A una semana de las elecciones, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez mantuvieron un duro cara a cara

Los cruces entre el jefe del gobierno español saliente y el líder de la oposición se centraron en la corrupción y la recuperación económica. Hubo también descalificaciones personales. Las encuestas dan como ganador al Partido Popular (PP)

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El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, y el líder del PSOE, Pedro SánchezCrédito: AFP

España “ha salido de la parte más dura de la crisis y ahora lo que toca es crear dos millones de puestos de trabajo que si seguimos con las reformas estructurales podremos hacerlo”, dijo Mariano Rajoy, a menos de una semana para las elecciones generales del domingo.

El jefe del gobierno español, de 60 años, centró su intervención en la recuperación económica, que atribuyó a las reformas estructurales aplicadas desde su llegada al poder en 2011, cuando, según él, “España era el enfermo de Europa” y tenía “todos los desequilibrios económicos”.

Tras cuatro años de una draconiana política de austeridad que ha alimentado el descontento social, el líder socialista, Pedro Sánchez, le echó en cara que la recuperación se ha hecho “a base de hacer las cosas más baratas y no mejor, lo que ha hecho es introducir más desigualdad” con una reforma laboral que ha permitido sueldos más baratos, al tiempo que hubo subida de impuestos o recortes de servicios sociales.

El líder de la oposición insistió en que gran parte del nuevo crecimiento del país se debe a factores exteriores, como la caída del precio del petróleo.

Corrupción y bronca

Sin embargo, el principal ataque de Sánchez a Rajoy vino por los escándalos de corrupción que afectan a su Partido Popular (PP), aunque también han tocado a los socialistas, generando los momentos más broncos y violentos del debate.

“El presidente del gobierno señor Rajoy debe de ser una persona decente y usted no lo es”, le espetó Sánchez al jefe del ejecutivo.

“Su intervención ha sido ruin, mezquina y deleznable”, le respondió Rajoy, que insistió en su limpieza.

“Jamás nadie me ha citado en ningún juzgado, ni jamás nadie me acusó de apropiarme de nada”, insistió el jefe del gobierno español, al que Sánchez recordó los casos de corrupción que afectan al ex director del FMI, Rodrigo Rato, por su gestión en el banco Bankia, o al antiguo tesorero del PP, Luis Bárcenas, por una supuesta contabilidad oculta del partido.

 

Sánchez, que interrumpió en varias ocasiones a su oponente, pareció poner nervioso a Rajoy en el debate organizado por la Academia de Televisión y emitido por varios canales y emisoras de radio desde las 22:00 (21:00 GMT).

“Probablemente el ganador han sido los candidatos que no estaban en el debate, porque el tono ha sido muy agrio, muy agresivo”, dijo David Jiménez, director del diario El Mundo en la televisión pública .

Jiménez se refería a los líderes del partido liberal Ciudadanos, Albert Rivera, y de la formación de izquierda radical, Pablo Iglesias, que “han debido de pensar ‘esto es la vieja política y no lo que quieren los españoles'”.

Poco debate sobre Cataluña

En dos horas de debate, Sánchez y Rajoy apenas tocaron otros temas importantes como la situación en Cataluña con el auge independentista, donde Sánchez se limitó a reiterar su propuesta de una reforma constitucional para mejorar el encaje de Cataluña dentro de España.

La situación en Cataluña necesita “mucho diálogo, mucha ley y muchas reformas”, añadió Sánchez, mientras que Rajoy reiteró su disposición a oír propuestas sobre una reforma constitucional pero recordando que es “innegociable la unidad de España”.

“No han ganado ni un solo voto de los indecisos, en todo caso han convencido a los suyos”, lamentó el director del diario ABC, Bieito Rubido, a la televisión pública española.

Según varios sondeos publicados este lunes, último día permitido por ley para hacerlo, el PP se afianza como favorito, con una estimación de voto que varía de 25,3% (entre 105 y 112 escaños) a 29,9% (125-128 escaños). En cualquier caso muy lejos de la mayoría absoluta (176 diputados) y del 45% obtenido en los comicios precedentes, lo que le obligaría a alcanzar pactos para gobernar.

Por su parte, los socialistas ahondarían en su fracaso de 2011 restando al menos una veintena de diputados a los 110 obtenidos entonces, en el que ya fue el peor resultado de su historia.


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