Cárcel en Alepo (Reuters)

Electrocuciones, quemaduras con agua hirviendo, violaciones: el régimen sirio ha recurrido a la tortura “a gran escala” en sus cárceles, donde más de 17.700 reclusos han muerto en cinco años de guerra, indicó este jueves Amnistía Internacional, que denunció “una crueldad en su forma más vil”.

“Nos trataban como animales. Vi correr la sangre, parecía un río“, afirma Samer, un abogado, hablando de sus guardianes durante su detención.

Su testimonio es uno de los 65 relatos recabados por la ONG de ex detenidos que sobrevivieron a las prisiones de los servicios de información del régimen de Bashar al Assad y en el penal militar de Saydnaya, cerca de Damasco.

Los actos de tortura fueron allí “generalizados y sistemáticos contra todos los civiles sospechosos de oponerse al régimen“, añade en su informe Amnistía Internacional, que denuncia “crímenes contra la Humanidad“.

Gráficos de las torturas reveladas por los ex prisioneros (Amnistía Internacional)

Al menos 17.723 presos murieron en detención desde el principio de la guerra en marzo de 2011, un promedio superior a 300 decesos mensuales, según la oenegé basada en Londres, que puntualiza que las estadísticas son bastante más altas y cita decenas de miles de desapariciones forzosas.

Numerosos presos fueron liberados después de las diferentes amnistías decretadas por el régimen estos últimos años, después de intercambios de prisioneros o después de procesos, y se encuentran en lugares indeterminados.

Los ex reclusos contaron rituales siniestros a Amnistía, sobre todo “la fiesta de bienvenida”, en la que los nuevos detenidos se llevan una lluvia de golpes asestados con barras de hierro, de plástico, o con cables eléctricos.

Omar S. contó que un guardia obligó a dos hombres a que se desnudaran y ordenó que uno violara al otro amenazándolos de muerte si no obedecían.

Said, un militante antirrégimen, afirmó que fue violado delante de su padrecon ayuda de “una porra eléctrica” mientras estaba colgado de un solo brazo y con los ojos vendados.

La mayoría de víctimas de exacciones “contaron que vieron morir a gente en detención, y algunos afirmaron que tuvieron cadáveres en sus celdas“, según la oenegé de defensa de los derechos humanos.

Un ex detenido “cuenta que un día la ventilación dejó de funcionar y siete personas murieron sofocadas” en centros de detención sobrepoblados, según Amnistía.

“El carácter sistemático y deliberado de la tortura y de los malos tratos en la cárcel de Saydnaya atestigua una crueldad en su forma más vil y una falta de humanidad flagrante“, denuncia Philip Luther, director de Amnistía para Oriente Medio y África del Norte.

En Saydnaya, donde el invierno es muy frío, los detenidos permanecen semanas en celdas subterráneas sin mantas, según el informe.

Ex presos confiaron que comieron huesos de aceituna y peladuras de naranja para no morir de hambre.

Salam, un abogado de Alepo recluido dos años en Saydnaya, declaró que “unos guardianes mataron a golpes a un entrenador de kung-fu y a otros cinco detenidos. Luego dieron sendas palizas a otros 14, todos ellos muertos en el plazo de una semana. Veíamos correr la sangre desde su celda”.

La ONG, que denuncia unos “procesos inicuos”, señala asimismo “comida insuficiente, cuidados médicos limitados, ausencia de instalaciones sanitarias adaptadas” en las cárceles, “un tratamiento inhumano y cruel”.

La guerra en Siria, desencadenada en marzo de 2011 por la represión de manifestaciones prodemocracia, ha causado más de 290.000 muertos.