La revista británica The Economist publicó en su última edición de esta semana un informe sobre el abrupto crecimiento de la inteligencia artificial, en el que indagaron en las consecuencias que podrían traer estas tecnologías al futuro laboral, político, económico y social.

¿Podrán las máquinas, alguna vez, reemplazar el aspecto más humano de las personas? (Shutterstock)

La primera Revolución Industrial -cuando por vez primera las máquinas de vapor y la mecanización se apoderaron de la industria- generaron un temor no del todo inexacto. Se anunciaba entonces el fin de la era del trabajo humano e incluso que el descubrimiento de ese gran poder llegaría mucho antes de que los hombres pudieran manejarlo. Esos mismos temores se ven hoy reflejados en quienes se preocupan por los avances de la inteligencia artificial sobre millones de puestos laborales y la manera en que funciona la humanidad entera.

Después de muchas falsas alarmas, finalmente la inteligencia artificial ha logrado un progreso extraordinario en los últimos años, gracias a una técnica llamada “aprendizaje profundo” (o “deep learning”, en inglés). Con suficientes datos, las redes neuronales artificiales -modeladas según la arquitectura del cerebro biológico- pueden ser entrenadas para hacer todo tipo de cosas: potencian el motor de búsqueda de Google, el etiquetado automático de fotos de Facebook, el asistente de voz de Apple, las recomendaciones de compras de Amazon y los coches de auto-conducción de Tesla.

Sin embargo, este rápido progreso es lo que dió lugar a los cuestionamientos sobre su seguridad y las posibles pérdidas de empleo. Grandes científicos como Stephen Hawking, Elon Musk y muchos otros ya se preguntan si la inteligencia artificial podría salirse de control, dando lugar a un conflicto de ciencia ficción entre personas y máquinas. El otro costado de la zozobra tiene un tinte un poco más realista: que se produzca un desempleo generalizado por la automatización de tareas cognitivas que antes podían ser realizadas únicamente por personas.

Las peores consecuencias de la inteligencia artificial

El escenario más alarmante es que en algún momento la inteligencia artificial se torne malvada. Sin embargo, aunque los sistemas de inteligencia artificial son impresionantes, por ahora sólo pueden realizar tareas muy específicas. Es decir, que una “mente” de este tipo sea capaz de burlar a sus creadores humanos sigue siendo una perspectiva lejana e incierta. “Preocuparse por eso es como preocuparse por la sobrepoblación en Marte antes de que alguien siquiera lo colonice”, dijo Andrew Ng, un reconocido investigador de inteligencia artificial. El aspecto verdaderamente apremiante de esta tecnología es el impacto que podría tener en los puestos de trabajo y el modo de vida de las personas.

El pánico sobre el “desempleo tecnológico” apareció en la década de 1960, cuando las empresas empezaron a instalar ordenadores que ocupaban una habitación entera, y en la década de 1980, cuando las computadoras finalmente aterrizaron en los escritorios. Cada vez parecía que la automatización generalizada de puestos de trabajo estaba más cerca.

El miedo al “desempleo tecnológico” está vigente desde la década de 1960

Lo cierto es que, de hecho, en última instancia la tecnología creó más empleos de los que destruyó, como la automatización de las tareas de mayor demanda que todavía estaban más allá de las máquinas. La sustitución de algunos cajeros de bancos por cajeros automáticos, por ejemplo, hizo más barato abrir nuevas sucursales, creando muchos nuevos puestos de trabajo en ventas y atención al cliente. Del mismo modo, el comercio electrónico aumentó el empleo en el comercio minorista.

Al igual que con la introducción de la informática en oficinas, la inteligencia artificial no reemplazará a los trabajadores tanto como les obligará a adquirir nuevas habilidades para complementarlo. Aunque un artículo sugiere que hasta el 47% de los empleos en Estados Unidos se enfrentan a la automatización potencial en la próximas décadas, el informe de The Economist sugiere que será menos del 10% los que realmente lo hagan.

De todas formas, incluso si la pérdida de empleos en el corto plazo es compensada por la creación de nuevos puestos de trabajo en el largo plazo, la experiencia del siglo 19 muestra que la transición puede ser verdaderamente traumática. El crecimiento económico despegó después de siglos de estancamiento de los niveles de vida, pero pasaron décadas antes de que esto se refleje plenamente en salarios más altos. El cambio rápido de la población creciente de las granjas a las fábricas urbanas contribuyó a los disturbios en toda Europa y los gobiernos tardaron un siglo para responder con nuevos sistemas de educación y de bienestar.

“La marcha de las máquinas”, el informe sobre inteligencia artificial de The Economist

Lo más probable es que esta vez la transición sea más rápida, dado que las tecnologías se difunden con mayor velocidad de lo que lo hacían hace 200 años. Pero lo cierto es que la desigualdad de ingresos y la precarización está creciendo, porque los trabajadores de alta cualificación se benefician de manera desproporcionada cuando la tecnología complementa sus puestos de trabajo. Esto plantea dos retos para los empresarios y los políticos: cómo ayudar a los trabajadores existentes a adquirir nuevas habilidades; y cómo preparar a las futuras generaciones para un lugar de trabajo repleto de inteligencia artificial.

Cómo enfrentar la aparición de tecnologías inteligentes

A medida que la tecnología cambie las habilidades necesarias para cada profesión, los trabajadores tendrán que ajustarse. Esto significa que la educación y la formación profesional y académica deberán ser lo suficientemente flexible como para poder enseñar nuevas habilidades de manera rápida y eficiente. Se requerirá un mayor énfasis en el aprendizaje permanente y la formación en los puestos de trabajo y un uso más amplio de la enseñanza en línea. Otra consecuencia de esta transición será que la inteligencia artificial podrá ayudar en la personalización del aprendizaje por computadora y en la identificación de las deficiencias y habilidades que tienen los trabajadores para así re-entrenarse.

Las capacidades sociales y de carácter serán más importantes. ¿Por qué? En la era donde los trabajos son perecederos, las tecnologías van y vienen, alargan la vida laboral de las personas y las habilidades sociales resultan fundamentales para poder ganar un espacio en un ambiente tan cambiante. Son las que pueden dar una ventaja a los trabajadores, ayudándolos a hacer el trabajo que requiere de empatía y de la interacción con otros humanos. Actividades que están lógicamente fuera del alcance de las máquinas, todavía.

Por la parte gubernamental, los sistemas de bienestar tendrán que ser actualizados, para suavizar las transiciones entre los puestos de trabajo y para apoyar a los trabajadores mientras reúnen nuevas habilidades. El problema es que hasta que la IA no erosione definitivamente la demanda laboral, será imposible establecer acciones concretas. En el informe se aplaude el sistema de “flexiguridad” que propone Dinamarca: permite a las empresas contratar y despedir fácilmente, pero apoya y acompaña fuertemente a los trabajadores desempleados en la búsqueda de uno nuevo y la formación académica. Con este panorama, los diferentes beneficios, pensiones y seguros de salud deben estar enfocados a los trabajadores individuales, en lugar de estar atados (como sucede a menudo hoy en día) a los empleadores.

A pesar del rápido avance de la tecnología, en la mayoría de los países todavía hay pocos indicios de que los sistemas educativos y de bienestar de la era industrial se estén modernizando y flexibilizando. Las autoridades deben ponerse en marcha ahora mismo porque cuanto más tiempo se demoren, mayor será el impacto en el momento que estos dispositivos se instalen. La perturbación de la sociedad frente a la tecnología tiene que ser atendida cuanto antes para evitar que se produzca un colapso general cuando la inteligencia artificial llegue para quedarse. “Esto era cierto en la era de la máquina de vapor, y lo sigue siendo en la era de la inteligencia artificial”, concluyó el informe.