87 millones de niños menores de 7 años solo han vivido en zonas en conflicto

On 28 November, Nour Majati cradles her 1-month-old son, Youssef, in the village of Tabanovce, on the border with Serbia. Her 5-year-old son, Basher, is behind them. Mrs. Majati, her husband and their four children are making their way to the Serbian border after arriving in the village by train. They fled the Syrian city of Halab (Aleppo) following bombing attacks on their home by government allies after Mr. Majati joined the opposition during the escalating conflict. The family initially found refuge in a nearby town but were forced to leave the country altogether after that town was overrun by ISIS. Mrs. Majati, who was pregnant with Youssef at the time, gave birth via Caesarean section operation just before they fled. Her surgical wound opened during the long, arduous journey: overland in Turkey, by sea to Greece, and overland again – walking for days – towards Central Europe. She was forced to let the wound heal on its own, and although it eventually stopped bleeding, it remains very painful. Her body is also swollen, and it takes her twice as long to walk anywhere. She is often also sick as a result of the cold weather, which she believes is making Youssef, whom she breastfeeds, ill as well. Mrs. Majati hopes to find “safety, rest, treatment, and education – most importantly, education” in Sweden, the family’s final destination. “I have been looking for humanity, but much of the time, I cannot find it. I realized that the Syrian blood is very cheap,” she said. “The help that we received throughout the journey showed me that there is still a little hope,” she added. The family visited a UNICEF child-friendly space in the village, where they dressed their children in warm clothes provided by an aid group and also received soup, before continuing their journey north. In late November 2015, refugee and migrant flows into Europe remain at an unprecedented high. Since the beginning of the year, over 870,000 refugees and migrants have crossed t
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On 28 November, Nour Majati cradles her 1-month-old son, Youssef, in the village of Tabanovce, on the border with Serbia. 

Más de 86,7 millones de niños menores de siete años han pasado toda su vida en una zona asediada por un conflicto, un factor que representa un riesgo para el desarrollo de su cerebro, según ha afirmado hoy UNICEF.

Durante los siete primeros años de su vida, el cerebro del niño tiene la posibilidad de activar 1.000 células cerebrales por segundo. Cada una de estas células, llamadas neuronas, tiene la facultad de conectarse miles de veces por segundo con otras 10.000 neuronas. Las conexiones del cerebro son elementos básicos para el futuro del niño, ya que definen cómo será su salud, su bienestar emocional y su capacidad de aprendizaje.

Los niños que habitan en zonas de conflicto están a menudo expuestos a traumas extremos que les ponen en riesgo de vivir en un estado de estrés tóxico. Esto inhibe la conexión de las células del cerebro y tiene importantes consecuencias en su desarrollo cognitivo, social y físico durante el resto de su vida.

“Además de las amenazas físicas inmediatas que afrontan los niños durante estas crisis, corren también el riesgo de sufrir profundas cicatrices emocionales”, dijo la responsable de UNICEF para el desarrollo en la primera infancia, Pia Britto.

Según datos de UNICEF, en todo el mundo 1 de cada 11 niños menores de 7 años ha vivido en una situación de conflicto durante la época de su vida más importante para el desarrollo de su cerebro.

“Los conflictos privan a los niños de su seguridad, de su familia y de sus amigos, del juego y de la rutina. Estos son los elementos que durante la infancia ofrecen a los niños las mejores oportunidades posibles para tener un desarrollo pleno y un aprendizaje eficaz, lo cual les permitirá contribuir a sus economías y sociedades y crear comunidades sólidas y seguras cuando sean adultos”, dijo Pia Britto.

“Esta es la razón por la cual debemos invertir aún más para proporcionar a los niños y a los cuidadores suministros y servicios esenciales, como materiales pedagógicos, apoyo psicosocial y espacios amigos de la infancia. Todo ello puede contribuir a recuperar, en medio del conflicto, el sentimiento de ser un niño”.

Un niño nace con 253 millones de neuronas activas, pero para que el cerebro alcance su plena capacidad de funcionamiento en la edad adulta, con alrededor de 1.000 millones de neuronas capaces de conectarse entre ellas mismas, es muy importante el desarrollo en la primera infancia. Esto incluye la lactancia materna y la nutrición temprana, la estimulación precoz por parte de los cuidadores, las oportunidades de aprendizaje desde edades tempranas y la posibilidad de crecer y de jugar en un entorno seguro y sano.

 

Como parte de sus intervenciones en situaciones de emergencia humanitaria y crisis prolongadas, UNICEF trata de mantener a los niños en entornos amigos de la infancia, proporcionándoles kits de emergencia con materiales pedagógicos y recreativos. Solamente el año pasado, los kits de emergencia dieron apoyo a más de 800.000 niños que se encontraban en situaciones de emergencia.


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