Asunta estaba “gravemente intoxicada” en el momento de su muerte y no pudo defenderse, según los forenses AGENCIAS

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Los forenses del Instituto Nacional de Toxicología (INT) que han comparecido este martes en el juicio por el asesinato de Asunta han explicado que, en el momento de su fallecimiento, la menor estaba “gravemente intoxicada” por el Orfidal que se le había suministrado y que por este motivo no pudo defenderse.

Los peritos han señalado también que la muerte se produjo entre tres y cuatro horas después de comer con sus padres adoptivos, Rosario Porto y Alfonso Basterra, acusados de haberla asesinado por asfixia después de sedarla el 21 de septiembre de 2013 en Teo, en A Coruña.

Los forenses del INT han confirmado además que en el pelo de Asunta se encontraron restos de lorazepam -principio activo del Orfidal- y de nordiacepam, lo que confirma que estuvo sometida a “consumos repetitivos” de estas dos sustancias sedantes durante los meses previos a su muerte.

Así lo han asegurado los peritos del Instituto Nacional de Toxicología que han comparecido este martes en el juicio por la muerte de la niña Asunta Basterra y que han hablado sobre los estudios realizados en relación al contenido gástrico, sangre, orina y pelo de la niña, según los detalles de la declaración recogidos por Europa Press y Efe.

Indefensa en el momento de la muerte

Los peritos han asegurado que Asunta estaba “gravemente intoxicada” cuando falleció, en un grave estado de “sedación” y con sus “capacidades de defensa muy limitadas” teniendo en cuenta la concentración en sangre de lorazepam que se detectó en la autopsia.

“Era incapaz de defenderse”, ha explicado uno de los peritos, que ha recordado que las cantidades halladas -por encima de los 0,50 microgramos por mililitro de sangre- están “en rango tóxico para personas adultas”. Los restos de este sedante se encontraron también en la orina y estaba también en contenido gástrico sin absorber, por lo que los peritos han explicado que desconocen la concentración máxima que habría alcanzado si se hubiera absorbido completamente.

En su declaración, estos especialistas han explicado que, según los estudios teóricos, los efectos del lorazepam comienzan a notarse entre “15 y 45 minutos” después de la absorción. No obstante, han apuntado que “algunos factores” lo retrasen como la existencia de alimentos en el estómago, tal y como pudo pasar en el caso de Asunta.

Sobre la posibilidad de que la menor pudiese caminar tiempo después de haber consumido el lorazepam, los expertos han recordado que los síntomas aparecen gradualmente, comenzando por la sensación de cansancio y somnolencia. “Una vez tomado la persona no se cae al suelo de un mazazo”, ha apuntado una de las peritos. Los investigadores también han recordado que un consumo prolongado provoca “tolerancia”.

Falleció cuatro horas después de la comida

Las peritos que analizaron el contenido gástrico de Asunta determinaron que en el momento de su muerte los alimentos que había comido estaban “parcialmente digeridos”, lo que implica que la niña falleció como máximo cuatro horas después de la comida, sobre las siete de la tarde del 21 de septiembre de 2013.

En este sentido, los peritos han rechazado que el lorazepam influya en el ritmo de la digestión y han negado categóricamente que el periodo de digestión pueda extenderse más allá de las seis horas, cuando “el estómago estaría ya vacío”.

Paralelamente, y dado que no fue localizado líquido en el contenido gástrico de Asunta, el informe establece que la niña no habría ingerido ningún líquido al menos desde una hora antes de su muerte.

Restos de sedante en el pelo de Asunta

Los peritos del Instituto Nacional de Toxicología también analizaron el cabello de Asunta, que evidencia un “consumo repetitivo” en el tiempo de Lorazepam, sin que se pueda acreditar, sin embargo, ni la frecuencia ni tampoco la cantidad.

Sin embargo, el letrado de Porto, José Luis Gutiérrez Aranguren, ha cuestionado esta visión, ya que un consumo rutinario de esta sustancia debería producir en la menor un “síndrome de abstinencia” al dejar de tomarlo, y, al hilo de esta observación, ha recordado que los testimonios de las personas que pasaron junto a la niña la parte final del verano no hicieron referencia a ello.

Aranguren ha advertido, en este sentido, de que tanto la madrina de la pequeña como su cuidadora relataron que Asunta era una niña sana y feliz que jamás presentó “rastro visible” de la ansiedad que le generaría dejar el consumo de este fármaco.


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