Durante casi 45 años, el FBI investigó uno de los asaltos más espectaculares de la historia, hasta que se cansó. Nunca se supo quién fue D. B. Cooper, el hombre que secuestró un avión, cobró un rescate de USD 200.000 y saltó en paracaídas para nunca más dejar rastro. Sin embargo, un grupo de científicos halló una evidencia que arroja nuevas pistas sobre el autor del operativo.

 El caso permanece un misterio desde noviembre de 1971, cuando un hombre de traje reveló a una tripulante, en un vuelo de Portland a Seattle, que llevaba una bomba consigo, por lo que solicitó el pago y volvió a despegar con destino a México. Sin embargo, en el camino saltó desde la nave junto al dinero.

Aunque en julio pasado el FBI anunció el cierre de la investigación, tres científicos aficionados creen haber llegado a un hallazgo que cierra el círculo sobre el hombre: se trataría de un ingeniero aeroespacial o un hombre con un cargo importante en dicho rubro.

Usando tecnología de última generación, el grupo (llamado Científicos Detectives) analizaron un broche de corbata que el sujeto dejó en su asiento (18E), porque, según explican, es un elemento que uno suele portar sin ser habitualmente lavado. Así, hallaron rastros de extraños elementos a los que no cualquier persona está expuesta en la rutina diaria.

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Los investigadores calificaron el hallazgo como “increíblemente afortunado“, ya que reduce la lista de sospechosos exponencialmente. Cerio, sulfito de estroncio y titanio puro son compuestos químicos que sólo algunas personas llevarían como rastro, siendo el último el que más pistas arroja sobre la ocupación de Cooper.

“El titanio era un metal raro en 1971, por lo que es muy difícil que la contaminación haya sido después de su hallazgo. Su presencia reduce a Cooper a un limitado numero de puestos de trabajo en el campo de titanio que usan corbata“, explicó el grupo. En los años 70, el elemento químico era usado principalmente en aviones y helicópteros militares.

Por ello, los científicos creen que el autor del cinematográfico secuestro trabajaba en Boeing, empresa que por entonces desarrollaba un avión y usaba dicho compuesto.

“La corbata estuvo con él en ambientes de producción. Y ciertamente no era uno de los operarios de la fábrica. Era un ingeniero o un supervisor en la planta“, indicó el investigador Tom Kanye.

Cooper, quien fue descrito por los testigos como un hombre de 40 años, tendría en la actualidad más de 80, si es que sigue vivo. El único rastro que se halló fueron unos billetes desenterrados por un niño junto al río Columbia, cuta serie concuerda con los billetes que se le entregó a cambio de los pasajeros.

Cuando los pilotos llegaron al destino exigido (Ciudad de México), Cooper había abandonado la nave mucho antes, al saltar en paracídas entre Seattle y Reno.

Cuando el FBI abandonó el caso, Geoffrey Gray, autor del libro Skyjack, hizo públicos cientos de documentos de la agencia para que cualquier colaborador voluntario pudiera realizar su aporte. “Estamos tratando de resolver uno de los misterios pendientes más grandes de nuestro tiempo“, resaltó.