Los hechos paranormales más terroríficos de España

istockSi sigues leyendo, puede que tú también empieces a dudar.

‘Presentir’ algo antes de que suceda es una de esas experiencias capaces de hacer pasar a segundo plano los hechos científicos comprobados. No debe ser fácil permanecer escéptico cuando te pasa, por ejemplo, como a Virginia, guionista, que soñó que se quemaba su casa del pueblo justo una semana antes de que se hiciera realidad. En el sueño, “mi padre comía un bol de macarrones en el porche y no hacía nada. Yo cogía la manguera e intentaba apagar el fuego. Se lo conté a mi hermana. Cuando sucedió, nos asustamos mucho. Nunca lo olvidaré”.

Ana soñaba con personas, conocidas y desconocidas, que se morían. Veía su funeral y a sus familias llorando

Viviendas familiares destruidas o ciudades enteras seriamente dañadas por desastres naturales: Lucrecia, sastra y diseñadora de Lorca, Murcia, recuerda bien la mañana de los famosos terremotos. Estaba en el balcón de su casa en Madrid y pensó: “¿Y si ahora se cayese el balcón?”. Seguramente no era la primera vez, pero justo ese día adquirió otro significado…

El niño no decía nada

Alicia, traductora, soñaba en su infancia una casa abandonada, casi ruinosa. Era de piedra, con enredaderas y dentro estaba llena de polvo y heces de paloma. La puerta del recibidor siempre estaba cerrada, pero ella la abría y en el salón encontraba a un niño. Él la miraba pero nunca hablaba. “Un día, de viaje con mis padres por Galicia, hicimos una parada para estirar las piernas. Nos pusimos a pasear por un caminito y al final apareció la casa”. Le daba mucho miedo pero quiso entrar a pesar de todo. Sus padres se lo impidieron, y hoy sigue intentando localizarla.

El tío de Elisa, ingeniera agrónoma, murió en un desgraciado accidente de madrugada cuando ella tenía unos 10 años. Elisa estaba con sus padres durmiendo en una tienda de campaña en Cazorla. Aunque no había tenido episodios anteriores de sonambulismo, se levantó en mitad de la noche, se vistió y se puso a caminar río abajo. Esto es lo que contestó a su madre cuando le preguntó qué hacía: “He ido a buscar al tito”.

El mundo está lleno de personas, casi siempre mujeres, que parecen tener una sensibilidad mayor de lo habitual para lo que desde la ciencia consideran intuiciones o meras casualidades. Ellas dicen que no es lo mismo y durante algunas épocas de su vida entrevén cosas que parecen confirmarse con el tiempo. Ana nos dice que “soñaba con personas, conocidas y desconocidas, que se morían. Veía su funeral y a sus familias llorando. En uno de esos sueños también estaba mi hermano, que se suicidó tiempo después. Me dio miedo suficiente como para no querer dormirme más”. ¿Jugarretas del cerebro? Puede ser, pero para Ana durante un tiempo “Elm Street era más acogedor”.

El señor del sombrero

Lo mismo le pasaba a Eva hasta que fue adolescente, una sensación “muy muy fuerte que solo ocurría cuando el desenlace era muy negativo, como una muerte. Parecido a las centurias de Nostradamus pero con más información. Sabía que el padre de una amiga iba a morir, que iba a ser en verano, que iba a ser algo traumático y rápido, pero no sabía quién. El padre de una de mis amigas murió atropellado en agosto”. Cosas similares le pasaron varias veces, quizá cerca de diez, y lo peor era tener una sensación tan vívida y no poder hacer nada.

A las cuatro de la mañana escuchó una voz que la llamaba, pensó que era su hermana. “Traté de ignorarla, pero no paraba de insistir y me incorporé”

También ha experimentado presencias terroríficas. La vez que más se asustó fue con el señor del sombrero. Ha descubierto que es una figura repetida en otras muchas historias, pero en el momento no la conocía. Hace diez años, a las cuatro de la mañana escuchó una voz femenina que la llamaba. Dio por hecho que era su hermana. “Traté de ignorarla, pero no paraba de insistir y me incorporé. Lo que había a escasos 40 centímetros no era mi hermana. Era la figura de un hombre con sombrero de ala ancha y rostro alargado. Las facciones no se distinguían, no veía sus ojos, pero me miraba. Era más negro que cualquier otra cosa que hubiera visto. Solo fue una fracción de segundo, pero sabía que llevaba tiempo allí conmigo. Aún hoy no he podido volver a dormir con la luz apagada”.

África, ama de casa y escritora, fue a ver a una médium, solo como acompañante de la madre de su novio, que era muy esotérica y quería preguntar por su hijo. La adivina les dijo que el chico tenía probabilidades de intentar suicidarse. Para África, que conocía bien a su chico, esa profecía resultaba “la cosa más estúpida del mundo”. Años después él desarrolló esquizofrenia y se tiró desde un tercer piso, aunque por suerte no se mató.

A Jorge su padre le dio un susto grande cuando se le paró el corazón en plena calle. “Un simpático vecino le salvó haciéndole el boca a boca”, nos cuenta. “Pasó tres días en coma en la UCI. En otra planta del mismo hospital, J, un amigo de mi infancia al que hacía por lo menos veinte años que no veía, murió a causa de un cáncer. Cuando mi padre despertó, me dijo: “¿A que no sabes quién ha venido a visitarme? Tu amigo J”. Sugestión o no, es fácil imaginarse a J en el mismo sitio que al “tito” de Elisa, ese lugar al que se llega bajando el río.

No mientas nunca

A Consuelo la vida parece darle lecciones que han acabado haciendo que crea en lo paranormal. Como aquella ocasión cuando, para no ir al trabajo, se inventó que su abuela estaba muy enferma. Dijo que tenía que viajar al País Vasco a verla por última vez y le dieron tres días libres. Tras disfrutarlos, volvió a su puesto y esa misma tarde su madre le dio la noticia: la abuela había muerto. Cuando la entrevistamos para preguntarle por experiencias de este tipo nos cuenta que esta misma mañana le ha sucedido algo. Tenía una reunión y para no ir dijo que estaba esperando al fontanero para reparar una avería y que el suelo de su casa estaba encharcado. Horas después, antes de salir a una cita importante, ha oído que algo explotaba en el baño. “Un río de agua empieza a salir a toda velocidad. Y aquí estoy, esperando al fontanero. Ha sido un aviso gordo: tengo que tener mucho cuidado con las mentiras”.

Siendo tantos aviones, hubiéramos escuchado el sonido. ¿Y qué hace una formación de hélice sobrevolando la sierra a esas horas?

A Pepe, diseñador, le ha costado mucho decidirse pero finalmente nos cuenta su encuentro con lo paranormal. “Mi amigo X y yo entramos una noche en el cementerio de un pueblo y no tuvimos mejor idea que robar un cráneo de una tumba. Nos lo llevamos a mi estudio y allí estaba en una columnita en el recibidor. Los dos tuvimos una racha de mala suerte. Su gato saltó por la ventana, yo tuve un accidente de moto… A 100 kilómetros de distancia y sin saber nada de esto, mi madre y mi tía visitaron a un ‘vidente’. Prácticamente lo primero que les dijo fue que yo había cometido un tremendo sacrilegio y que había que ponerle remedio inmediatamente ‘enterrando eso”. Su madre no sabía a qué se refería, y Pepe se hizo el tonto cuando se lo contó, pero salió corriendo a ver a su amigo e hicieron el ritual que les había explicado el vidente. La mala suerte pareció terminar de golpe.

Capítulo aparte merece esta historia de ovnis de Franz, doctorado en historia del derecho y en economía política que trabaja como director de desarrollo de negocio en una empresa norteamericana. Nunca ha creído en nada incompatible con la razón o la ciencia, pero tiene serias dudas de haber vivido un avistamiento extraterrestre. Así lo cuenta: “Estación de esquí de La Pinilla, años 80. Serían las doce o una de la madrugada. Noche despejada de nubes y un grupo de chicos andábamos dando un rulo por las pistas, obviamente cerradas. Miramos al cielo y vemos un nutrido grupo de luces en formación recorriendo el cielo en completo silencio. Un señor que paseaba con su hijo también lo vio. Fuimos corriendo al bar donde estaban nuestros padres a pedirles que salieran a verlo. Su explicación: aviones. ¿Pero no suenan los motores?”. Podían ser de hélice, que son más silenciosos. Pero los aviones de hélice vuelan bajo, deberían oírse igual. “Siendo tantos, hubiéramos escuchado el sonido. Y sobre todo, ¿qué hace una formación de aviones de hélice sobrevolando la sierra a esas horas, conmemorar el aniversario del Barón Rojo? Ahí lo dejo”.

Y nosotros también, porque empieza a hacer un frío extraño en la redacción..

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