Apuntes y desapuntes de la mítica figura de ‘El Palleter’

El oficio de palleter, de un carácter primitivo inefable, era uno de los más humildes de Valencia. Antes que se produjese la aparición de las cerillas florecía este fabricante y vendedor de palletes utilizadas para encender el fuego. Las fabricaba untándolas con una porción de azufre que servía de combustible.

El Palleter. Obra de Joaquín Sorolla

El Palleter. Obra de Joaquín Sorolla

Antes que se produjese la aparición de las cerillas florecía este fabricante y vendedor de palletes utilizadas para encender el fuego.

El palleter se convertía en un vendedor ambulante. Una vida nómada y peculiar de este personaje que se entendía muy bien con las amas de casa, las criadas, los labradores y los propietarios de pequeños obradores relacionados con el fuego.

Llevaba una especie de serón colgado a su espalda donde portaba su mercancía. Solía recorrer calles y mercados ofreciendo las pajuelas junto a otros de sus fabricados: los aventadores, unos ruedos pequeños de esparto, con mango o sin él, que servían para avivar el fuego. Estos humildes objetos los cambiaba por zapatos viejos o por botellas de vidrio y objetos de hierro en desuso. Su grito: Ames..! palletes i aventadors! el palleter!

El palleter. Segle XIX

El declive de este oficio vino cuando a partir del segundo tercio del siglo XIX comenzaron a venderse los mistos o cerillas en caja.

Guerra del Francés.El Palleter. Dibujo de Pastor. 1886El declive de este oficio vino cuando a partir del segundo tercio del siglo XIX comenzaron a venderse los mistos o cerillas en caja. Unos de los comerciantes pioneros fueron los Moroder que ofrecían sus cerillas marca El Globo. Fue el hundimiento de los palleters que no pudieron competir con el moderno procedimiento. Además la industrialización hizo surgir otros negocios relacionados con los trapos y hierros en desuso: las traperías.

Vicent Domènech, de Patraix, fue uno de estos palleters, quizá el más famoso. Saltó a la fama por una leyenda generalizada en la guerra del Francés.

Vicent Domènech, de Patraix, fue uno de estos palleters, quizá el más famoso. Saltó a la fama por una leyenda generalizada en la guerra del Francés. Se dijo que el 23 de mayo de 1808, en la plaza de les Panses –hoy de la Companyia-, se quitó la faja y atándola a un palo con una estampa de la Virgen de los Desamparados, enardeció al pueblo gritando: Un pobre palleter li declara la guerra a Napoleó, vixca Ferràn VII i muiguen els traïdors! Los valencianos necesitaban un héroe y lo crearon. Tal vez fueran muchos los ciudadanos que se alzaran contra el ejército napoleónico, incluido el franciscano Martí. El 23, día de triste recuerdo, un grupo de amotinados mancharon de sangre la ciudad con el asesinato del barón de Albalat y las trágicas matanzas de franceses en la Ciudadela y en la plaza de toros. El humilde palleter no sabemos si, incluso, llegó a ser testigo.

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4 Responses to "Apuntes y desapuntes de la mítica figura de ‘El Palleter’"

  1. Julio Cob Tortajada  20 de julio de 2015 at 11:19

    La figura del Palleter forma parte de una de las leyendas urbanas que nos hace sentirnos orgullosos de nuestra historiografía. De vida muy efímera, la fama que alcanzó fue por su osadía al declarar la guerra nada más y nada menos que a un glorioso Emperador que se apoderaba de Europa, alzado en una modesta silla y con una caña como agresivo estandarte contra aquello que para el pobre Palleter , representaba la tiranía.
    Y el hecho se perpetua con monumento, nombre de calle y orgullo de valenciania. De Vicente Domenech no se conoce un antes y un después. Pasó a la gloria en un zigzag de orgullo patrio tras la Lona. Vendía pajuelas.
    Pajuelas que durante muchos años fue un artículo de primera necesidad y que Rafael Solaz con su maestría habitual, nos ilustra de su eficacia. De la sencillez de un artículo, narrado en su uso, con la maestria artesanal de Rafael Solaz, que al tiempo nos rescata la caja de mixtos, alumbre de nuestra infancia.

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  2. Helena  20 de julio de 2015 at 14:41

    Julio Cob Tortajada y Rafael Solaz, dos grandes de esta tierra que deberían pasar con gloria a la historia de esta ciudad.

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  3. Javier Luna  21 de julio de 2015 at 17:38

    Cuando una descripción con tantos y tan significativos detalles nos permite rememorar y revivir acontecimientos pasados, sólo podemos rendirnos ante la genialidad y maestría de quien, como Rafael Solaz, nos hace vibrar, emocionarnos y esperar de modo ilusionado y expectante cada uno de sus artículos.
    Rafael Solaz tiene una habilidad especial en las descripciones y creo que no descubro secreto alguno si afirmo que se traslada documentalmente al momento, acontecimiento, etc del que nos quiere hablar y, además, lo hace de tal manera que creo que llega a conseguirlo -clave a la que ya no puedo acceder- ,
    Por ello, el de hoy, el de ayer, el de mañana y el de siempre es, fué y será un artículo con una absoluta garantía de inefable realidad e incuestionable veracidad.
    ¡ Y que lo siga siendo durante muchos años !.

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  4. Joan  21 de julio de 2015 at 22:33

    Solaz de nuevo ejerce de cronista de su amada Valencia. Sus narraciones, veraces y documentadas, tienen la virtud de hacerte partícipe de la vivencia que narra. Pronto te integras en los personajes históricos de la ciudad, sus cuitas, sacrificios y gestas, como la del humilde Palleter.
    A la vez que suscita nuestra reflexión, rompe las barreras temporales y nos traslada, en primera persona, a esa Valencia, que una vez más rescata. Su amor por su ciudad es tan auténtico y honesto, que consigue establecer bellos lazos entre ciudadanos de distintas épocas.
    Es fácil amar, sentir, la Valencia de Solaz, pues nos la presenta con la frescura y matices que solo parecían visibles en el mismo día de los hechos. Hoy el palleter de Patraix, con su historia y su leyenda, regiones a veces colindantes, otras veces, sustitutivas la una de la otra, sigue vivo, y pasea por la Valencia ocupada de 1812. Incluso se percibe el olor a azufre.

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