta, siempre les pregunto cuánto se besan”, detalla el psiquiatra. “¿Ustedes se levantan con un beso, se acuestan con un beso, cuando salen de casa se despiden con un beso? ¡Ah, que no les gusta…! ¡Vale, vale! Sigan así”.

El especialista, jefe de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos, dice que en las familias, los besos “nunca deben suspenderse”. Aunque sean ritualizados, siempre comunican. “En mi casa, nadie se va a la cama sin un beso. No importa que estés enfadado. Darlo es una forma de apaciguar tensiones y decir ‘estoy enojado, pero te quiero'”.

Tres besos bastan

El ‘Kamasutra’, el clásico texto hindú sobre comportamiento sexual humano, distingue hasta 30 tipos de besos diferentes, pero en realidad, son sólo tres. Los más comunes, el origen de todos los besos del mundo, son los de reconocimiento, a los que se suman el beso familiar y el erótico. Todos los que se puedan dar y recibir en una vida están ahí.

El beso no es ni moderno ni exclusivo de la especie humana. Forma parte de la fracción más animal de las personas, la que nos conecta directamente con la naturaleza. El primer beso datado entre humanos es del año 1500 antes de Cristo y se localizó los templos de Khajuraho y Konarak, en India.

Como herencia de nuestro pasado animal, nos ha quedado, según explica el psiquiatra Jesús de la Gandara, el beso de reconocimiento, que busca apaciguar a la persona que está contigo, informarle de que no eres un enemigo. En los animales, como en las personas, busca apaciguar y con ese objetivo muchas especies se rozan las mejillas. Es una forma de reconocer la autoridad del otro. Es el beso cordial que se da en la calle.

El beso familiar está ligado al proceso de nutrición y los antropólogos lo relacionan con el amamantamiento. Es muy distinto del que se da a un conocido o en un saludo profesional. Mucho más cariñoso, el beso entre padres e hijos, sin ser erótico tiene también un componente sexual, más cuanto más pequeños son los críos, que es cuando más se les achucha. El beso se acompaña de abrazos y carantoñas.

Los treinta besos del ‘Kamasutra’ y todos los uno se pueda inventar por el camino forman parte del beso erótico, puramente sexual. Es el que se da cuando se está enamorado, el que enciende las hormonas y predispone para el sexo.

Los besos son necesarios para la salud a todas las edades, pero sobre todo para los niños. Una de las comunicaciones emocionales más importantes que puede recibir el cerebro en formación de un crío es la del beso de sus padres.Los niños que crecen sin besos se desarrollan peor, llegan a ser menos inteligentes y tienen mayor riesgo de estrés y enfermedades.

Pistas en la naturaleza

El comportamiento de los animales pueden dar una idea al respecto.

Los parientes más cercanos de los humanos, los chimpancés y los bonobos, también conocidos como chimpancés pigmeos, se besan.

El primatólogo Frans de Wall, de la Universidad Emory de Atlanta, EE.UU., ha sido testigo de ello más de una vez. Ha observado a chimpancés besarse y abrazarse después de haberse peleado.

Por lo tanto, para estos la práctica, más común entre machos que entre hembras,es una forma de reconciliarse. En otras palabras, no es un comportamiento romántico.

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Los chimpancés se besan para reconciliarse.

Sus primos los bonobos se besan con más frecuencia y muchas veces utilizan la lengua al hacerlo. Quizá no es sorprendente, ya que son unos seres muy sexuales.

Cuando los humanos se encuentran, se estrechan la mano. Los bonobos tienen sexo; es su forma de saludarse.

Y también usan el sexo en otras situaciones. Aun así, sus besos no son particularmente románticos.

Excepcionales

Pero más allá, estos dos primates son excepciones en el mundo animal. Por lo que se sabe hasta ahora, el resto de animales no se besan.

Puede que acerquen sus rostros o se acaricien, pero incluso los que tienen labios no los unen, apretando los unos con los otros, ni comparten saliva. No necesitan hacerlo.

Los jabalíes machos, por ejemplo, producen un olor acre que las hembras encuentran atractivo.

La clave de ello son las feromonas llamadas androstenonas, que desencadena en las hembras el deseo de aparearse.

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Las hembras de muchas especies usan el olfato para identificar buenas parejas.

Desde el punto de vista de las hembras esto es algo bueno, ya que los machos con más androstenonas son también los más fértiles. Y su sentido del olfato es tan preciso que no necesitan acercarse para besar a los machos.

Algo similar ocurre con muchos otros mamíferos. Por ejemplo, la hembra del hámster emite una feromona que hace que los machos se exciten.

Y los ratones siguen un rastro químico similar para encontrar parejas que sean genéticamente diferentes y minimizar así el riesgo de incesto accidental.

Más bien el olfato que la lengua

Con frecuencia, los animales liberan feromonas con la orina.

“Su olor es mucho más penetrante“, describe Wlodarski. “Y si hay orina en el ambiente pueden encontrar compatibilidades a través de ella”.

Pero no solo los mamíferos tienen un gran sentido del olfato. Un macho de la viuda negra, una especie de araña, al oler las feromonas producidas por una hembra puede saber si ésta comió recientemente o no.

Gracias a ello puede aparearse con la que lo haya hecho, minimizando así el riesgo de ser devorado.

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Los machos de la viuda negra huelen a su potencial pareja para saber si ya comió. De esta manera tiene menos probabilidades de ser ingerido por su pareja.

Por lo tanto, los animales no necesitan acercarse a una potencial pareja para saber si les conviene o no.

Sin embargo, los humanos tienen un sentido del olfato terrible que mejora al acercarse.

Y aunque parezca que el olfato no es el principal recurso que utilizamos para evaluar las aptitudes de otros, los estudios han demostrado que juega un papel importante a la hora de elegir pareja.

Una investigación publicada en 1995 concluía que las mujeres, como los ratones, prefieren el olor de los hombres que son genéticamente distintos a ellas.

Tiene sentido, ya que al aparearse con una pareja con genes diferentes aumentan las posibilidades de tener una descendencia saludable.

Así que besarse es una manera de acercarse lo suficiente como para olfatear los genes de la potencial pareja.

Forma aceptable de olfatear

En 2013 Wlodarski analizó en profundidad las preferencias de varias culturas a la hora de besarse. Preguntó a cientos de personas qué era lo más importante a la hora de besar, y descubrió que el olor era más relevante en los periodos en los que las mujeres eran más fértiles.

En ese sentido, resulta que los hombres también secretan su versión de las feromonas y las mujeres las encuentran atractivas.

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Los elefantes usan la trompa para mostrar afecto.

Están presentes en el sudor y cuando las mujeres están expuestas a ellas su nivel de excitación aumenta ligeramente.

“Las feromonas juegan un gran papel para los mamíferos a la hora de elegir pareja”, dice Wlodarski.

“Y nosotros hemos heredado toda nuestra biología de los mamíferos, sólo le hemos añadido unos cuantos matices con la evolución“, añade.

Así, el experto considera que el beso es sólo una manera culturalmente aceptable para acercarse lo suficiente a otra persona para detectar sus feromonas.

En algunas culturas el acercamiento para olfatear desembocó en el contacto físico de los labios, dice Wlodarski. Aunque es difícil señalar cuándo ocurrió, reconoce.

“Aunque ambos comportamientos sirven al mismo objetivo”.

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Según este punto de vista, si quieres encontrar la pareja perfecta podrías renunciar a los besos y empezar a olfatear gente.

Así además evitarías gérmenes ajenos.

Eso sí, tendrás que prepararte para las miradas curiosas.

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