ACNUR reclama alternativas más seguras a las mortales travesías a través del golfo de Bengala

Shoukat Ara, 24, embarked from Buthidaung, Myanmar, three months ago with her two young sons to join her husband, who fled to Malaysia after intercommunal violence in Myanmar in 2012. They instead landed in Aceh, Indonesia in May after being rescued by Indonesian fishermen from their sinking smugglers' class=
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Shoukat Ara, 24, embarked from Buthidaung, Myanmar, three months ago with her two young sons to join her husband, who fled to Malaysia after intercommunal violence in Myanmar in 2012. They instead landed in Aceh, Indonesia in May after being rescued by Indonesian fishermen from their sinking smugglers’ boat.

(ACNUR/UNHCR) – Un nuevo informe de la Agencia de la ONU para los Refugiados ha revelado que los desplazamientos marítimos mixtos en el sudeste asiático provocaron tres veces más víctimas mortales que en el Mediterráneo durante el pasado año. Este dato pone de relieve la urgente necesidad de establecer una mayor cooperación para la búsqueda y rescate entre los Estados afectados.

El último informe titulado «Movimientos marítimos mixtos en el sudeste de Asia» (en inglés) aporta información clave sobre cifras y tendencias de desplazamientos en el océano Índico durante el 2015. Se estima que en toda la región unos 33.600 refugiados e inmigrantes de diferentes nacionalidades se subieron a bordo de embarcaciones de traficantes, de los cuales, 32.600 en el golfo de Bengala y en el mar de Andamán, unos 700 a través del estrecho de Malaca y más de 200 fueron interceptados en su travesía hacia Australia.

La mayor parte de los pasajeros en el golfo de Bengala y en el mar de Andamán eran rohingyas y nacionales de Bangladesh. Las cifras reflejan dos temporadas claramente diferenciadas: la primera mitad del 2015 vio el nivel de salidas más alto jamás registrado (31.000), mientras que el segundo semestre del año fue mucho más tranquilo que en años precedentes, con unas 1.600 salidas. Si se suman todas las salidas a lo largo del año en el golfo de Bengala (33.600), estas suponen sólo un poco más de la mitad de la cifra récord del año anterior (63.000).

Este descenso puede atribuirse a varios factores, como el descubrimiento de fosas comunes a lo largo de la frontera terrestre entre Malasia y Tailandia con los restos de más 200 supuestas llegadas anteriores, la campaña del gobierno contra las redes de tráfico y la vigilancia de los puntos tradicionales de salida y llegada. Esto provocó que los traficantes abandonaran a los pasajeros en el mar, desencadenando un ‘ping pong marítimo’ de botes que tanta difusión mediatica ha tenido, y que acabó con el rescate y desembarco de miles de personas y las consiguientes y continuas detenciones en algunos de los países de acogida. A esto le siguió la temporada del monzón, lo cual siempre reduce la navegación.

A pesar de estas cifras más bajas, la tasa de mortalidad del 2015 fue tres veces más alta en estas aguas que en las del Mediterráneo. Se estima que unas 370 personas habrían fallecido en el golfo de Bengala y el mar de Andamán durante el pasado año, no ahogadas sino víctimas del maltrato y de las enfermedades provocadas por los traficantes, quienes abusaron y, en muchos casos, asesinaron a los pasajeros durante la ruta con total impunidad. Este saldo incluye a aquellos que murieron durante una pelea por el limitado abastecimiento en un bote al que se le impidió el desembarco en dos ocasiones. Algunas de estas muertes podrían haberse evitado con un desembarco rápido.

En otra zona de esta región, según informan los medios de comunicación, 263 personas a bordo de nueve embarcaciones habrían intentado alcanzar Australia y Nueva Zelanda a lo largo de 2015. Las autoridades australianas e indonesias impidieron que llegaran a Australia a estos botes que habían salido desde Indonesia, Sri Lanka y Vietnam y transportaban pasajeros de Bangladesh, India, Irak, Myanmar, Nepal, Pakistán, Sri Lanka y Vietnam.

ACNUR considera que, a menos que se aborde la raíz del problema que provoca los desplazamientos, las personas seguirán arriesgando sus vidas en embarcaciones de traficantes para buscar seguridad y estabilidad en otro lugar.

En 2015, los gobiernos de la zona se mostraron dispuestos a hacer frente a este problema regional a través de varias reuniones de alto nivel. No obstante, persiste la acuciante necesidad de toma de medidas concretas por parte de los Estados afectados para coordinar procedimientos de rescate en el mar, identificar puertos o proceder al desembarco seguro de los pasajeros, así como poner en marcha procedimientos de recepción e identificación a la llegada. Las personas que han huido de sus hogares y no pueden regresar debido a la falta de protección deberían recibir refugio temporal y poder ejercer sus derechos fundamentales y acceder a servicios básicos mientras se encuentran soluciones a largo plazo para su situación.

Para minimizar las muertes en el mar, deberían proporcionarse vías seguras y legales -incluyendo programas de migración laboral y de reunificación familiar- para las personas que abandonan su hogar dada la difícil situación en su país de origen. ACNUR espera que se puedan poner en práctica los acuerdos sobre migración laboral para las personas de la etnia rohingya que ya se encuentran en países importadores de mano de obra, lo cual les permitiría contribuir a la economía de sus países de acogida y de origen.

El próximo mes tendrá lugar la Conferencia Ministerial sobre el Proceso de Bali, que será una oportunidad propicia para abordar esta problemática.

Las causas profundas deben ser tratadas de forma simultánea. El levantamiento de las restricciones existentes sobre la libertad de movimiento y el acceso a los servicios básicos en el Estado de Rakhine en Myanmar permitiría a miles de personas llevar una vida normal y minimizaría el riesgo de que arriesguen sus vidas en peligrosos viajes por mar.

ACNUR también está siguiendo con interés los planes del gobierno de Bangladesh para identificar a cientos de miles de rohingya indocumentados en el sudeste de Bangladesh. Esperamos que este programa permita una mejor documentación y un mejor acceso a servicios.

Se calcula que desde 2012, cerca de 170.000 rohingya y bangladesíes han emprendido la peligrosa travesía del golfo de Bengala. Algunas de sus historias han sido narradas en este reportaje.

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