Art Surf Camp antónimo perfecto de calor sofocante, agobios y masificación se llama Galicia

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“Verano” no es una palabra que guarde el mismo significado en todas las partes de la Península. Para los valencianos, fuera de todo lo evidentemente positivo que se pueda sacar, verano también significa calor sofocante, sudor, agobios y masificación. Y en caso de que estos valores decanten demasiado la balanza hacia lo negativo, siempre se puede buscar una salida cercana para las vacaciones veraniegas, algo que no obligue a salir de una península que nos ofrece multitud de opciones para todos los gustos.

De hecho, el antónimo perfecto de calor sofocante, agobios y masificación está a menos de 1.000 kilómetros y se llama Galicia. Los meses gallegos de julio y agosto ofrecen al valenciano todo lo que no puede encontrar en su comunidad. Ni cerca de ella. Temperaturas suaves, enormes espacios verdes y kilómetros y kilómetros de litoral de aguas vivas como pocas en la península. Y el no menos importante factor de la comida, claro. Además, los precios más asequibles que otras zonas del norte como, por ejemplo, el País Vasco ayudan a escoger el extremo noroeste como la opción veraniega perfecta.

La mejora de las carreteras y las infraestructuras ha hecho que cada vez más gente se apunte a un “coast to coast” a la gallega, partiendo desde la frontera con Asturias y llegando hasta Portugal para deleitarse de las delicias de una región que tiene en la costa a su mayor patrimonio. La costa de la Mariña lucense ofrece lo mejor de la gastronomía gallega y brutales paisajes como la reconocida Playa de las Catedrales, un paso previo al plato fuerte del viaje. Unos 40 kilómetros después de la marinera, alegre y abierta ciudad de A Coruña (visita obligatoria esta también), y aunque probablemente no haya ningún cartel que lo avise, comienza el paraíso natural conocido como A Costa da Morte. Un pedazo de costa en la parte oeste/sur de la provincia coruñesa famosa por su misticismo y por el carácter de su mar, terrible e iracundo en invierno, cristalino y simplemente precioso en verano.

Tal es el carácter de esta costa, tanto por sus cabos, acantilados y playas como por la fuerza de su mar, que poco a poco se está convirtiendo en el lugar escogido por muchos para escapar de las masificaciones tan típicas de otros lugares. Entre los planes más populares entre los visitantes de A Costa da Morte se encuentra el de tomar una o dos semanas de clases de surf en cualquiera de los encantadores pueblos pesqueros repartidos por la cosa. Clases impartidas por profesionales para gente de todas las edades que aseguran unas cuantas horas de diversión al día entre olas, posiblemente alguna que otra graciosa caída en el agua (para que negarlo) y, sobre todo, mucho ejercicio. Además, si uno quiere luego justificar la más que posible “panzada” de marisco, pescado o lo que sea que venga, el surf aparece como una opción más que correcta.

Verse con una tabla, entre olas, vestido con un neopreno (esto es obligatorio, ojo) es, por otra parte, una forma perfecta de disfrutar el paisaje de la costa gallega, verlo desde el que al fin y al cabo es su corazón, el mar que da y desafortunadamente a veces también quita la vida a los gallegos. Una semana en el Océano que, de verdad, vale por otras cuatro en cualquier playa.

Posteriormente el viaje puede seguir con una visita a la ciudad de Santiago y su casco viejo, y seguir rumbo a las Rías Baixas para disfrutar de algunos de los mejores mariscos del mundo y encantadores pueblos y playas como Combarro, Cangas do Morrazo o Baiona. Aunque, eso sí, cosas así, o por lo menos parecidas, siempre las puedes vivir en Valencia. Lo que nunca podrás repetir será lo estar sentado en una tabla y rodeado de amigos en medio del mismísimo océano.

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