Antonio Pérez Henares: “Ignoramos nuestra historia y esa ignorancia nos lleva a despreciarla y hasta avergonzarnos de ella”

El Péndulo | Redacción.- Antonio Pérez Henares es autor, entre otras muchas obras de ficción, no ficción y poesía, de la novela ‘La tierra de Álvar Fáñez’ y las que componen su Trilogía Prehistórica: ‘Nublares’, ‘El hijo de la Garza’ y ‘El último cazador’.

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‘La Reconquista, inclinó definitivamente la balanza del lado cristiano’, dice Pérez Henares.

Como periodista lleva ejerciendo desde los dieciocho años, en que comenzó en el diario Pueblo. Ha trabajado después entre otros medios como Mundo Obrero, Tiempo, El Globo, Cadena SER, Tribuna de Actualidad, La Razón y Negocio. En la actualidad es director de publicaciones de PROMECAL, editora de una docena de periódicos en Castilla y León y Castilla-La Mancha. Además, colabora habitualmente como comentarista político en la RNE, TVE, La Sexta, 13 TV, Telemadrid y otras cadenas autonómicas. Sus columnas pueden ser leídas, a través de Europa Press, en más de cuarenta diarios de toda España. Posee una bitácora, ‘La Marea’, en Periodista Digital.

‘El Rey Pequeño’ (Ediciones B’) se desarrolla en una etapa clave de la Reconquista, la que culminó en la batalla de las Navas de Tolosa. La educación medieval de un rey, la vida cotidiana durante la repoblación castellana y las grandes pasiones humanas, como el amor y la venganza, son otros protagonistas clave de esta gran novela histórica de Antonio Pérez Henares.

El Péndulo : ¿Quién fue el Rey Pequeño?

Antonio Pérez Henares: Así llamaron los musulmanes a Alfonso VIII. Quedó huérfano de padre y madre a los 3 años y a tan corta edad heredó la corona de Castilla. Presa de las ambiciones de los grandes nobles castellanos (Laras y Castros, que se disputaban su custodia) y de su tío el rey leonés, Fernando II, demostró su determinación y coraje nada más cumplir los 14 y acabó por ser quien diera el golpe trascendental al poder islámico en España al lograr vencer en la batalla de Las Navas de Tolosa.

E.P.: ¿Por qué, precisamente, Alfonso VIII como protagonista, te atraía el personaje?

A.P.H.: Mucho. Su peripecia vital es increíble y todo lo que le rodea fascinante. Incluso su matrimonio. Estuvo casado desde muy joven, y ella aún lo era más, con Leonor de Plantagenet, hermana de Ricardo Corazón de León. Murieron casi al mismo tiempo también.

E.P.: ¿Por qué has elegido ese período tan concreto de la historia de España?

A.P.H.: Hay que tener en cuenta que es el momento más crucial de la Reconquista, donde se inclinó definitivamente la balanza del lado cristiano. Como pasaje histórico es fundamental.

E.P.: ¿Cuáles fueron los principales desafíos a los que tuvo que enfrentarse el Rey Pequeño?

A.P.H.: Las ambiciones y peleas de la nobleza castellana, que en su ciega rivalidad  incluso traicionaron a Castilla  pasándose al campo musulmán; el emergente y poderosísimo imperio almohade; y los otros reyes hispánicos, familiares cercanos todos, que no dudaron en lanzarse contra Castilla, coaligados con los moros contra él cuando fue derrotado por el emir musulmán en Alarcos. Solo tuvo el apoyo fiel del rey de Aragón.

Antonio Pérez Henares.
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Antonio Pérez Henares.

E.P.: ¿Cuáles eran las principales características de la personalidad de Alfonso VIII?

A.P.H.: Forjado en la adversidad y muy valiente. Incluso en exceso. Su temeridad en Alarcos le condujo a una terrible derrota pero esa misma bravura decidió la victoria de las Navas.

E.P.: ¿Se pueden establecer algunos paralelismos entre esa época y la situación actual? ¿Qué podemos aprender de nuestro pasado?

A.P.H.: Hay uno evidente. En el campo islámico, el movimiento fanático almohade que sustituyó al anterior almorávide, que no se quedaba atrás en ello, tiene muchas similitudes con lo que ahora predican Al Qaeda  o el DAESH: la yihad, la guerra santa, como instrumento de expansión, terror y dominación.

E.P.: ¿Qué paisajes castellanos aparecen en tu novela?

A.P.H.: Esencialmente los de la frontera castellana, la llamada ‘extremadura’ y  la Transierra, una vez cruzado el Sistema Central, con el río Tajo como frontera. Las plazas fuertes castellanas, desde Atienza, donde comienza la novela con el Rey Pequeño cercado por su tío el rey leonés); Sigüenza, que me ha permitido relatar el nacimiento de una ciudad medieval y la construcción de una cathedral; Zorita de los Canes, donde el protagonista, personaje de ficción, nieto de Pedro el Pardo, tiene los orígenes y enlaza con mi anterior novela ‘La Tierra de Álvar Fáñez’; Hita y sus carnavales; Toledo, por supuesto; Burgos, claro; la maravillosa Cuenca y su conquista definitiva y las tierras ribereñas del Guadiana donde se produjeron las grandes batallas: Alarcos, Calatrava la Vieja, Mora, y el camino del ejercito cristiano hasta las Navas.

E.P.: ¿Cuál fue el papel de las ciudades castellanas en el proceso de la Reconquista?

A.P.H.: Esencial el de esas villas y ciudades realengas y sus mesnadas concejiles. Leales al rey que les dotaba de Fueros y cuyos caballeros villanos fueron decisivos en la defensa, mantenimiento y repoblación de todo el territorio. Esa repoblación castellana es la protagonista coral del libro.

E.P.: La novela tiene como eje la relación de amistad entre el rey Alfonso VIII y un niño del pueblo llano, al que además luego le vemos ir adquiriendo más y mayores responsabilidades. ¿Había más movilidad social en la Edad Media de lo que creemos?

A.P.H.: Lo que había dentro de los estamentos era  una dignidad muy asumida en cada uno de ellos. El “no soy mas que nadie pero menos que ninguno” que exclama el protagonista como reafirmación de sí mismo y su estatus refleja mejor que nada el sentir profundo de uno de aquellos hombres de las villas, aquellos caballeros villanos, expresión que en absoluto tiene nada de peyorativa, sino al contrario.

E.P.: Las luchas entre los Castros y los Laras, las intrigas familiares entre los reyes cristianos…  ¿Es el siglo XII nuestro particular ‘Juego de tronos’?

A.P.H.: Dónde va a parar. Aquello sí que lo era en verdad. Tanto en el lado cristiano como en el musulmán. Baste decir que los cinco reyes cristianos en el momento de las Navas eran todos primos de Alfonso VIII. El aragonés Pedro II siempre le fue leal y cercano. No así los otros. Pero cada cual tenía sus razones e intereses.

Pérez Henares narra la historia de un niño huérfano y acosado que acabaría siendo el gran vencedor de Las Navas de Tolosa.
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Pérez Henares narra la historia de un niño huérfano y acosado que acabaría siendo el gran vencedor de Las Navas de Tolosa.

E.P.: ¿Cuál es tu personaje favorito de la novela? ¿Por qué?

A.P.H.: La abuela Yosune, que es quien cría al protagonista, Pedro de Atienza, es la viuda  de Pedro el Pardo, una vascona recia, buena y prudente. Y buena cocinera, claro. Pero hay muchos otros. El primo del protagonista, Juan el Largo, me hace brotar la sonrisa siempre, los primeros repobladores de mi Bujalaro natal, Valentín y Julián y, por supuesto, el amor de Pedro, Elisa, la juglaresa, una hermosísima mujer de trágico pasado. Entre los personajes de ficción hay muchos personajes de los del “común”, gentes sencillas, cuya peripecia vital resulta más atrayente incluso que la de los nobles. Son los verdaderos héroes.

E.P.: ¿Queda en nosotros algo de esos repobladores castellanos que retratas en la novela?

A.P.H.: Queda mucho. Solo hay que ir a los pueblos y encontrarlos. Les invito a todos a ir a la caballada de Atienza, este año cae el 15 de mayo, día de san Isidro (el santo madrileño  aparece en la novela, vivió en aquella época) y hasta los verán, más de ocho siglos después, en mula o caballo montados, con sus capas y su dignidad a cuestas.

E.P.: ¿Qué impidió la convivencia entre cristianos y musulmanes en la Península Ibérica?

A.P.H.: Primero que fue una invasión, que eso no se olvide, y una imposición de los conquistadores, pero lo que destrozó cualquier posibilidad fue el integrismo brutal de los almorávides y almohades. Por cierto que lo primero que estos hicieron fue acabar con los reyes andalusíes, a los que acusaban de desviarse de los preceptos del Corán  y al que no asesinaron lo desterraron al Sáhara.

E.P.: En tu novela hay personajes muy variados socialmente. Entre todos ellos destaca la juglaresa. ¿Qué nos puedes contar de ella? ¿Son ciertos los clichés que tenemos en la cabeza acerca del papel de las mujeres en la Edad Media?

A.P.H.: Las mujeres de la nobleza tenían mucho mayor papel de aquel al que se ha pretendido relegarlas. La abuela de Alfonso VIII, Urraca, fue reina de Castilla. No es cuestión de mentir, sin embargo, diciendo que el papel era igualitario. Para nada. Pero desde luego juglaresas había y están bien documentadas en grabados. Uno de ellos me inspiró al personaje de Elisa.

E.P.: Uno de los aspectos más destacados de tu novela es su rigor. ¿Qué proceso de documentación has seguido? ¿Cuáles han sido tus principales fuentes? ¿Te ha ayudado algún historiador en el proceso?

A.P.H.: He contado con la ayuda inestimable  de Placido Ballesteros, un gran medievalista. Y hemos ido a las fuentes, tanto cristianas como musulmanas. Por ejemplo, el relato del cerco almohade de Huete es de primera mano, está basado en la crónica de un historiador árabe presente en la batalla, Al-Salá y amigo de Averroes, que también estaba presente. Las crónicas de los reinados cristianos y muy en particular los escritos del Jiménez de Rada, contemporáneo y testigo presencial, y algo interesado, de los momentos claves, como Las Navas. También los grandes historiadores: Julio González, Martínez Díaz, Huici Miranda y mi gran paisano Layna Serrano. Pero también empaparme de los paisajes y sitios donde transcurre la trama, ir a los lugares, subir a las almenas y pisar los campos de batalla donde combatieron.

E.P.: ¿En el proceso de documentación, has encontrado sorpresas, datos inesperados que hayan cambiado la idea que tenías de algún hecho o algún personaje en concreto?

A.P.H.: Pues sí. Y de uno importante, Nuño Pérez de Lara, el jefe de esa poderosa familia. Mi imagen al empezar era bastante más negativa de la que al bucear en el personaje acaba por emerger. Era astuto y taimado pero fue un buen tutor y amparó y quiso de verdad a Alfonso VIII. Fue mutuo hasta su muerte en la conquista de Cuenca.

E.P.: ¿Qué opinas de la manipulación de la historia que estamos viendo a diario para justificar algunos procesos actuales?

A.P.H.: Los españoles nos estamos haciendo reos de un delito imperdonable: ignoramos nuestra historia y esa ignorancia nos lleva a despreciarla y hasta avergonzarnos de ella, siendo como es, con sus sombras, claro, la más extraordinaria y trascendental del mundo entero. Por si fuera poco los nacionalismos separatistas se han dedicado a tergiversarla de una manera tan grosera como ridícula. Pero eficacísima. Así nos luce el pelo.

E.P.: En todas tus obras literarias está muy presente el paisaje, como un protagonista determinante, y en esta también aparece, en particular el de tu propia tierra de la serranía castellana y de la Alcarria.

A.P.H.: Yo tengo un profundo sentido de pertenencia a mi tierra, de raíz, de ser parte de ella. Me emociona el contemplarla y describirla. Al fin y al cabo, aunque uno haya visto montañas mucho mas altas y ríos muchos más caudalosos, resulta que el valle más verde te parece el “tuyo”, porque es el que siempre está verde en tu corazón y en tu recuerdo.

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