Crónica de un cementerio urbano. El club de las calles muertas

El tiempo pasa inexorablemente. El reloj de arena, cuando se invierte para todos, deja pasar la fina arenisca marcando nuestras vidas. Para unos pasa más rápido, para otros más lenta pero al final toda se acaba. Y eso ocurre con los edificios y con las calles que una vez fueron, que antaño vivieron otros seres.

Calle de Tarra, 2015. A. P. R. S.

Calle de Tarra, 2015. A. P. R. S.

Calle de la Xaboneria, 2015. A. P. R. S.

Calle de la Xaboneria, 2015. A. P. R. S.

En Valencia hay calles que aparecen, otras que desaparecen o están en vías de extinción sujetadas por paredes de la ruina. Vestigios del pasado de los que tan sólo queda el asfalto ya quebrado.

Hoy hemos estado en un área de apenas 200 metros en la calle de Sagunto, antigua de Morvedre, vía de paso del “6” antiguo tranvía hoy convertido en bus. Nuevos edificios sirven como muro de este cementerio de calles moribundas, que pronto desaparecerán a nuestros ojos. Entonces ni un GPS avanzado podrá indicarnos su presencia, tal vez hoy ya no lo haga. Hay al menos cuatro de estas calles: la de Tarra, Duato, Xaboneria (Jabonería) y la del Pare Palau i Quer, junto a la del Duque con soportal y sin salida engullida por nuevas edificaciones.

Hoy hemos estado en un área de apenas 200 metros en la calle de Sagunto, antigua de Morvedre, vía de paso del “6” antiguo tranvía hoy convertido en bus.

Horno del Árbol. Calle de Sagunto, 2015. A. P. R. S.

Horno del Árbol. Calle de Sagunto, 2015. A. P. R. S.

Hay al menos cuatro de estas calles: la de Tarra, Duato, Xaboneria (Jabonería) y la del Pare Palau i Quer…

Plano de vías de la calle de Sagunto

Plano de vías de la calle de Sagunto

En el plano adjunto se aprecia el óvalo que recoge este cementerio. En la calle de Tarra, junto a la de San Guillem, tan sólo permanecen unas vallas y bloques prefabricados ya que las antiguas piedras hace tiempo que se ausentaron. La de Duato que tenía un trazado irregular, hoy sólo es un almacén de escombros y desolación. La de la Xaboneria la conocimos aún como calle enferma, hace apenas una década. En el edificio de una de sus esquinas tenía un pequeño altar vestigio, tal vez, de “ les festes de carrer” en honor a un santo pintado de piedra. Sin duda existió un obrador donde hacían jabón, de ahí su título. El título de Palau i Quer languidece, engullido por la calle de Lérida.

La de la Xaboneria la conocimos aún como calle enferma, hace apenas una década. En el edificio de una de sus esquinas tenía un pequeño altar vestigio, tal vez, de “ les festes de carrer” en honor a un santo pintado de piedra.

Un horno, que ya cerró, indica que estamos en el club de las desapariciones. Es el del Árbol, bollería y pastelería. ¿Del Árbol? ¿Dónde está? Tal vez habría que plantar un ciprés que diera rollitos de anís.

Bella mañana de sol, de cualquier mes mediterráneo. Me gusta pasear por los cementerios junto al requiescat in pace grabado en lápidas que hieren recuerdos. Un gato negro roza mis piernas indicándome que ése es su territorio. Lo acaricio.

Calle de Duato, 2015. A. P. R. S.

Calle de Duato, 2015. A. P. R. S.

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2 Responses to "Crónica de un cementerio urbano. El club de las calles muertas"

  1. Javier Luna  17 de junio de 2015 at 12:51

    Rafael Solaz hoy nos sorprende con un ejercicio magistralmente poético, de profunda introspección y de sentida y sincera añoranza. Y como resultado de ello surge un artículo aparentemente contradictorio entre lo ya desaparecido y lo todavía existente, cuya inmediata e imprescindible recuperación resulta, en algunos casos, a todas luces prioritaria.
    Como Creador y Guía del “Museo del Silencio” (Cementerio General), Rafael Solaz conoce a la perfección circunstancias relativas al término “muerte” en las personas, pero también es capaz de descubrir el misterio de los lugares en los que pasaron sus vidas.Y el binomio vida – muerte cobra una fuerza y un sentido arrolladora por una parte y enternecedora por otra.
    Seres humanos a los que no llegamos a conocer y personas a las que conocimos, lugares que forman parte ya del recuerdo y otros de los que aun tenemos la fortuna de disfrutar.
    ¡ Siguiendo el ejemplo de Rafael Solaz, aprovechemos las circunstancias propicias para pasear por nuestra hermosa ciudad y conozcámosla más y mejor !. ¿ Cabe mayor placer en la vida ?. La respuesta, amigo/a, sólo depende de tí.

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  2. Julio Cob  28 de junio de 2015 at 17:39

    Las calles representan el sistelma nervioso de la ciudad. Avenidas y calles, arterias y venas forman una retícula urbana que nace y crece extendiendo vidas no siempre con el mismo recorrido.
    Algunas envejecen demasiado rápido presionadas por las aledañas con mayor vigor y tienden y engrosar archivos y recuerdos.
    Y con su pluma cargada de sentimientos, Rafael Solaz fija su atención en el lugar que nos descubre mediante su crónica de un cementerio y con su destreza habitual.
    Quienes seguimos su pasión por Valencia, siempre tendremos el placer de un nuevo hallazgo, de nuevos retazos que han ido configurando una ciudad que nos enamora.

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