Crítica del electoralismo puro (¿1?)

José Antonio Palao. Profesor del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universitat Jaume I de Castelló.José Antonio Palao.

Profesor del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universitat Jaume I de Castelló.

“El niño anciano observa desde la ventana los fuegos fatuos de la claridad”. (Jenaro Taléns).

Hace unos cuantos meses  escribí  esto:

“Nada somos por separado. El activista se convierte, si va por su cuenta, en un gamberro intrascendente; el militante, en miembro de una secta destructiva; el candidato, en un trepa corrupto; y el que tiene ínfulas de intelectual crítico, en un misántropo hosco, solitario y amargao.”

Hoy matizaría estas palabras. En esta campaña yo echo en falta sobre todo intelectuales. Veo palmeros, militantes, activistas, desencantados, haters y algunos indiferentes. Puede que menos que en otras convocatorias, siquiera sea por la novedad. Pero yo creo que hacen falta sobre todo intelectuales. Para ser exactos, 34.516.185 (según la oficina del censo electoral). En efecto, yo no creo que ser “intelectual” sea una profesión, una aptitud o mucho menos una posición jerárquica. No me interesa para nada esa división platónica del trabajo ni su República gobernada por los filósofos. Al contrario, vivimos en un entorno de virtuosismo y precariado postfordista, en el que encajaría muy mal semejante posición de encasillamiento pre-moderno. Para mí, la de intelectual, es una posición de sujeto, a no confundir tampoco con una subjetividad como se entiende en la filosofía política contemporánea normalmente. Es un lugar al alcance de cualquiera, porque no tiene que ver con la erudición, ni con el saber, ni es una posición exclusiva ni permanente. Es un punto de vista que creo que conviene adoptar y comprender y que implica que la pasión no niegue la lucidez. De igual modo, pienso que todos debemos en algún momento ocupar del activista o del militante para que la lucidez no nos lleve al desencanto, a la inacción o al resentimiento más amargo.

Pero lo que me preocupa ahora son los llamamientos de muchos milito-simpatizantes al cierre de filas, a la suspensión del pensamiento, precisamente porque estamos en campaña electoral. Cualquier observación crítica es interpretada como un ataque a su esperanza, sobre cuyo fundamento no quieren preguntarse nada en absoluto, no vaya a ser que descubran que no es ya que sea líquido y no sólido, sino que puede ser puramente gaseoso, puro humo mediático recubierto por la jovial legitimidad recién conquistada –y en Latinoamérica, ya a punto de ser sepultada por la realidad de sus propios errores- del populismo. Y la reacción es la de siempre: el confinamiento enunciativo de la voz discordante. “Ya sé desde qué presupuestos hablas, ya sé a qué obscuros intereses obedeces” Es decir, que el electoralismo es la excusa para exterminar el radicalismo sepultando cualquier atisbo de su componente más esencial, que no es otro que la lucidez. Las elecciones son una orgía de ejecución sumaria de cualquier atisbo de radicalidad democrática.

Miren, si yo me he de definir ideológicamente de alguna manera tengo pocas dudas: soy un anticapitalista, un demócrata, radical. Precisamente, es esa radicalidad la que me impide pensar el capitalismo como un absoluto y la que me impide negarme de modo absoluto a participar en las dinámicas de poder que el capitalismo auspicia. Porque es imposible incidir en la raíz de lo que se quiere transformar desde una posición de exterioridad innegociable, inflexible, como hemos dicho, absoluta. Pero eso no impide que vea los límites de esos juegos y que pretenda, respecto a ellos, perpetrar una estrategia subversiva, deconstructiva, apasionadamente escéptica. Como he dicho antes, a los politólogos orgánicos, a algunos militantes, y a muchos votantes les cuesta entenderlo y a veces hasta se sienten ofendidos, pero a los que tenemos una cierta formación en la semiótica y el análisis discursivo no nos cuesta tanto. Si transformas el sistema, dice el axioma estructuralista, estás propiciando un sistema nuevo. Pero claro, la cosa no es tan sencilla y automática. Dentro de un sistema hay jerarquías, de tal modo que puede haber cambios radicales pero también cambios puramente cosméticos, accidentales, que permitan asentarse a las estructuras de nivel más fundamental. La apariencia puede ser dramática, catastrófica, trágica como espectáculo y no significar, sin embargo, más que un mero reajuste que asiente las piezas esenciales y las proteja de todo peligro transformador. Precisamente, el capitalismo ha mostrado como ningún otro sistema social y político una capacidad proverbial para el simulacro, haciéndonos creer que se estaban propiciando revoluciones, cuando en realidad se estaban produciendo reajustes reaccionarios. El paso del Mayo del 68 al neoliberalismo es uno de los mejores ejemplos.

Pues bien, uno de esos mecanismos reguladores para que la transgresión no pueda convertirse en subversión es precisamente la agenda informativa, que nos da rienda suelta en lo adjetivo mientras controla férreamente lo sustantivo. Por eso, he decidido que voy a intentar no ser ni puntual, ni oportuno, ni programático en mi comentario de esta campaña electoral, así que os propongo algo que hago habitualmente en mi blog: recopilar los comentarios ocasionales que voy dejando en las redes sociales. Y eso va a ser todo. No voy a rendirle más pleitesía a esa ilusión de empoderamiento que ciudadano que es el circo electoral. Los interrogantes que acompañan al “1” del título sólo implican que no tengo ni idea de si estoy empezando una serie. Que al menos un humilde columnista no intente vender un programa, es decir, hable bajo su exclusiva responsabilidad y su particular malestar, sin pretender engañar a nadie. Mis disculpas por ciertos dejes social-mediáticos, incluida alguna palabra no del todo biensonante, pero he preferido respetar el estilo original y, con él, su mensaje. Copio:

I.  El circo.

¿Puede ser que todos los mecanismos público-estadísticos para valorar a los candidatos y las intenciones de voto -y con ellos los métodos estándar de pensamiento político- estén errados o al menos obsoletos? A lo mejor si decidiéramos no cegarnos con datos y prejuicios no andaríamos de sorpresa en sorpresa, paralizados y boquiabiertos. Simplemente apunto. (27 de noviembre)

Si uno conoce un poco las rutinas de la comunicación política, no es para tanto extrañarse. Son los modos del sistema. Es su reacción. Es un evento, pues, estrictamente reaccionario. Coincido con Rosa María Artal, en la indignación. Pero no creo que debamos caer en la desesperanza. Todos estos pasarán. Con más pena, con ninguna gloria. Y cuando el sistema devore a los trepas oportunistas y a sus panderetas, habrá que seguir con la lucha. Ésta está muchas mejores condiciones tras el 15M que lo estuvo en los 40 años anteriores. Y estos no tienen la fuerza de permanencia que tuvieron los vendepatrias de la transición, sencillamente porque no hay una Guerra Fría que los pueda colocar en el poder para 40 años. Yo tengo esa convicción, al menos. No olvidemos que la Guerra contra el terror, por mucho que pueda asustar, asusta mucho menos que la Guerra Nuclear y que con esa excusa nos endilgaron la Monarquía y la entrada en OTAN. Tenemos nuestras bazas, sepamos jugarlas. Aún nos quedan muchas manos que perder. Pero lo tienen más difícil que hace unas décadas para ganarnos la partida. (29 de noviembre)

El sistema te abre puertas para que entres en él y domesticar tu discurso y desvirtuarlo completamente asimilándolo al discurso de la mayoría. Entonces, ya no es que tú llegues a las mayorías es que ese discurso fabricado para ellas te ha engullido y esa gran mayoría está incapacitada para ver, en ese terreno de juego diferencia alguna. Al final no eres un “revolucionario” dirigiéndote a una mayoría. Sino que ésta te ve como un actante más del espectáculo. Unos cuantos políticos defendiendo cada uno lo suyo, sin más. Entiendo perfectamente que la solución no es fácil y que esa puerta no puede sin más ignorarse ni cerrarse. Pero si vas a pasar por ella, no hagas una vez dentro lo que todos y aprovecha para subvertir ese discurso. La idea de la faz doméstico-familiar de los políticos es un recurso propagandístico profundamente neoliberal. Y aquí la semántica cuenta poco. Lo que cuenta es la musiquilla, que es lo único que se escucha. Si has decidido pasar por la puerta que te han abierto, al menos haz otra cosa y no lo mismo que los otros tres. (29 de noviembre)

Los pablopodemitas, encantados y enfervorecidos porque su gurú ganó el debate. Los izquierdaunidistasunitopopulares, enfadadísimos porque el suyo no había sido invitado. Evidentemente, necesitamos otra cosa que la izquierda para resistir al capitalismo. Una política de la verdad que sepa hallarle los límites al infoentretenimiento como campo único de enunciación y trabajar con ellos. Lo más interesante del tablero -y del encuadre- son sus bordes. Por ellos es por donde camina la gente haciendo funambulismo para sobrevivir. (2 de diciembre)

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El sistema es astuto. Ya no se trata de la izquierda contra la derecha. Ya nadie se acuerda de aquello de los de abajo contra los de arriba. La televisión lo ha reciclado todo convenientemente y ha puesto las cosas en su lugar: como siempre se trata de los de dentro contra los que se quedan fuera. La silla vacía de Rajoy en el debate de El País no significaba tanto ausencia -que es como se pretendió que se interpretara- sino pertenencia. Estaba allí para recordarnos que el PP, aunque no acudiera, es un miembro esencial de ese club selecto. La élite contra la gente. Lo de siempre, más allá de sus disfraces. (2 de diciembre)

La cultura popular va haciendo sus propias versiones de los debates circo-mediáticos. Hace un año a nadie se le hubiera ocurrido hacer este vídeo. Yo ni lo aplaudo, ni lo defiendo (comparado con otros me parece que tiene bastante mala pata), simplemente constato. Por cierto, si alguien de IU/UP se siente ofendid@ porque Alberto Garzón no ha sido invitado, puede dejar en los comentarios constancia de su disgusto. (3 de diciembre)

II.  Kant entra en campaña.

Sobre la fábula de Kant y el tablero (que no del ornitorrinco). Acabo de llegar a casa y me he enterado de la cosita ésta de Albert Rivera, porque no he estado en las redes en todo el día. Mi moraleja. ¿Os imagináis lo que les hubiera durado, no ya a Pablo Iglesias, sino a Errejón o cualquier otro miembro de la primera o segunda fila de Podemos (igual la excepción es Sergio Pascual, ahora que lo pienso) este mindundi si en vez de empeñarse en jugar la partida en SU tablero y con SU concepto de centralidad, el trabajo hubiera ido en la dirección de cambiar de tablero? Así, va de baños de masas, de cuñao predilecto y de yerno ejemplar. De la otra, hubiera tenido que hablar de lo que sabe, que supongo que será la venta de preferentes a jubilados, que es a lo único que se debió dedicar antes de meterse en política. No se trata de hablar de Kant en campaña, se trata de haber construido un tablero en el que un mendecillas como Rivera tuviera que llevar cuidado con lo que dice, que estuviera lo acomplejado que sus medianas capacidades cognitivas y nulas capacidades intelectuales merecen y no se atreviera a presumir de lo que no sabe, sabiendo que no pasa nada. Que, total, en este tablero de la basura tertuliana se puede citar a Kant sin haberlo leído y meterse en política sin tener ni puta idea de nada y sólo amparado en un dispositivo mediático que lo potencia porque conviene, ahora que al PP no hay quien lo pueda apoyar sin que se le caiga la cara de vergüenza. Ayudar a sostener un tablero en el que pueda jugar y ganar Albert Rivera (o no digamos ya, Carolina Punset) no ha sido una buena estrategia, me da la impresión. ¿Verdad que no? (27 de noviembre)

Vale. Cuando he escrito el estado anterior no sabía lo de la “ética de la razón pura”. Ya digo que he estado todo el día fuera currando y no estoy muy al tanto de la actualidad de hoy. No me desdigo. Al contrario, creo sinceramente que me da la razón (impura, que todavía hay clases). Aquí vivimos ya en la era del imperativo categórico apócrifo. (27 de noviembre)

“ÉTICA DE LA RAZÓN PURA”. La verdad siempre entona su canción en el seno del ruido. Allí donde no la espera nadie. Donde el antiguo profe se equivoca y emerge como Maestro (Master, Maître, Amo). Una mala bibliografía es un error del profesor, pero puede ser la verdad del Amo. El único acto logrado es el acto fallido. Cuando la razón pura domina la ética, su único argumento es el miedo. Nos hacen falta Maestros ignorantes (estoy con Rancière), no Maestros omniscientes que emergen en el reino de la erudición fallida de un profesor. (29 de noviembre)

Realmente, una razón pura no deja espacio alguno para una ética, porque una ética no tiene sentido alguno al margen de la responsabilidad subjetiva. Hay que decidir caso por caso, uno por uno, atravesando el fantasma de la universalidad y dejándose en ese camino el disfraz de alma bella. No hay ética sin contingencia y el fracaso de la Ilustración como humanismo lo constata. A su vez, una ética pura no deja lugar alguno para la razón porque intenta subsumirlo todo en la racionalidad. Actúa como si tu conducta fuera a ser considerada una ley natural es un imperativo inhumano. Y post-humano aún no. Razonar es una función del sujeto, mientras que la racionalidad es patrimonio del cálculo. El capitalismo es la sangrienta demostración de lo segundo y los balbuceos de una insurgencia digna de lo primero. Soy donde mi cálculo encuentra su límite, por parafrasear a Lacan. Que pensar el todo sea imposible no nos exime de la tarea de pensar. Sólo que pensar es decidir y lo decisivo del pensar es ese lugar incalculable en el que el methodos, si no reconoce lo imposible, se coagula en él bajo la forma de la impotencia. Decididamente, la aparición de Kant ha sido lo más relevante en esta campaña electoral, más allá de debates virtuoso-postfordistas patrocinados por grandes grupos de comunicación que, no conformes con el bipartidismo simple, han decidido multiplicarlo por dos, a mayor gloria del infotainment. Kant (can’t). Soy donde no pienso. La única emergencia de la verdad en lo que llevamos de campaña. Amable, porque no ha provocado más miseria que la intelectual. La real ya la producirá la biopolítica a través de los programas electorales y será, lógicamente, menos digna del amor. (2 de diciembre).

 III.  Los límites del populismo.

Dedicado, esta vez, a La Argentina (mutatis mutandis):

“Como no podría ser de otra manera, yo estoy muy a favor de la unidad popular. Pero no tengo especial interés en la unidad de la izquierda. (…) pero finiquitado el componente imaginario del marxismo -que no es otro que su supuesta cientificidad- a mí me interesa una izquierda plural, una variedad de modelos en el anticapitalismo porque no tenemos capacidad predictiva políticamente hablando. Ante el desapasionamiento que ha propiciado la cicatería y el narcisismo de los izquierdistas profesionales, sólo podemos oponer la pasión sin objeto –no cosificada ni “comodificada”- de los comunes. Sólo una pasión sin objeto puede constituir a un sujeto contra el poder. Los objetivos son todos rebasables, coyunturales, por eso un sujeto exclusivamente hegemónico es un sujeto sin horizonte y sin futuro. La izquierda no puede conformarse con la hegemonía, que no es más que la estrategia. Su fin político es transformar la realidad, no cambiar puntualmente una correlación de fuerzas. La contingencia no puede entificarse en un objetivo absoluto. Los objetivos de emancipación deben conservar la consciencia de su finitud, de su azar.

El problema de una política emancipatoria, en fin, es que no puede intentar hacerse cargo de pensar el poder si renuncia a pensar el fin del poder. El fin del poder es materia de pensamiento, es imposible reducirlo a una epistemología de la comprobación y del dato, así como subsumirlo en un ideal, sin retroalimentar el poder con una violencia indomable. Eso no es pensar la libertad. Si renuncias a pensar el fin del poder te estás limitando a calcularlo. Y precisamente pensar el fin del poder es lo contrario de un cálculo. Esa es la gran trampa en que cayó el marxismo embebido del cientifismo ilustrado. Marx pensó el fin del poder, pero los marxistas nunca han podido imaginarlo en un plano proyectual y no han podido calcularlo desde lo político. A cambio, se acogieron al imaginario hegeliano de la sociedad reconciliada y del fin de la historia, pero con el aplastante peso real del cientifismo atribuido al materialismo histórico. Es la época de la imagen del mundo, que se resuelve en una confrontación entre visiones del mundo, como lúcidamente diagnóstico Heidegger. El populismo podría ser una manera sublime de escapar de ese bucle si no acaba enfangado en la hegemonía reducida al cálculo. Al frío imperialismo del cálculo como único horizonte político.” (Un fragmento de El Totalitarismo Frío)

“Creemos que la crisis de la representación que señalaba el 15M, como lo hicieron las primaveras árabes y el movimiento Occupy en general, eran solidarios de otros modos de representación y comunicación, de tendencia menos masiva y más multitudinaria, menos radial y más reticular. Creemos, en fin, que una multitud virtuosa (Virno 2003) no se puede sustraer al comunismo hermenéutico y a la anarquía de las interpretaciones (Vattimo y Zabala 2012) como instrumento de emancipación. No se la puede, en definitiva, privar de su derecho a inventar un más allá del capitalismo.
El hegemonismo, si no mira más allá de la sacralización del antagonismo, puede ser una simple reedición de la confrontación entre visiones del mundo propia de la era moderna (Heidegger, 1995) y creemos firmemente que toda política emancipatoria debe tener en su horizonte de radicalización democrática el atravesamiento del capitalismo, esto es, de la explotación como vínculo modélico entre los seres humanos. No hablamos de una sociedad auto-transparente y reconciliada, sino de una época distinta de la época de la imagen del mundo. Cómo sea, evidentemente, no lo podemos imaginar, puesto que nos colocamos en una ontología distinta de la iconicidad dominante. Pero de lo que sí tenemos plena convicción es de si colocamos la hegemonía y el antagonismo como formas eternas de lo político corremos el riesgo de no salir nunca del bucle de la representación. Es decir, nos veremos condenados a buscar eternamente, si se nos permite volver usar el aforismo lacaniano, “un amo sobre el que reinar”. El mecanismo de construcción hegemónica dista de estar concluido y el problema es que si no se toma nota de ello podemos caer en un uso totalitario de una contribución teórica crucial pero, afortunadamente, incompleta.” (De un artículo que en este momento está en proceso de revisión en una revista) (23 de noviembre).

IV.  La vida.

 A ver, que siempre los hay más viejos. Puede ser una época. Yo he tenido épocas que no podía coger una novela y sólo leía ensayo y poesía. El ensayo no lo dejo nunca. Pero ahora he vuelto a la novela (y al cómic, por ejemplo, del que me alejé años) y estoy disfrutando como un cerdito. Puede ser que no sea el momento. El problema de achacar las cosas a la edad es que estamos trabajando a favor de la ignorancia. De la peor ignorancia de todas, que es la pasión por ignorar el deseo. Mejor preguntarte por qué esto no te llena ahora, que lamentarlo. Y sobre todo qué te llena y por qué. Y por qué ahora. Algo sobre tu vida y tu momento averiguarás, por fuera de los estándares. Y el peor estándar de todos es el de la madurez. O la vejez.  (Respuesta que le he dado a un amigo (fue mi alumno en otra vida y hoy es profesor de literatura) que decía que no le llenaban algunas lecturas que sí lo hacían en su juventud. Lo traigo aquí, para que opine quien quiera) (28 de noviembre)

Las respuestas no están en los libros (o las pelis, o etc.) sino que te ayudan a plantear las preguntas. Son puentes hacia uno “mismo”. Si en algo no creo es en la autonomía subjetiva. Uno tiende a la ignorancia, a no querer saber. Los libros, las conversaciones, los ejemplos de vida, las experiencias, son formas de pasar por el Otro, que es la única forma de dar uno dignamente consigo. (28 de noviembre)

El miedo se puede disfrazar de cualquier cosa. El nombre más común del miedo es el Bien. Ése es su nombre filosófico oficial. En casa, al Bien, en su familia, lo llaman Conveniencia. Eso en la juventud. En la madurez, en casa empiezan a llamarlo Obligación. Y en la segunda madurez, Cansancio. Ya, cuando llegan los nietos, lo llaman Desilusión. Todos son nombres familiares del Bien. Es ese mismo, al que los vecinos y otros extraños llaman Miedo. Lo importante es reconocerlo bajo todos sus nombres. Llamarlo sólo con el nombre oficial de la calle hace que cuando uno llega a casa, al calor del hogar, pueda no sentirse concernido. Yo he conseguido que me llame Palao todo el mundo, hasta mis amigos más íntimos, y en casa, que empezó la cosa de coña, también. No es una mala estrategia. En absoluto me unifica. Al contrario, me impide cobijarme en la unicidad, porque el nombre mata la cosa. No cambiar de nombre es un recordatorio constante de la propia división. Pues con el miedo igual. Al fin y al cabo es la economía libidinal de lo siniestro. Si te llaman en casa por tu nombre civil, suena “unheimlich”. Cuando una madre se enfada con uno suele llamarlo por su nombre oficial, acallando el familiar. Es una forma de invocar el Nombre del Padre que, como todo el mundo sabe, sólo tiene función (sólo trabaja) cuando es pronunciado por esa figura superyoica por excelencia, que es la Madre. Es importante, pues, que cuando quien te quiere -tu madre, tu padre, tu jefe- te recuerda lo que te conviene, cuáles son tus obligaciones o intenta protegerte del dolor del desengaño, no olvides (no olvidemos) que en otras voces a todo eso no dudaríamos en aplicarle su nombre des-familiarizado, des-moralizado: MIEDO. La frase más terrible con la que se intenta cauterizar al deseo es NO VALE LA PENA. A veces, es bueno aprender de otras lenguas. A lo que es muy bueno en inglés lo llaman TERRIFIC, señalando la excentricidad tenue de la frontera entre el Terror y el Deseo. El Bien es el centro de ese tablero. Y allí está la muerte en plena vida. (29 de noviembre)

El problema es que no siento entusiasmo alguno por esta izquierda circense y, sin embargo, tengo la necesidad vital la de que no vuelva a ganar la derecha. No deja de ser curioso que teniendo esto en común con tanta gente, esta posición me haga sentir desoladoramente solo. Es lo que tiene no vivir bajo un ideal, ni al amparo de un tótem. Somos muchos, pero en esta soledad aún no hemos encontrado lo común, aún no hemos inventado un vínculo sin el amo. Lo que me interroga es si, precisamente, no son los ideales totémicos, el fanatismo, de algunos lo que nos impide encontrar un común que no se sostenga en la ceguera. Porque la fe de los esclavos es realmente avasalladora. O bien, si pese a ellos, los muchos que vagamos por los bordes del tablero sin abalanzarnos al centro para alimentar la ilusión de que no existe el abismo, conseguiremos encontrar un común que no sea el vínculo de hierro con el que se mantienen unidos los esclavos, vendiendo su alma al goce de reconocerse entre sí como la recua de un mismo amo. Sólo sé que estoy incómodo. Y que no me da igual. Y que quiero encontrarme con los otros. Pero libres.  Hay que ser burro para soltar esta parrafada en plena campaña electoral, ¿a que sí? (3 de diciembre)


3 Responses to "Crítica del electoralismo puro (¿1?)"

  1. Nora Nerlin  4 de diciembre de 2015 at 17:05

    “La izquierda no puede conformarse con la hegemonía, que no es más que la estrategia. Su fin político es transformar la realidad, no cambiar puntualmente una correlación de fuerzas.” ya que le dedicaste ese fragmento de tu texto a mi país, te cuento que la izquierda no pudo construir absolutamente nada de nada a pesar su larga data en la argentina. Siempre fue un grupo minoritario y a contrapelo de los procesos históricos y decisivos como el peronismo. Lo más razonable que hizo una parte de la izquierda fue sumarse a la construcción populista llamada Kirchnerismo o Fpv. Cuando decís la izquierda no puede conformarse con la hegemonía,en verdad la izquierda no puede conformarse con nada!!! para muchos de ellos todo es poco, es reformista es capitalista…. y qué construyen como alternativa? Nada, sólo denuncian. El peronismo y ahora el kirchnerismo fue y es lo más emancipatorio que supimos conseguir en la Argentina. Por qué te creés que hay tanto odio de la otra parte?? Ladran Sancho!!Por último en relación a lo que mencionás sobre el derecho a la expresión y a la crítica, etc obviamente comparto. Decís que sos democrático, radical y anticapitalista. También comparto, pero agrego algo más, soy lacaniana. Lacan decía que la derecha es canalla y la izquierda tonta, como aún me reconozco de izquierda quiero ser menos tonta y medir tácticamente cuando decir y cuándo conviene callar algunas cosas

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  2. Juan Carlos Tazedjián  8 de diciembre de 2015 at 20:37

    Hola Nora. Coincidí en muchos puntos con el texto de Palao hasta ” los límites del polulismo” dedicado a nuestro país. Y ocurrió una de esas cosas “heimlich” de pensar- mientras lo leía- en tu libro, cuya primera lectura estaba terminando en la habitación de un hotel de una fría tarde de Pamplona. Y, de pronto, me encuentro con tu comentario , del que me gustó mucho lo del intelectual de izquierda menos tonto. Sólo quisiera comentarte que hay una diferencia entre la izquierda europea bien pensante- de la que Palao forma parte- y la llamada “izquierda argentina”. Y digo “llamada” porque- como decía Cristina con exquisita ironía- en Argentina, a la izquierda del peronismo kirchnerista, está la pared. La diferencia radica en que la argentina es una izquierda . Y , en ese sentido, creo que es más canalla que la derecha. anquilozada en el ” cuanto peor mejor”. Y en ese sentido, creo que es más canalla

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  3. Juan Carlos Tazedjián  8 de diciembre de 2015 at 21:02

    Hola Nora. Coincidí en muchos puntos con el texto de Palao hasta ” los límites del polulismo” dedicado a nuestro país. Y ocurrió una de esas cosas “heimlich” de pensar- mientras lo leía- en tu libro, cuya primera lectura estaba terminando en la habitación de un hotel de una fría tarde de Pamplona. Y, de pronto, me encuentro con tu comentario , del que me gustó mucho lo del intelectual de izquierda menos tonto. Sólo quisiera comentarte que hay una diferencia entre la izquierda europea bien pensante- de la que Palao forma parte- y la llamada “izquierda argentina”. Y digo “llamada” porque- como decía Cristina con exquisita ironía- en Argentina, a la izquierda del peronismo (kirchnerista), está la pared. La diferencia radica en que la argentina es una izquierda anquilosada en el ” cuanto peor, mejor” . Y , en ese sentido, creo que es más canalla que la derecha ( creo que el comentario se envió antes de terminar). Lo que he constatado en las décadas que vivo aquí, es que para la izquierda española- cuanto más lúcida- tanto más difícil le resulta entender el Peronismo, y los demás populismos latinoamericanos. Hay muchas razones para ello y valdría la pena un simposio. O quizá, si piensas viajar a estos pagos, una presentación de tu libro podría servir de excusa para ello. Pero, a mi entender, creo que el más fuerte está en la dificultad para pensar no el capitalismo, del que Europa es la madre, sino el imperialismo, del que Latinoamérica es la hijastra.En cuanto a los discursos, creo que habría que perderle el miedo al del Inconciente, y con él dejarían de ser monstruosos los ideales, tiranos los amos, aberrantes las identificaciones, perverso todo goce…y podríamos hacer el duelo no sólo por la Revolución sino por el Hombre Nuevo.

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