500.000 niños migrantes y refugiados expuestos a la explotación en una crisis que alimenta las redes de traficantes

Syrian Kurds Shanya Omar, 2 1/2, daughter Mahi Omar (grey sweater with print), 8, daughter Ajin Omar (light pink shirt), 12, and brother Chimen Omar (teal t-shirt), 12,  at the Karlshorst emergency housing estate, a refugee camp administered by the German Red Cross, in Karlshorst, a middle class suburb of Berlin, Germany on May 26, 2016. The camp buildings were originally Russian military barracks prior to the fall of the Iron Curtain, and today they house 1,000 refugees (350 of whom are children), including 500 people from Syria, 200 from Afghanistan, 100 from Iraq, and another  200 from Eastern and South Asia and parts of Africa. When the camp opened in August, 2015, it was filled to the capacity of 1,000 people within a week. The family heard fighting close to their house in Qamishli, Syria on December 26, 2015, and immediately packed their bags to leave for Germany. When their son, Chimen got home from school that day, they fled, making the journey non-stop to Europe in five days. When they arrived in Berlin, a friend told Mohammad to apply for Asylum in Hamburg where he said paper work was being processed faster. Upon traveling there, Mohammad and his family were reassigned to Berlin, where they live today. Since January 2015, more than 1,200,000 people crossed the Mediterranean. Yet, the refugee and migrant crisis has entered a new phase since the border closures in the Balkans and the EU-Turkey agreement in March. The number of people – mostly from Syria, Afghanistan and Iraq – crossing the Mediterranean from Turkey to Greece has dropped dramatically. At the same time, vast numbers of refugees and migrants (largely from sub-Saharan Africa) are using the much more dangerous Central Mediterranean crossing from North Africa to Italy. As a result, only during the past two weeks, nearly 1,000 people lost their lives- one third of all deaths in the Mediterranean since the beginning of the year. The number of children among them is unknown as there is only pa
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Syrian Kurds Shanya Omar, 2 1/2, daughter Mahi Omar (grey sweater with print), 8, daughter Ajin Omar (light pink shirt), 12, and brother Chimen Omar (teal t-shirt), 12, at the Karlshorst emergency housing estate, a refugee camp administered by the German Red Cross, in Karlshorst, a middle class suburb of Berlin, Germany on May 26, 2016. The camp buildings were originally Russian military barracks prior to the fall of the Iron Curtain, and today they house 1,000 refugees (350 of whom are children), including 500 people from Syria, 200 from Afghanistan, 100 from Iraq, and another 200 from Eastern and South Asia and parts of Africa. When the camp opened in August, 2015, it was filled to the capacity of 1,000 people within a week. The family heard fighting close to their house in Qamishli, Syria on December 26, 2015, and immediately packed their bags to leave for Germany. When their son, Chimen got home from school that day, they fled, making the journey non-stop to Europe in five days. When they arrived in Berlin, a friend told Mohammad to apply for Asylum in Hamburg where he said paper work was being processed faster. Upon traveling there, Mohammad and his family were reassigned to Berlin, where they live today.
Since January 2015, more than 1,200,000 people crossed the Mediterranean. Yet, the refugee and migrant crisis has entered a new phase since the border closures in the Balkans and the EU-Turkey agreement in March. The number of people – mostly from Syria, Afghanistan and Iraq – crossing the Mediterranean from Turkey to Greece has dropped dramatically. At the same time, vast numbers of refugees and migrants (largely from sub-Saharan Africa) are using the much more dangerous Central Mediterranean crossing from North Africa to Italy. As a result, only during the past two weeks, nearly 1,000 people lost their lives- one third of all deaths in the Mediterranean since the beginning of the year. The number of children among them is unknown as there is only pa

Los nuevos datos revelan que desde enero de 2015, en torno a medio millón de niños migrantes y refugiados han recurrido a los servicios de traficantes de personas. Empujados por la desesperación y los retrasos en los procesos caen en manos de criminales dispuestos a beneficiarse de su vulnerabilidad.

Para poder traer a la luz estos negocios turbios de tráfico de niños migrantes hacia Europa y ofrecer una respuesta adecuada, UNICEF ha recabado información desde distintas fuentes – incluyendo la Europol-Interpol, testimonios de los propios niños, publicaciones de otras agencias de Naciones Unidas, ONG, e informes en medios corroborados.

Los datos publicados esta semana por Eurostat revelan que más de 580.000 solicitudes de asilo han sido presentadas por niños en Europa* desde enero de 2015. Según un informe reciente de la Europol-Interpol más de 90% de los viajes realizados por las personas refugiadas y migrantes que llegan a la Unión Europea son facilitados por traficantes que trabajan para redes criminales, por lo que se estima que al menos medio millón de niños han recurrido a traficantes en algún punto de su recorrido. Los niños no acompañados suponen cerca de 100.000 de estas personas, y están especialmente predispuestos a usar esos servicios.

“Cerrar fronteras es como cerrar las puertas con llave, pero dejando las ventanas abiertas, esto empuja a los niños, especialmente a los no acompañados, a tomar riesgos mayores”, dijo Marie-Pierre Poirier, coordinadora especial de UNICEF para la crisis de personas refugiadas y migrantes en Europa.

“Aunque la oleada de migrantes y refugiados ha bajado considerablemente, los cierres fronterizos, las políticas estrictas de migración y el acuerdo Unión Europea-Turquía han llevado a estos grupos criminales a adaptar rutas de tráfico de drogas y armas bien establecidas por las que transportar a personas refugiadas y migrantes.”

 

“Las políticas de control migratorio son las  que a menudo han guiado a los Estados en su respuesta, en lugar de las necesidades urgentes y reales y los derechos de los niños refugiados y migrantes . Si hubiera opciones legales y seguras, los niños y sus familias no se verían forzados a verse entre las manos de traficantes que llevan a muchos de ellos por rutas peligrosas o irregulares”.

Actualmente se estima que tanto el tráfico como la trata de personas generan ganancias de 5 o 6 miles de millones de dólares anualmente. Como el número de personas haciendo estos peligrosos viajes ha descendido, Europol estima que estos criminales han triplicado sus precios, con muchos migrantes pagando hasta 3.000 euros por cada trayecto de su viaje.

Los niños se ven obligados a endeudarse a menudo con ellos para ser transportados. Tener que pagar estas deudas les pone en un riesgo todavía mayor de explotación por parte de los traficantes. Hay informes de niños no acompañados en Francia e Italia que se ven forzados a trabajar, a intercambiar servicios sexuales o coaccionados para cometer crímenes.

Para proteger a los niños migrantes y refugiados, UNICEF hace un llamamiento urgente:

  • Es necesario realizar esfuerzos mucho mayores para identificar las acciones de tráfico y trata dirigidas  a los niños en tránsito.
  • En países de tránsito, particularmente en Grecia e Italia, es crítico que los actores de protección infantil estén equipados para poder dar asistencia individual y apoyo a todos los niños migrantes y refugiados vulnerables, con enfoque especial en los niños no acompañados.
  • Una recogida de datos de los niños más estricta en el contexto de la respuesta a personas migrantes y refugiadas en Europa.

Cuando la calidad de la respuesta mejora, e incluye una entrevista personal dentro de las primeras 72 horas, mejor acceso a la información, nombramiento de un adulto de referencia como tutor, actualizaciones frecuentes en su proceso y acceso mejorado a asistencia legal, el riesgo de que el niño se marche de forma inadvertida para continuar su viaje con traficantes se reduce considerablemente.

UNICEF ha estado estableciendo equipos móviles en áreas clave con expertos en protección infantil, para proporcionar servicios a niños en tránsito y ayudar a identificar rápidamente a los niños que pueden ser víctimas de tráfico y trata. Por ejemplo, el equipo especialista y aliados en los centros de menores no acompañados en Atenas y alrededores y en el puerto de Lampedusa, Italia, están colaborando en la identificación y asistencia de mujeres y niñas que han podido ser víctimas de explotación sexual. UNICEF se ha comprometido también a un monitoreo e investigación permanente del impacto del tráfico en los niños refugiados y migrantes.

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